BRASIL: RIO DE JANEIRO (I)

Cuarta en el ranking demográfico de América Latina y segunda de Brasil, Rio de Janeiro, la gran ciudad de más de 6,3 millones de habitantes (12 millones incluyendo el área metropolitana) y de hermosas playas,  es una de las urbes veraniegas más importantes y tradicionales  de esta parte del continente, junto a Mar del Plata (Argentina), Viña del Mar (Chile), Punta del Este (Uruguay) y Acapulco (México). Pero pasa el tiempo y mientras otras ciudades-balnearios van ganando espacio, popularidad y prestigio como Santa Marta y Cartagena (Colombia), Cancún (México), Islas Galápagos (Ecuador) y La Serena (Chile), Rio se mantiene en un sitial top, reinventándose de manera permanente.

Esta orgullosa ciudad que fue sede imperial, tanto de Portugal (1807-1822) como del Brasil mismo (1822-1960), descubierta el 20 de enero de 1502 por el explorador portugués Gaspar de Lemos y el italiano Américo Vespuccio y fundada por el sacerdote jesuita español Padre José de Anchieta, ha sorteado cambios políticos, migraciones internas no siempre acordes a su status y hasta la rivalidad histórica con Sao Paulo, aunque siempre el alma carioca pudo emerger y reposicionarse, sobre la base de nuevas urbanizaciones y eventos deportivos de la mano de un hermoso clima todo el año.

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BRASIL: LLEGANDO A LA GRAN RIO DE JANEIRO

Llegando a Rio de Janeiro, la capital del Estado del mismo nombre, poblada por los cariocas, vía Paraty y Angra Dos Reis -con la nafta allí sensiblemente más cara que en el resto del país-.

Paraty es una pequeña localidad, con una población de 37.500 habitantes. Si bien fue poblada a partir de 1533, fue separada de Angra Dos Reis en 1667. Esta urbe tradicional, con muchas iglesias, llegó a ser sede del puerto exportador de oro más grande de Brasil pero en el siglo XX, solía sufrir inundaciones, rodeada de dos ríos y al borde del océano.

Angra Dos Reis (o Ensenada de los Reyes), fue fundada por una casualidad, por un accidente de un marino portugués (Gaspar de Lemos) que encalló el Día de los Reyes Magos, en la Ilha Grande, el 6 de enero de 1502. Además de ser un lugar óptimo para el buceo, Angra Dos Reis, con una población algo superior a los 188.000 habitantes, cuenta con dos reactores nucleares de la Central Atómica Almirante Alvaro Alberto.

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RECORRIENDO LA COSTA AZUL DE FRANCIA

La Costa Azul (en francés, Côte d’Azur) o Riviera francesa, es el litoral marítimo ubicado al sudeste de Francia, sobre el Mar Mediterráneo. Se extiende desde Génova (Italia) y concentra tres de las ciudades y playas con mayor turismo europeo y mundial, o sea, Niza, Cannes y Saint Tropez, además, claro está, del Principado de Mónaco, al que ya he descrito en anterior ocasión.

Ya en el siglo XX, fue el destino elegido para descansar, por parte de la aristocracia de Europa septentrional, preferentemente, la británica, en virtud de su agradable invierno.

Jurisdiccionalmente, estamos describiendo el Departamento de Alpes Marítimos dentro de la región administrativa de Provence-Alpes-Costa Azul.

Con 340.000 habitantes y una área de influencia de un millón, Niza es la quinta ciudad importante de Francia y el segundo aeropuerto nacional de mayor flujo de pasajeros, ubicándose a apenas 30 km. de Italia, 20 km. de Mónaco y 960 km. de París. Se trata de una ciudad muy cosmopolita ya que un 16 % del total de su población, es extranjero: básicamente, tunecinos, marroquíes, italianos, argelinos, portugueses, españoles, turcos, judíos y hasta rusos, en ese orden.

Sí, también en Niza, hubo y hay rusos. Para sorpresa de mi novia Ekaterina. Empezaron a llegar en la segunda mitad del siglo XIX. Desde 1912, se ha erigido la Catedral cristiana-ortodoxa rusa de Saint Nicholas, en honor al príncipe heredero al trono de los Romanov, Nicolás Aleksándrovich, quien falleció allí mismo, en el año 1865.

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BALTIYSK, EN LA COSTA RUSA DEL MAR BALTICO

Es la ciudad más occidental de la Federación Rusa. Se encuentra a 29 kilómetros de Kaliningrado, en el Oblast del mismo nombre, en la costa del Mar Báltico. Su nombre en ruso es Балтийск: así fue rebautizada en 1946. En alemán, es Pillau, porque hasta 1945, fue parte de la Prusia Oriental y también allí había unos 450.000 ciudadanos alemanes, los que serían expulsados en ferry por la URSS apenas triunfó en la II Guerra Mundial.

Más de 33.000 habitantes viven hoy en Baltiysk, mayoría abrumadora de rusos y una gran proporción de marinos y oficiales.

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JUNIO: UN MES SIEMPRE ESPECIAL PARA LOS ARGENTINOS

El sexto mes del año tiene un significado particular para los argentinos. no porque sea el de su independencia, que es en cada julio o el de su tan especial «revolución» que no lo fue, en cada mayo. En cambio, junio es el mes de su Bandera celeste y blanca, la misma del color del cielo, aunque no porque haya sido izada en algún  junio del siglo XIX, si no, en honor a su creador, Manuel Belgrano. Este fue un versátil político, abogado y militar, quien murió un día 20, de este mes, pero del año 1820, en una jornada muy especial, donde llegaron a coexistir tres gobernadores en la región más importante del país, que se acababa de independizar de España pero que ya empezaba a mostrar un desorden crónico.

No obstante, junio también es un mes de Mundiales de fútbol, cada cuatro años, y desde 1974, ininterrumpidamente, casi como si fuera una liturgia más importante que la católica, los argentinos se ubican en las pantallas de sus televisores y ven los partidos de su Selección clasificada a los 11 que han habido en diferentes países del mundo desde aquél año. También cientos de miles, los que pueden, por sus ingresos económicos, suelen viajar a las diferentes sedes de cada Mundial, en cualquiera de los continentes donde se haya jugado. Es que en 4 (cuatro) de esos 11 (once) torneos ecuménicos, Argentina fue protagonista especial: ganó en 2 (1978 en su casa y 1986 en México) y fue subcampeona en otros 2 (1990 en Italia y 2014 en Brasil).

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BRASIL: UNA GRANDEZA CON PIES DE BARRO (III)

Saliendo de Sao Paulo, se puede visualizar hacia los costados de la rodovia, tanto los morros como la enorme superficie verde y con una selva que va apareciendo.

Es interesante observar también toda la infraestructura caminera, puentes y túneles que conectan cada una de las ciudades brasileñas.

Estas son imágenes de la BR-050 que vincula la capital paulista con el gran puerto y ciudad industrial de Santos (433.000 habitantes), donde nació, debutó, jugó y se consagró Pelé (también la famosa dupla futbolera más reciente de Diego y Robinho). Son unos 80 kilómetros de distancia entre ambas ciudades.

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BRASIL: UNA GRANDEZA CON PIES DE BARRO (PARTE II)

Sao Paulo, la capital de América Latina. Rival de Rio de Janeiro en la propia Brasil. Claro, esa puja histórica entre paulistas y cariocas intentó ser resuelta con la creación de la artificial Brasilia, la nueva capital del país, erigida en 1960, gracias al arquitecto Oscar Niemeyer.

Sao Paulo es el centro productivo, corporativo, industrial, comercial y hasta financiero de Brasil: allí se encuentra la todopoderosa FIESP, el lobby desarrollista más importante del país y por qué no del MERCOSUR, el mismo que envidiaría cualquier industrialista argentino.

También es la capital del Estado del mismo nombre, hoy gobernado por el médico Geraldo Alckmin y como Municipio, es administrado por Joao Doria Junior, una especie de «zar de los medios» -a lo Marcelo Tinelli-, aunque con un componente empresarial y hasta católico practicante, de los que el conductor y showman argentino carece. Doria fue el presentador de un programa televisivo «reality», «O Aprendiz», de formato muy parecido al que popularizara el actual Presidente de Estados Unidos, el populista Donald Trump, cuando alternaba en los grandes medios norteamericanos.

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RUSIA Y EL FUTBOL

En un año, comenzará el Mundial de Fútbol en Rusia 2018 y hoy, precisamente, se inaugura la Copa Confederaciones, que desde hace unos años, se realiza en cada país anfitrión, para ir motivando a la afición local con cierta antelación.

Pero está claro que desde la presidencia del brasileño difunto Joao Havelange hasta la fecha, el fútbol en países no europeos ni latinoamericanos es en realidad, además de un negocio preinstalado por la FIFA, para rodearlo de publicidad e inversión en infraestructura, por una cuestión de nichos de mercado, es una novedad. Rusia no es la excepción. Allí, el fútbol no es el deporte más popular y desde chicos, herencia o no soviética, no sólo el hockey sobre hielo, el básquet, el voley, la gimnasia sino hasta el ajedrez, están mucho más difundidos popularmente como actividades recreativas y lúdicas profesionalizadas colectivas.  Idem el tenis, aunque éste es un deporte individual y que tiene una trayectoria muy diferentes a los otros, dado que los Safin, Sharapova, Kournikova, Myshkina, Kuznetzov, Kafelnikov, Davydenko y tantos otros hipercampeones/as, nacieron y empezaron a practicarlo en Rusia pero contaron con dinero familiar y emigraron al extranjero para formarse y forjarse con entrenadores extranjeros, en el marco de la globalización que vive el mundo y a la que no fue ni es ajena Rusia desde los años noventa.

De todos modos, Rusia, al igual quizás que su enemistada Ucrania, heredó la práctica futbolística de la URSS, habitualmente, con buenos seleccionados y algunos éxitos deportivos singulares, como el campeonato de la Eurocopa en Francia en 1960 y tres subcampeonatos de ésta en España (1964), Bélgica (1972) y Alemania (1988), más las medallas doradas en las Olimpíadas en Melbourne 1956 y Seúl 1988 y algunos logros en juveniles, como el subcampeonato detrás de la Argentina de Maradona en Japón 1979. Tanto rusos como soviéticos han prometido siempre mucho más de lo que realmente lograron pero igualmente, pueden nombrarse una gran cantidad de enormes jugadores, cuyas acciones han quedado en nuestras retinas. Más recientemente, los noventosos Valery Karpin, Aleksandr Mostovoi, Andrei Arshavin y Roman Pavlyuchenko, pero mucho antes, las figuras de la «Araña» Lev Yashin, el guardavallas soviético eternamente vestido de negro, también arquero Rinat Dasaev, la figura de aquel subcampeón de 1988 y el gran goleador, ucraniano de origen, Oleg Blokhin, son muy recordadas para los rusos pero sobre todo, para el mundo, especialmente, Europa.

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LA PC, 40 AÑOS DESPUES

Sería impensado vivir hoy sin ella. Nos acompaña las 24 horas del día, los 365 días del año. Cada vez que fallan y no funcionan, podemos soportar no tener una heladera, incluso una cama, pero difícilmente, nuestra vida sea la misma, careciendo de una microcomputadora.  Cuando ésta se creó, su impacto fue equiparable al descubrimiento de América, la imprenta, la electricidad o la aviación. Mi novia Ekaterina, no es una Millennial pero está socializada y es devota de las Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (NTICs), por lo que podría soportar la ausencia de su celular pero no la de su notebook.

Hace 40 años atrás, no existían. Precisamente, en ese momento, empezó a venderse el primer producto de una industria que generaría miles de compañías entre las que actualmente ocupan los primeros cuatro puestos entre las mejor valuadas del mundo. La salida a la Bolsa de la empresa que la gestó en 1980, fue la más exitosa desde la de Ford, 24 años antes.Una industria que le otorgaría un inmenso poder decisorio al ciudadano común, vis a vis, gobiernos y grandes corporaciones. Una industria que posibilitaría el advenimiento de la mayor ola de democratización de la historia, Internet. Hace 4 décadas empezaba a venderse la Apple II. Esto fue posible, gracias a Steve Jobs pero sobre todo, al menos conocido Steve «Woz» Wozniak.

Una refutación clara de aquella expresión por la cual, el hombre nunca llega tan lejos, como cuando no se propone hacerlo ex professo. A los 26 años, Wozniak había cumplido con el desafío que se propuso en la infancia, cuando su padre le había dicho que no podría tener una computadora, porque una computadora costaba tanto como una casa. En esa oportunidad, Woz le contestó a su papá que «si no podía comprarla, entonces la construiría».

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BRASIL: UNA GRANDEZA CON PIES DE BARRO (PARTE I)

Vas por la ruta y podés detener la marcha del automóvil para refrescarte y tomar agua potable que sale de caños ad hoc al borde del camino, de la misma selva. O cortas los frutos de las palmeras y recogés bananas, a las que podés dejar madurar durante un par de semanas y luego, digerir sin problemas.

Es que Brasil, el segundo productor de bananas de este mundo, detrás de la India, con 18 millones de toneladas y una superficie sembrada de 500.000 hectáreas, es gigantesco por donde se lo mire.

En su superficie, pero también en sus vastos recursos naturales; en su riqueza mineral -y petrolera- y en su potencial alimentario; en su clima tan subtropical, tan abarcativo de regiones tan distantes, desde el norte y el centro hasta el sur, otrora templado. En el «debe», no dejan de llamar la atención sus desigualdades tan marcadas: por ejemplo, en patrimonios económicos. En Sao Paulo, hay más helipuertos que en Nueva York o cualquier capital europea y no sólo por razones de tamaño urbanística. En Rio do Janeiro, conviven las realidades tan contrastantes de Leblon y Copacabana o Jacarepaguá con la Rozinha, a pocas cuadras.  Las geográficas y regionales son visibles. Rio Grande do Sul o Santa Catarina se parecen a la «Pampa Gringa» argentina pero difieren notablemente de los estados nordestinos, que se parecen, a Perú, Bolivia o Ecuador. En el centro, el verde que lo domina todo, en gran medida, respaldado por una humedad incesante. Ya enel plano político-institucional, ni hablar de la corrupción, ahora pública, gracias al «Mensalao» o el «Lava-Jato» y el archifamoso Juez federal Sergio Moro, nacido en Maringá, Estado do Paraná, hace 44 años. Transparentadas por la misma justicia que no dice ni dijo nada acerca de las largas décadas de dictadura militar, que se impuso desde los años sesenta y fue una de las más feroces y represivas del continente.

Un país, con supermercados inmensos -aunque con cajeras que apenas pueden sumar-, con obras de infraestructura como puentes y autopistas, también gigantes, con un empresariado que ha sabido defender sus intereses a lo largo del tiempo, aunque el resultado de dichas políticas, no hay sido finalmente, la realidad de un país desarrollado, sino sólo, «emergente». «O mais grande do mondo», pero emergente. Un Brasil, en el que me resulta difícil entender cómo trabajar como un alemán, cuando la misma naturaleza invita al ocio y el relax permanentes. Todo lo opuesto al esfuerzo y la disciplina moral que exige el desarrollo económico.

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