HACE UNA DECADA: NIEVE EN ARGENTINA

Para generaciones enteras de argentinos, fenómenos trágicos o cataclismos como guerras continentales, volcanes, terremotos, tsunamis y hasta tormentas de nieve o arena, son más que improbables o inexistentes a lo largo de sus vidas. Pueden no serlo para europeos, para americanos del norte, incluso para latinoamericanos como los vecinos chilenos y peruanos, pero no para los argentinos.

Clima templado en la mayor parte del territorio nacional, geografía de llanura, recorrida por ríos, lagos y lagunas, bordes costeros de mares, sólo las zonas montañosas, lindantes al oeste con Chile o o al norte con Bolivia, es decir, sólo los habitantes del norte, oeste y sur del país, pueden sufrir algunos de aquellos fenómenos climáticos o geológicos., aunque tampoco con la misma intensidad o duración.

Por eso, y en el marco de un cambio climático innegable, aún cuando sean discutibles las causas. sorprendió sobremanera la nevada sobre buena parte del territorio argentino, incluyendo la llanura, el día lunes 9 de julio de 2007, hace exactamente una década.

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JUNIO: UN MES SIEMPRE ESPECIAL PARA LOS ARGENTINOS

El sexto mes del año tiene un significado particular para los argentinos. no porque sea el de su independencia, que es en cada julio o el de su tan especial “revolución” que no lo fue, en cada mayo. En cambio, junio es el mes de su Bandera celeste y blanca, la misma del color del cielo, aunque no porque haya sido izada en algún  junio del siglo XIX, si no, en honor a su creador, Manuel Belgrano. Este fue un versátil político, abogado y militar, quien murió un día 20, de este mes, pero del año 1820, en una jornada muy especial, donde llegaron a coexistir tres gobernadores en la región más importante del país, que se acababa de independizar de España pero que ya empezaba a mostrar un desorden crónico.

No obstante, junio también es un mes de Mundiales de fútbol, cada cuatro años, y desde 1974, ininterrumpidamente, casi como si fuera una liturgia más importante que la católica, los argentinos se ubican en las pantallas de sus televisores y ven los partidos de su Selección clasificada a los 11 que han habido en diferentes países del mundo desde aquél año. También cientos de miles, los que pueden, por sus ingresos económicos, suelen viajar a las diferentes sedes de cada Mundial, en cualquiera de los continentes donde se haya jugado. Es que en 4 (cuatro) de esos 11 (once) torneos ecuménicos, Argentina fue protagonista especial: ganó en 2 (1978 en su casa y 1986 en México) y fue subcampeona en otros 2 (1990 en Italia y 2014 en Brasil).

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DURAN BARBA: UN GURU DE LA POLITICA POSTHUMANA

Es ecuatoriano pero no creo que coincida con la “Revolución Ciudadana” del ex Presidente de su país, Rafael Correa. Fue alumno del filósofo y teólogo mendocino -naturalizado mexicano- Enrique Domingo Dussel Ambrosini, en la Universidad Nacional de Cuyo, pero tampoco creo que éste, gran teórico del neoindigenismo latinoamericano, fundamento del llamado “giro a la izquierda” que empezó en 1998 con el militar venezolano Hugo Chávez Frías. Se formó profesionalmente en la Fundación Bariloche aprendiendo del recientemente extinto sociólogo Manuel Mora y Araujo, quien lo admiraba por su minuciosidad y detallismo en el estudio de la opinión pública, vía encuestas y “focus groups” diarios, pero tampoco creo que Mora hoy si viviese, admitiese algunas de sus conclusiones que defiende con firmeza. Durán Barba ya no es el mismo “ancianito de 18 años”, que creía en “la marcha peronista”, en el liderazgo de Perón o la “Revolución Cubana”.

Por ejemplo, Durán Barba cree que no hay verdades en esta sociedad líquida y postmoderna, pero que se puede estudiar exhaustivamente la opinión pública para detectar qué piensa, qué siente y qué vota. Tampoco cree en el llamado “círculo rojo”, es decir, lo que piensan, sienten y expresan los políticos, los intelectuales, los periodistas, los empresarios, los sindicalistas, de decir, todos los viven politizados o interesados en la política: no más del 20 % de la población. El se interesa por el restante 80 %, aquellos que son decisivos pero que muestran ningún conocimiento o absoluta apatía por la política. Para saber su comportamiento, se obsesiona con estudiar sus actitudes, sus creencias y sus interpretaciones respecto a la comunicación verbal y no verbal de los políticos. Finalmente, en este mundo posthumano, tal como lo describía el neohegeliano Fukuyama, a fines de los ochenta, las ideologías han muerto porque la revolución tecnológica nos conduce inexorablemente a la robótica y a la inmortalidad en el 2080. En este contexto, destaca el liderazgo “de la nueva época” de los Macri, Macron y, Trudeau  versus el sesgo un tanto primitivo de Trump, aunque también, como aquellos, sustentado en el poder de las redes sociales.

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ANDRES PERCIVALE: OTRO PERIODISMO

En algún momento de mi vida, cuando estaba en cuarto año del secundario, en el Colegio Sagrado Corazón de Rosario, dudé acerca de seguir la carrera de Periodismo en la UNLP. Una experiencia como pasante en febrero de 1982, en el desaparecido Diario “La Tribuna” en Rosario, me terminó por desalentar pero me parece oportuno recordar las razones por las que me había entusiasmado durante mi adolescencia por dicha carrera.

Desde pequeño, había crecido viendo en la televisión, las notas periodísticas de un joven, un tal Andrés Percivale en Canal 13, como corresponsal de guerra en la guerra de Vietnam. Varios años más tarde, conduciría el noticiero del mismo canal. Tanto Percivale como su compañera de viajes, Mónica Mihanovich (luego Cahen D´Anvers), con su exitoso programa nocturno, llamado “Mónica Presenta”, recorriendo el mundo, me inspiraban al ver cronistas que hablaban un perfecto inglés y hasta el idioma francés, permitiéndonos conocer otras realidades e historias de vida. Desde este rincón tan lejano del mundo, periodistas de semejante talla podían influir sobre mi cabeza inquieta y voladora, así como seguramente el de muchos más. En ellos, había audacia pero sobre todo, una enorme riqueza de contenido cultural.

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TRIBUTO A MANUEL MORA Y ARAUJO

Tal vez, la respete a la Sociología -la disciplina que eligió estudiar mi hija-, gracias a Alexis de Tocqueville y a dos argentinos, José Luis de Imaz y Manuel Mora y Araujo. Pero de éste, que nos acaba de dejar a sus 79 años de vida, rescato otras virtudes y creencias que me legó apenas lo conocí en los años ochenta, más exactamente en 1984, cuando vino por primera vez a Rosario, traído por la Fundación Libertad. He aquí el detalle.

En los años sesenta, Mora y Araujo, quien se desempeñaba en la Fundación Bariloche, era un sociólogo marxista, que creía en la teoría de la dependencia de Cardoso y Faletto pero cuando viajó a Inglaterra junto a los historiadores Ezequiel Gallo y Oscar Cornblit, su mirada intelectual cambió rotundamente. Allí, en Sussex, conoció al genial epistemólogo austríaco Karl Popper y también a Friedrich Von Hayek y eso llevó a los tres a modificar sus miradas históricas y sociológicas de manera completa.

Cuando retornó a la Argentina, le tocó explicar en un brillante artículo publicado en la Revista “Desarrollo Económico” del IDES de 1982, por qué nuestro país era un “modelo” de anormalidad de postguerra: el famoso ciclo político argentino de más de 5 décadas, donde los civiles fracasaban pero también lo hacían los militares, a diferencia de otros casos postautoritarios exitosos como Corea del Sur, Taiwan y Chile. El “fracaso” era una sociedad improductiva, con una inflación alta y crónica y una inestabilidad política estructural, donde la típica explicación del antagonismo peronismo-antiperonismo ya no tenía validez, tampoco la responsabilidad exclusiva del llamado populismo (versus los militars supuestamente proliberales y oligárquicos) pero menos la poseían otras miradas, como la propia de Mora en su juventud, es decir, la dependencia de terceras potencias. La variable institucional era “la madre de todas las explicaciones” según Mora, apoyándose nada más ni nada menos, que en la sabiduría de la Ilustración Escocesa, que todavía hoy el 90 % de la intelectualidad social argentina ignora que existe.

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MUSEO JUAN MANUEL FANGIO EN BALCARCE (ARGENTINA)

Me quedé sorprendido cuando a fines de febrero de este año, sobre el final de la temporada estival, visitamos con mi novia Ekaterina, el Museo del Automóvil Juan Manuel Fangio en la pintoresca ciudad de Balcarce, “capital nacional de la papa”, en pleno corazón de la Pampa Húmeda bonaerense, a cuarenta minutos de Mar del Plata. No esperaba ver la magnitud de la exposición de tantos autos de variada gama y antigüedad pero tampoco, el buen cuidado de las instalaciones y las máquinas.

En Balcarce, nació Juan Manuel Fangio, el ex mecánico y piloto pentacampeón de Fórmula 1 (F1), por lo que, en vida, se dedicó a dejarle como legado a su ciudad, semejante valioso patrimonio histórico. La misma ciudad, que lo cobijó y en la que está enterrado, tras su muerte, a los 84 años de edad, el 17 de julio de 1995. Su Museo se empezó a planear en 1979 y se inauguró el 22 de noviembre de 1986, cuando recibió la visita de otros grandes ex pilotos colegas de Fangio, como Luigi Villoresi, Phil Hill, Jack Brabham, Maurice Trintignant, entre otros.

Aquí les presento algunas de las numerosas fotos que tomamos al interior del Museo.

El ingreso.

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COCINA RUSA (II): ENSALADA OLIVIER

En Argentina y no pocas regiones latinoamericanas, incluso las que no poseen diásporas rusas, como sí tiene nuestro país, se suele cocinar y comer la llamada “ensalada rusa”. Sin embargo, hay que reafirmar que ella no es tal, o, al menos, no es la original proveniente del gigantesco país eslavo.

En efecto, fue un cocinero ruso de origen franco-belga, Lucien Olivier (1838-1883), a quien puede considerarse como “el padre de la ensalada rusa”. Junto a un socio ruso, Yakov Pegov, abrió el restaurante “Hermitage” en pleno centro de Moscú, en 1864. Dedicado a la alta cocina francesa y con una decoración y servicio de lujo, el Hermitage se tornó famoso en el contexto de aristocracia moscovita. Allí, Olivier solía servir una ensalada hecha con carne cocida de pollo, perdiz o venado alternadas con capas de caviar, alcaparras y caldo en gelatina. Alrededor, llevaba colas de cangrejo y lengua de ternera, además de papas cocidas, huevos duros y pepinos, todo ello coronado por una mayonesa aderezada con mostaza y especias.

Al parecer, los clientes solían mezclarlo todo junto en el plato y el cocinero decidió servir la ensalada de ese modo, picada en trozos pequeños y con más salsa. Olivier se encerraba en un espacio especial de la cocina y nadie más tenía acceso cuando preparaba su ensalada. Se llevó el misterio de la receta -al menos, de una gran parte de ella- a la tumba porque falleció en 1883 y el restaurante se cerró en 1905.

De este modo, se hizo célebre tal comida en Rusia -sobre todo, incluso después que el propio Zar Alejandro II fue al Hermitage a probarla-, bajo el nombre popular de  “Ensalada Olivier” o en ruso, “Салат Оливье”.

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LA CORDOBA QUE RECIBE AL RALLY

Año a año, durante abril-mayo, la ciudad de Córdoba, más conocida como “La Docta”, la segunda ciudad en población (1,4 millones de habitantes), la más extensa en superficie e importante polo cultural y económico de la Argentina, recibe al Rally internacional. Esta urbe fundada en 1573, por el Adelantado español, oriundo de Sevilla, Don Jerónimo Luis de Cabrera, recibe el Campeonato Mundial de Rally (WRC), desde 1984 -con la excepción de 1992, que se corrió en Tucumán- y ese hecho es uno de sus grandes atractivos turísticos para turistas de la propia ciudad y Provincia, de regiones vecinas e incluso extranjeros.

He aquí algunas fotos de los preparativos que me tocó captar en la tarde otoñal del pasado miércoles 26 de abril.

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FRANCIS MALLMANN: UN “FRANCES” DE LA COCINA ARGENTINA

Existe “la cuisine française“, “la cucina italiana“, la cocina española,la comida árabe, cada país de Europa, Asia y América Latina también tienen la suya, pero respecto a la Argentina? Existe algo así como “la cocina argentina”? Pregunto esto precisamente por el crisol de razas que supone este país, habitado por tantos descendientes inmigrantes, no sólo italianos y españoles, sino judíos, musulmanes, irlandeses, galeses, croatas, rusos, ucranianos, suizos, alemanes, etc., por lo cual, es razonable pensar en que no existe tal autenticidad nacional, sino “muchas cocinas argentinas”, de acuerdo a cada comunidad de origen.

Sí han existido y existen demasiados cocineros o chefs argentinos de notoriedad, mujeres y cada vez más hombres, en todos los rubros: comida salada, dulce, mix, repostería, etc. La pionera, la santiagueña Petrona Carrizo de Gandulfo en los años sesenta y luego, el “Gato” Dumas, Blanca Cotta, la malograda Marta Ballina, “Maru” Botana, el esperancino y descendiente de suizos Osvaldo Gross, Narda Lepes, Dolli Irigoyen, Ariel Rodríguez, el descendiente de nipones Alejandro Komiyama y el personaje al que quiero homenajear hoy, un argentino de apellido y descendencia francesa, Francisco José Mallmann, alias Francis Mallmann: un vanguardista en “la cocina de los fuegos”, mezcla de cocinas nativas, gauchas y europeas.

Además de haber sido padre de cinco hijos, profesor de esquí, escritor de libros y pescador, la originalidad de Mallmann, a diferencia de todos los demás, es que habiendo sido él mismo, hijo de un físico del Instituto Balseiro en Bariloche (Río Negro) y aprendido cocina francesa en París en los años ochenta, cambió permantemente en su profesión de chef hasta dedicarse a su mayor innovación, en tiempos recientes.

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TREINTA AÑOS DESPUES: “FELICES PASCUAS, LA CASA ESTA EN ORDEN”

Viví el levantamiento de los “carapintadas” -ex grupos de elites militares que combatieron en la Guerra de Malvinas- como estudiante universitario de Ciencia Política, en la Universidad Nacional de Rosario (UNR). En un contexto de bloqueo de las viejas presiones y extorsiones corporativas de los militares argentinos que dejaron el poder en 1982, gracias a una guerra perdida en las Islas Malvinas, el primer gobierno de la reinauguración democrática del Presidente electo Raúl Alfonsín, previa reforma del fuero militar, pudo castigar a través de tribunales federales, en juicio histórico oral y público, a los miembros de las Juntas Militares desde 1976. A intelectuales, periodistas y escritores, les encargó un informe pormenorizado sobre las violaciones a los derechos humanos, por parte del Estado autoritario y producto de ese minucioso trabajo, nació el “Nunca Más”. Ambas iniciativas en el marco de una verdadera política de Estado, con un amplio consenso del cual se apartó inicialmente el peronismo, provocaron la reacción de sectores nacionalistas y oficiales subalternos del Ejército, quienes llevaron adelante una rebelión militar casi golpista en la Semana Santa de 1987.

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