A LA CONQUISTA DE SIBERIA

Es cierto, como suele afirmar mi amigo Mariano Caucino, que los rusos no tuvieron la misma evolución histórica que «Occidente» y eso ya los diferencia notoriamente de anglosajones y europeos continentales, algo poco comprendido hoy en Bruselas, Berlín y París. Al atravesar una larga Edad Media, hasta desembocar en la modernidad, sólo de la mano, paradójicamente, de la Revolución Bolchevique -recién a inicios del siglo XX-, los rusos se perdieron procesos de la envergadura, nada más ni nada menos, que como el humanismo postmedieval, la Imprenta, la Reforma Protestante, el capitalismo y la Revolución Industrial. Todo ello en términos comparativos con Europa, pero qué puede decirse de otros pueblos que no son europeos pero que sí son vecinos históricamente bastante hostiles para los rusos? Me refiero específicamente a los asiáticos, como los turcos, los mongoles, los tártaros y por qué no, los chinos. Tanto en la historia de la Rusia zarista como en la soviética y también en la actual, postsoviética, todos ellos están coexistiendo, formando parte de Rusia o siendo vecinos y hasta socios de Rusia. Para ellos, que estaban más atrasados que Rusia aún, ésta era en sí misma, un tipo de «modernidad» a la que había que desalojar de sus territorios.

Parte de esa historia es reflejada por la película «La conquista de Siberia», film ruso estrenado en 2019, antes de la pandemia de Covid-19. Hay muchísima filmografía referida a la «Conquista del Oeste», en el archirrival de Rusia, que son los Estados Unidos, de hecho Hollywood se ha dedicado fehacientemente a «construir» toda una épica individualista de los pioneros (civiles), incluyendo los ambiciosos buscadores de  pepitas de oro pero acerca de Rusia, si bien hay algunas novelas dedicadas a la ocupación rusa de la Siberia (o «Lejano Este» o en ruso, «Сибирь«), no existe mucho «relato» cinemtaográfico. Por ello, me satisfizo ver aquélla película rescatando la decisión zarista de Pedro El Grande de enviar un ejército leal a ocupar aquellas tierras en 1708, más allá de la circunstancia coyuntural de un gobernador que pretende manipularlo, un ex oficial sueco prisionero y resentido por la derrota en la Gran Guerra del Norte (1700-1721) y una historia de amor que no podía faltar en el guión ruso.

La película nos obliga a indagar acerca de Tobolsk, el primer y único gran kremlin que tenía Siberia allá por inicios del siglo XVIII, pero sobre todo, a pensar el tipo de colonización que hizo Rusia en aquella vasta región del mundo, inhóspita, donde prevalece la estepa, un clima tremendo con temperaturas frías máximas aunque también cálidas y bellísimos paisajes. Los rusos ocuparon aquellos territorios lejanos, nada europeos, llevando prisioneros de sus guerras, como los propios suecos, la herocidad y fe ortodoxa de sus hombres y mucho amor a la «Madre Rusia», luchando incluso contra la venalidad y corrupción de sus gobernadores locales. A diferencia del caso norteamericano, no era fácil extender la burocracia central a lugares tan extensos, tan enormes y rodeados de enemigos.

Ojalá esta historia entusiasme a los interesados en la Rusia monárquica y Siberia sea más conocida que por su famoso Tren Transiberiano que atrae a tantos turistas año a año o por las matanzas de Stalin y la ex URSS. De paso, se van deconstruyendo mitos, como la tendencia natural occidentalista de rotular a los rusos como «salvajes» o de considerar a tan lejanas tierras, como verdaderos «infiernos». La película citada revela cómo los rusos buscaron «integrar» siempre incluso a las tribus más hostiles y la defensa de las fronteras más alejadas como si fueran los hogares propios. Es que buena parte de la historia rusa, mal que le pese a muchos occidentales que no la quieren comprender, se escribe con gloria y fe cristiana, más que con ambición. 

ENTREVISTAS EN RT (EN ESPAÑOL): LA GUERRA ESCALA

«Occidente» ya no es lo que era. Dejo constancia aquí, día lunes 24 de noviembre de 2022, un mes y medio después del video reproduciendo el reportaje de RT En Español, que aquí debiera aparecer, que he sido objeto de la censura de You Tube.  

El reportaje trataba sobre la propuesta de paz de Elon Musk para Ucrania.

SOBRE EL ATENTADO EN EL PUENTE DE CRIMEA

REPORTAJE EN TELESCOPIO DE SPUTNIK

«MATCH POINT»

El tenis es como la vida. Cada partido, que puede durar 40 minutos, una, seis u 11 horas, tiene fases, los llamados «games», que son prácticamente subpartidos en sí mismos, con sus puntos definitorios, viviéndolos cada tenista como si estuviera al borde de la cornisa. La vida también parece tener sus etapas bastante bien definidas, las que van marcando el derrotero de cada uno de quienes habitamos este planeta y en ellas hay mayor o menor energía vital, la cual seguramente va mermando a medida que nos acercamos al final.

Esa conclusión del partido y la vida, puede demorarse más o menos, pero en cualquier caso, uno no quiere llegar a esa instancia o, al menos, si acepta que llegue, trata de que sea lo mejor posible, en condiciones de ganar el match con cierta holgura o arribando saludablemente al último minuto de este tránsito terrenal.

Hablando del mismo, igual que en el tenis, se camina por la vida, tomando decisiones, con un mix de pasiones y razones, todo el tiempo: planteo de estrategias, ser más atrevido o más dubitativo, considerar al rival o el contexto, autorreflexionar sobre nuestra evolución, asumir con determinación y actitud el obstáculo que tengamos enfrente, aceptar pero intentar salir de los bajones, depresiones o «lagunas mentales» a las que nos somete el juego, en fin, un cúmulo de vicisitudes a las que deberemos enfrentar y hasta desafiar. En el «deporte blanco» como en la vida, uno convive y lidia con los demás, pero sobre todo, consigo mismo. Así como se deja guiar, envolver o traicionar por los aplausos. Los más espartanos tratarán de ignorarlos y los más carismáticos (u oportunistas) los aprovecharán a su favor.

Semejantes dudas, inquietudes y hasta dilemas de definición habrá recorrido Roger Federer, con 41 años de edad, a lo largo de sus más de 1.500 partidos y más de 24 años de carrera tenística profesional, que acaba de culminar esta semana. Nos ha emocionado a todos en el mundo, incluyendo a sus archirrivales, Djokovic y Nadal, que lo extrañarán aún deduciendo que sus respectivos retiros también se hallan más próximos. Ese sustantivo que en singular, es horrible por donde se lo mire: asumir que ya nada será como antes, que el ciclo vital y la energía se han agotado o ya no son los mismos, por lo que es preferible abandonar y no ser humillado, que habrá que buscar otros horizontes, otras alternativas, otras formas de vivir porque lo que se daba, ya no se dará.

Si es una forma de morir, es debatible hasta el infinito, pero sin duda, se trata de otro tipo de partido, durísimo para sobrellevar. Por eso, el mensaje de Federer a su esposa ex tenista, también es comprensible: «estoy feliz, no estoy triste», es la ratificación de un momento amargo para él, porque se trata del más sencillo reconocimiento de que ese final no es el deseado, aunque uno se resigna a aceptarlo.

Todos los que amamos este deporte, nunca olvidaremos el gran legado del helvético, su hombría de bien, noble sentido de la competencia, su esmero profesional pero sobre todo, su devoción por el tenis. Ojalá su ejemplo inspire a sucesivas generaciones para que lo sigan practicando y aprendan a quererlo tanto o más que él.

COMO EN LOS OCHENTA

En tiempos recientes, hay una tendencia a repetir alguos ritmos musicales típicos de los años ochenta. De la mano de algunos DJs audaces pero también y sobre todo, cantantes solistas o bandas, que intentan quebrar la monotonía hegemónica del reggaeton o el pop insípido de los últimos años.

Es una bocanada de aire fresco la que tratan de hacer resurgir, por supuesto, con sus propios tonos y virtudes, artistas de la talla del excéntrico canadiense Abel Makkonen Tesfaye, líder de The Weeknd y tal vez, con una menor exposición mediática, Purple Disco Machine, el nombre que adoptó el DJ alemán Tino Piontek (o «Tino Schmidt»), para asemejarse a una banda.

Tesfaye reconoce como sus influencias ochentosas a David Bowie, Prince, Michael Jackson y Talking Heads entre otras. Aunque debutó hace más de una década, «Blinding Lights«, estrenada en 2019 pero aún opacada por la pandemia de Covid-19, no dejó de sonar en las principales FM del mundo, incluyendo mi propia cuarentena en CABA, en mayo de 2020. La canción es la más importante en la historia de la Revista Billboard, permanenciendo más de 100 semanas en el top 100 de dicho ranking. «Save your tears«, «Take my breath« y «Starboy« son otras canciones valoradas en los sucesivos charts del orbe.

En el caso del alemán, se trata de una biografía muy particular que ayuda a comprender el contexto histórico que le tocó vivir. Criado en la vieja Alemania del Este, o sea la RDA comunista, su padre le hizo conocer la música occidental, sobre todo, géneros como el disco, el pop y el rock de manera clandestina, lo más lejos posible de los controles de la omnipotente Stasi. Luego, ya caída la URSS y en un primer viaje a Münich (la ex RFA), el joven Tino conoció «el paraíso del vinilo» -el mismo que estaba prohibido en su país de origen- y a partir de allí, se dedicó a reforzar sus conocimientos musicales pero abrevando siempre en sus tempranas inclinaciones artísticas. Hace una década este DJ germano empezó su meteórica carrera profesional musical pero recién cosecharía éxitos como «Hypnotized« en 2020, «Dopamine» -con un excelente video ochentoso- en 2021  y el furor de «In the dark«, con Sophie and The Giants, este año.

Celebro pues este deseo de recuperar épocas musicales creativas y llenas de vitalidad artística, como las de hace 4 décadas atrás. Al menos, las nuevas generaciones podrán conocer y por qué no, disfrutar, de la afinidad de aquellos ritmos.

LOS QUE SE NOS VAN

Ayer, viernes 19 de agosto, hubiera cumplido años Sandro, el gran cantante argentino de origen gitano, con una voz inigualable que tuviera canciones exitosas y películas taquilleras en la década del ’70. Pero en la misma jornada, también murió Oscar Bergesio, gran periodista santafesino, comentarista de fútbol, con quien también desde los ’70 hasta los ’90, incluso más cerca en el tiempo, hasta su retiro en julio de 2019, me entretuviera cada tarde o noche de radio en la universitaria LT10, estando yo en Santa Fe o aquí en Córdoba.

Sandro y Bergesio no tienen nada en común, excepto que fueron contemporáneos, pero sí poseen sus vidas, un magnetismo especial en la mía misma, porque cubren etapas de ella que fueron particularmente singulares, como mi niñez y adolescencia, tiempos de TV en blanco y negro, tocadiscos y transistores.

Como también adquieren un especial significado, otros protagonistas de la pantalla chica de aquellos años, que también nos dejaran recientemente: el actor Rodolfo Bebán hace una semana,  además del conductor Norberto Palese (alias «Cacho Fontana») y su ex esposa, la ex modelo Liliana Caldini, a inicios de julio, con apenas dos días de diferencia.

Bebán fue protagonista de películas históricas como «Juan Manuel de Rosas» (1972), «Juan Moreira» (1973) y las tiras televisivas «Malevo» (1972) y «El precio del poder» (1992-1993), que tuvieron elevados niveles de taquilla y rating, respectivamente. Mientras tanto, Fontana, tristemente recordado por su programa ómnibus de 24 horas junto a Pinky en 1982, recaudando fondos -que no llegaron o sólo parcialmente- para los soldados de la guerra de Malvinas, tuvo dos grandes participaciones que yo nunca olvidaré: la conducción del programa de preguntas y respuestas «Odol Pregunta» que catapultara a la fama, por ejemplo, al entonces niño Carlos María Domínguez y «Videoshow» (1977) donde estrenaría la llamada «máquina de mirar», o sea, la videocassetera, que revolucionaría la era de la TV a nivel nacional, ambos episodios en los ’70.

Cuando ocurre esta seguidilla de pérdidas, similares a otras de hace unos años, siento que una parte importante de mi vida se va con ellas, pero al mismo tiempo, me transmiten la energía necesaria para recordarlos a todos con alegría y renovarla para continuar hasta el final de mis días.

«LUI»

La crisis de los ’40, los ’50 o los ’60 o, simplemente, los devaneos y contradicciones de un adulto casado -o en tren de separación con amante incluida-, padre de dos niños, haciendo un balance de su vida, donde abundan los reproches a su ex, amante de su ex, sus padres, sus hijos, mejores amigos, etc. etc. etc., pero sobre todo, a sí mismo. En el medio, la excusa de su necesidad de inspiración musical -es compositor- y por lo tanto, la opción de irse a vivir a una isla de Bretaña, en el Atlántico francés.

Buenos diálogos, mucha autorreflexividad, un tanto oscura la fotografía, aunque acordes con la cabeza neblinosa del protagonista y un buen reparto para esta película francesa donde grandes actores como Mathieu Kassowitz y Nathalie Baye aparecen como secundarios. Dirigida y superprotagonizada por Guillaume Canet, la sugiero aunque no de manera ultra entusiasta, sino más bien para quienes se sientan identificados/as con la trama.

«MESTEREN»

No todo es lo que parece en esta película estrenada en 2017, por el cine danés, que como Uds. saben, me fascina por la madurez y también creatividad, de sus guiones.

Puede ser una película sobre la típica rivalidad entre un padre y un hijo varón, sobre todo, si el primero es célebre y exitoso en su arte y haya dejado a su madre por una más joven, pero tan pronto, como se va desenvolviendo la trama, se descubrirá que los conflictos irán evolucionando hacia un desenlace imprevisto, no muy acorde con lo que esperábamos al inicio.

En el contexto de competencias intergeneracionales atizadas por las nuevas tecnologías, los detalles de este buen film de Charlotte Sieling -la directora de la afamada serie «Borgen»– no pueden desdeñarse y mantendrán en vilo al espectador hasta el último minuto.

Altamente recomendable.

KALININGRADO Y EL SUICIDIO EUROPEO

Hace unas semanas, Lituania decidió unilateralmente el cierre del transporte ferroviario de mercaderías a Kaliningrado, el enclave ruso ubicado sobre el Mar Báltico. Lo hizo tal vez para sobreactuar su castigo a la supuestamente agresora Rusia, por «la operación militar especial» iniciada el 24 de febrero pasado sobre territorio ucraniano. Ayer, la Comisión Europea se desligó de la medida lituana, afirmando que hará todo lo posible porque Vilna levante la medida. La decisión de Bruselas quizás represente más que nunca, la incomodidad creciente de los países líderes de la Unión Europea (Alemania y Francia), por plegarse tan acríticamente a los caprichos geopolíticos norteamericanos, despegándose así de los planteos de los Estados más rusofóbicos, es decir, los tres Bálticos y Polonia.
Es que Europa se está «disparando en los pies». La UE, como «potencia civil» -diría Alberto Hutschenreuter- se ha opacado en favor de la supervivencia securitaria de una OTAN que hasta hace 2 años atrás, reconocido por el propio Macron, estaba «muerta de parálisis cerebral».
Por ejemplo, como bien señala el joven César Sabas Fuentes en su Facebook, hablando en términos geocomerciales, Rusia, el proveedor histórico y seguro de energía barata para los europeos, aceptaba pagos en euros. En cambio, ahora, producto de las sanciones y el hostigamiento irracional de Estados Unidos, que tampoco puede asegurar el gas licuado en cantidad y tiempo, Europa tiene que comprar en dólares -y caro-. Primero, porque se ve obligada a triangular para esquivar las mismas sanciones que ella impuso a Moscú, por ejemplo, comprándole energía a India o Turquía. Segundo, porque los pagos a Rusia siguen siendo en rublos y desde ayer, el euro no sólo equiparó al dólar sino que hasta descendió un escalón más abajo de la moneda americana, por lo que la economía europea hoy es más vulnerable que nunca.
Por lo tanto, asoma oscuro el futuro mediato para el Viejo Continente, que políticamente en pleno verano, empieza también a vislumbrar inestabilidad política -ya cayeron 3 gobiernos (Gran Bretaña, Estonia y Bulgaria) más uno (Francia), donde Macron perdió la mayoría parlamentaria, aunque resiste que le cambien a su Primera Ministra (Elisabeth Borne). Más oscuro parece el panorama cuando se observa el regreso de la inflación tras 4 décadas, por ejemplo, en España, la mensual más elevada desde 1985.
Todo lo cual sumado a la perspectiva de un otoño y un invierno crudo, sin abastecimiento normal de gas (y calefacción), en el -tal vez- peor contexto de las últimas seis décadas, que podría caldear los ánimos de la población del Viejo Mundo, ya sumida en desesperanza y desasosiego desde la pandemia de Covid-19. Llegará el día en que los líderes europeos, sopesarán este elevado costo que había que pagar a raíz de Ucrania? No será hora de sentarse a negociar finalmente con Rusia? O esperarán a que las elecciones de noviembre en Estados Unidos, terminen de «sepultar» a Biden y los «halcones» del Partido Demócrata?

G7 VERSUS G5?

Había una vez, un orden mundial donde, tras el fin de uno bipolar y estable basado en la amenaza de apretar el botón nuclear, se intentó estructurar un acuerdo de potencias diversas mutuamente interrelacionadas. Al ceder algunas de ellas a la voluntad de una, ese orden se resquebrajó generando uno alternativo, que lo desafía, aunque no sabemos bajo qué parámetros. Ignoramos el desenlace pero es probable que estemos transitando dicha secuencia. Precisamente, habiendo estado hace un par de meses, en el lugar donde se dirime «el gran tablero mundial», es decir, Eurasia, me voy autoconvenciendo de que ya está gestando ese «otro mundo» a pasos agigantados.
Foreign Affairs publica hoy un artículo de Ivo Daalder y Michael Lindsay sobre la última posibilidad de que el G-7 -ya sin Rusia, en el formato ad hoc que antes la incluía como un octavo integrante-, pueda «construir un mundo mejor». Me atrevería a decir que esa alternativa es improbable porque el G-7 ya no es lo que era, en parte por los errores de sus miembros, en parte por la voluntad de los que no están integrados allí.
Repasemos. En términos coyunturales, en función de la guerra de Ucrania, la relación ruso-europea está irremediablemente rota y tardará en recomponerse, por la obsecuencia de la UE en seguir los caprichos geopolíticos de Estados Unidos. China ha ganado liderazgo y poder y de ninguna manera, cederá en favor de quienes ha estado superando. Otros actores estatales emergentes como Turquía e India se atreven a desafiar medidas que el bloque occidentalista ha impuesto, sin acuerdos previos. En términos estructurales, la demografía y el comercio mundial han empequeñecido el mundo del G-7.
Al mismo tiempo, ha aumentado la dimensión de «otro mundo» al que desde 2013 no se le ha prestado suficiente atención, pero hoy, ha acelerado su presencia. Se trata del BRICS, el bloque que forman Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, su último integrante.
El BRICS representa el 43% de la población mundial y el 27% de la superficie terrestre del planeta; si se le suma Iberoamérica, juntos representan el 48% de la humanidad y un tercio de la superficie terrestre del globo.
En la Cumbre de estos últimos días y sus numerosas reuniones relacionadas, bilaterales y multilaterales, esa mitad de la humanidad adoptó un proyecto que se basa en el rechazo al actual sistema de casino financiero y lo reemplaza por uno que proporciona crédito para proyectos de desarrollo con alta tecnología; en educar y entrenar a la juventud para que haga frente a los crecientes retos del futuro; en el pleno respeto a la soberanía nacional, proscribiendo la política imperial de cambios de régimen y guerras; y en la promoción explícita del interés común entre las naciones.
«La historia nos dice que la ley de la selva no es el camino de la coexistencia humana», subrayó el Presidente chino Xi Jinping. «Toda nación debería obedecer el principio de igualdad, confianza mutua, aprendizaje de los demás, cooperación y búsqueda de beneficios colectivos… para la construcción de un mundo armónico, sustentado en la paz y la prosperidad colectiva», añadió en la Cumbre citada.
El BRICS y sus aliados están construyendo un sistema mundial basado en valor real, no en valores de papel falsos. Las naciones del BRICS están decidiendo qué es el valor real, y lo están imponiendo, que consiste en el costo de los poderes productivos del trabajo en una situación cambiante. Las mismas sanciones que «Occidente» impuso sobre Rusia ahora mismo, provocan un efecto «boomerang» sobre el valor del dólar y el rublo. Moscú se desdolariza, fortalece su propia moneda y exporta oro a terceros.
El problema subyacente con el que nos tenemos que enfrentar hoy, es la «asimetría del valor en el mundo», que viene de dos sistemas distintos que operan con una lógica y una métrica diferentes y que son totalmente incompatibles.
De un lado, está el sistema transatlántico. Del otro, tenemos un sistema emergente, incompatible con el primero, que está construyendo un mercado basado en valor real. El valor real proviene y se mide por el desarrollo de los poderes productivos del trabajo, es decir, mediante la introducción de nuevas tecnologías creadas científicamente, poniendo en marcha procesos productivos que incrementan la densidad de flujo energético a través de la economía física de tal modo que se incrementen inmensamente los poderes productivos del trabajo. Ese nuevo sistema creará un proceso mediante el cual el incremento de la densidad de flujo energético se incrementará a sí misma a una tasa que se va acelerando.
Este rol del progreso tecnológico y avance científico es lo que la especie humana hace de manera única. Tal creatividad es realmente la fuente de valor en una economía y es el camino en el cual nuestra acción para crear el futuro define el valor presente.
Sin duda, el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB) y el Acuerdo de Reservas de Contingencia (ARC) son la base de una arquitectura financiera internacional totalmente nueva, aunque aguarda una gran batalla política para que esta política entre en vigor, por encima de las violentas objeciones de la City de Londres y Wall Street, incluyendo sus agentes en algunos de los países del BRICS. El documento de fundación del NBD con cautela se adhiere a la idea de que el NBD y el ARC sólo se destinan a «complementar» a instituciones existentes como el FMI; pero los principios sobre los cuales se fundaron no sólo contradicen a los del FMI, sino que son mutuamente excluyentes.
Más significativo: el NBD se orienta claramente a prestar dinero para desarrollo real, sin las odiadas condiciones de austeridad y políticas ecologistas asociadas con el FMI y el Banco Mundial. Por ejemplo, la declaración conjunta CELAC-China contiene una divergencia radical con las condiciones del FMI y el BM, y llama «a hacer buen uso de los préstamos en condiciones favorables garantizados por China, de acuerdo con las necesidades y prioridades de los países receptores. Enfatizamos la importancia de la construcción y modernización de infraestructura».
El Presidente Putin, no es ajeno a ser el blanco de la guerra económica, presentó una propuesta complementaria: «Las naciones del BRICS deberían cooperar más de cerca en los mercados de materias primas. Tenemos un recurso singular básico: nuestras naciones poseen el 30%-50% de las reservas globales de diferentes recursos. Por lo tanto, creemos que es imperativo desarrollar la cooperación en minería y procesamiento, y organizar un centro para la capacitación de expertos en industrias metalúrgicas en las naciones del BRICS».
Tal acuerdo quebraría el control absoluto del gran enemigo de Rusia -Gran Bretaña- de las materias primas y su habilidad para especular con la subsistencia de las naciones y su misma existencia. Para hacer viabilizar estos propósitos, el NBD y el ARC tendrían que funcionar con un muro cortafuegos contra el sistema canceroso denominado «en dólares». Es digno de atención que el NBD está autorizado en el futuro a recibir capital adicional y a otorgar préstamos al BRICS y a otras naciones, en monedas alternativas.
Una vez que tres, cuatro o más países estén involucrados en grandes proyectos recibiendo tales préstamos en monedas distintas al dólar, de hecho se habrá creado una nueva moneda, a la que también le seguirá el acuerdo de tipos de cambio fijo entre las naciones participantes. Ese sólo paso instantáneamente traería aparejado un retorno al sistema de Bretton Woods anterior a 1971, de tipos de cambio fijos (predecibles), barriendo de un plumazo, billones de dólares de especulación con monedas a futuro.
Como conclusión, ignoramos si el BRICS construirá un nuevo orden mundial. Pero lo que sí sabemos es que todo el contexto actual y las torpezas de la alianza transatlántica con sus sanciones ineficaces a Rusia y su obstinación por armar a Ucrania, para prolongar una guerra de antemano perdida, no ha hecho más que inflamar orgullos del otro lado y provocar reacciones adversas en aquellas culturas milenarias que hasta aquí, actuaban razonablemente y sacaban provecho del orden mundial actual. Ello puede ser motivador suficiente para que el BRICS, aún reconociendo posibles desacuerdos entre sus propios miembros, cobre vuelo y dinamismo, intentando al menos, erigirse en la alternativa como «el mejor mundo posible».
Ese mundo mejor lo puede ayudar a edificar el BRICS porque se trata de países vigorosos -y no envejecidos-, que cooperan entre sí -sobreponiéndose a sus viejas rencillas- y tienen vocación de liderazgo global -pero compartido-.
A modo de despedida, les dejo el video premonitorio que realizó Jorge Lanata hace más de una década para el Canal Infinito, sobre el entonces BRIC -sin Sudáfrica en ese momento-. A veces, los cambios aparecen ante nuestras narices, pero no los vemos.

TOP GUN II: TRIBUTO A UN MUNDO QUE NO VOLVERA

Hacía tiempo esperábamos la segunda versión de «Top Gun». Tuvieron que pasar casi 36 años de la primera que marcó un hito en la historia del cine de acción para que, aún retrasada por la pandemia de Covid-19, habiendo sido anunciada algún tiempo previo a ella, pudiera por fin estrenarse hace semanas.

Más allá del contexto político internacional actual, que pareciera ser análogo al de 1986, en plena Guerra Fría en aquél momento, en un nivel máximo de tensiones entre las potencias occidentales, Rusia y China, en éste, sin omitir el uso político de la película, a mí, ésta me transmitió otras sensaciones quizás más humanas, que pasaré a describir.

Abocado a presevar un viejo avión de guerra en su hangar privado y a experimentar de vez en cuando proyectos aeronáticos de la industria privada contratista del Pentágono, con viejos ex camaradas, Pete Mitchell («Maverick») regresa al ruedo de la academia de pilotos navales de elite de Miramar (San Diego), pero esta vez como instructor de vuelo. Su rol de antiguo piloto díscolo, transgresor, excesivamente arriesgado pero hipertalentoso y solidario, que le valiera ante el «sistema» , llegar apenas a ser un capitán multipremiado-, deberá ser reemplazado por el de motivador y transmisor de experiencias a un grupo heterogéneo de jovencitos bastante soberbios y poco habituados a actuar bajo presiones extremas. El fuerte contraste entre las generaciones, unas más habituadas a ciertos códigos y sacrificios en aras de metas y desafíos que parecen inalcanzables y otras con mayores oportunidades y tal vez más especuladoras y pragmáticas, es muy bien recogido por el guión de la película.

Ese último parece ser el mensaje que la dirección de la película quisiera transmitir. «Maverick» difunde el valor de asumir riesgos pero no de manera alocada y siempre con la necesidad de preservar el equipo: fue traumático para él, haber perdido a su compañero «Goose» en la primera «Top Gun» y eso lo persigue hasta hoy. Por eso, el valor de la solidaridad es el segundo a considerar aquí. Hay una tercera prioridad: es el piloto -y no la máquina-, el que hace la diferencia sobre todo en tiempos de paridades tecnológicas, con el enemigo -antes, la URSS, hoy no está claro si Irán u otro-.

Lo demás, como la pareja de «Penny», ciertas ironías o «gags» en determinados momentos de la trama, la exhibición musculosa-deportiva de la playa, el sentido de la amistad con «Iceman», la música tanto la clásica como la nueva a cargo de Lady Gaga, etc., son los ingredientes emocionales adicionales para completar una película, que asoma como la más taquillera del año.

En el Día del Padre (#FathersDay), asoma como un interesante tópico del film, la relación de «Maverick» con «Rooster», el hijo de «Goose». Un vínculo especial que hereda los pesares y cargas del pasado, como ya se dijo, pero que irá reconfigurando a lo largo de la trama, para finalizar de una manera sorprendente.

Como corolario, claramente la película representa la nostalgia por un mundo y estilos conductuales humanos que tal vez estén viviendo sus últimos días. Así como en el reciente film de la saga de James Bond con Daniel Craig (ya retirado), se insinúa que ese tipo de espías están condenados a desaparecer, en el ejemplo de «Top Gun II», los pilotos atrevidos y valientes son fácilmente reemplazables por programas de aviones no tripulados.

En cualquier caso, como fuera y donde sea, casi 4 décadas de espera son mucho tiempo en las biografías de muchos: en el caso de este «Top Gun II», valió la pena aguardar este estreno.

Me despido con la mejor canción de la nueva banda sonora del film: «I Ain’t Worried» interpretada por la banda «One Republic».