EL ABRAZO DEL OSO

La frase del título de esta nota tiene una connotación especial. Trae a colación una referencia innegable, típica de la Guerra Fría, cuando se decía en tiempos de la «détente» o distensión entre americanos y soviéticos que el «Oso» (nominando así a la vieja URSS), aprovechando esa «ventana de oportunidad», podría en cualquier momento seducir, envolver y hasta asfixiar a Europa Occidental, influida por los «cantos de sirena» pacifistas antinucleares. El objetivo era dividir el frente occidental, rompiendo la alianza de postguerra con Estados Unidos. La URSS así lograría ganar la Guerra Fría, sin disparar un sólo tiro. Sus propios errores de cálculo más tarde, como la invasión a Afganistán en 1979, contribuyeron a su posterior caída, varios años después.

Claro, nadie vio en ese momento el intento -frustrado- del Oso.

Apelo a la metáfora comunista/anticomunista porque viene como «anillo al dedo» para mi análisis político de hoy. Anoche, habiendo llegado tarde al acto de Javier Milei en Rosario, claramente desganado, desentusiasmado, porque veía la peligrosa tendencia de un nuevo «abrazo del Oso» -esta vez vernáculo- que finalmente corroboré, desde hacía semanas, mis temores se hicieron realidad. Preadvertidos por uno u otro canal -hoy, en el reinado de las NTICs y las redes, eso es posible-, de que había gente -propia y externa- insatisfecha con el armado desde arriba y desde CABA, de ese acto, cuya identidad (acto político, evento social o clase), nunca quedó claro, la seguridad de Milei, conformada por los «Osos Gordos» del inefable Carlos Maslatón, el «Rasputín postmoderno» del nuevo diputado, se encargaron de diluir cualquier intento de sabotaje del acto.

Claro, quedó también en evidencia el formato especial de la obra y obviamente, los intérpretes de la misma. Una pléyade de actores de poca monta, los llamados influencers o you tubers; el despotricador serial «anticasta política» Maslatón y su esposa, que vive de la casta, como empleada del alcalde porteño Rodríguez Larreta y como si esto fuera poco, la hermana del propio Milei, llamada por el mismo, «El Jefe», lo cual revela que hasta el más genuino liberal, reconoce algún grado de autoridad y dependencia de alguien cercano? Mas un discurso largo, tedioso, que sólo levantaba aplausos con los gritos característicos de Milei. En el interín, «los otros liberales» Espert, Píparo y López Murphy, luchaban durante 9 horas, cuan gladiadores, contra las insólitas argumentaciones del Ministro de Economía Martín Guzmán.

Ahora bien, semejante despliegue populista, reivindicando explícitamente la presencia en las calles, versus la discusión presupuestaria en el Congreso, el ámbito institucional para el cual fue elegido Milei y para lo cual sí está preparado debidamente, denota parte del plan siniestro de Maslatón, un sórdido personaje de la política, de origen judío-sionista, simpatizante del peronismo, armador de una organización estudiantil liberal pero sobre todo, originariamente anticomunista y ex concejal de CABA por la Ucede oficialista (la alsogaraísta), la misma que se entregara como «prostituta» al menemismo en los ochenta. Esta vez, tras un largo receso de más de 2 décadas, donde amasara una enorme fortuna con las criptomonedas o bitcoins, parece estar intentando lo mismo que aquella vez: habiendo votado al kirchnerismo en 2019, para que no gane Juntos por el Cambio, por su supuesto carácter socialdemócrata, Maslatón le hace creer a propios y extraños, que esa jugada le permitió a Milei crecer exponencialmente por encima de todo y todos, siendo «la real oposición a la casta», reproduciendo el modelo de organización política movimientista que creara el General Perón en contra del esquema típicamente europeo institucionalista de «comités de notables».

Ese modelo supone, como me dijera explícitamente el legislador porteño lavagnista -hoy mileirista- Ramiro Marra, que mientras «todos tributemos a Milei» -erigido en un gran Zar -endeble emocionalmente por cierto-, puede haber multiplicidad de grupos «armando» en el interior del país, eligiendo fundamentalmente figuras mediáticas y hasta verdaderos/as «paracaidistas», siempre y cuando agraden al Gran Jefe -o a su Jefa-.

Lo visto y lo afirmado, reproducen una vez más, una Argentina que se niega a morir. Bajo el formato de novedad, con la excusa perfecta de que la política nacional es el barro en estado puro, emergen líderes que dicen representar lo original, lo impoluto, lo diferente, incluso encarnando ideas, como las liberales -o libertarias aunque en clave demasiado «paleo», conservadora o derechista-. El problema es que ellos mismos a medida que se van desprendiendo de viejos socios (como Espert o Rosales, supuestos «traidores» hoy a los ojos de este Milei versión rockstar 2.0), empiezan a rodearse y dejarse influir por nuevos oportunistas mediocres y adulones, que no trepidan en sumar sus «aportes» aprovechando su popularidad en likes o vistas de Twitter o Instagram.

Maslatón como un titiritero, logra como un sesentón fracasado, embaucar a millones de jóvenes embrutecidos o analfabetizados pero fanatizados conocedores de las redes y los bitcoins, pero sobre todo, al «León de la jauría», aprovechándose de su debilidad emocional -por viejos traumas infantiles- de éste. Resulta llamativo -aunque no tanto-, que para desequilibrar a esta sociedad anestesiada, los argentinos hayan tenido que recurrir a un verdaderamente desequilibrado como Milei. 

Un Milei que psicológicamente, está lejos hoy del que era hace meses, por ejemplo en marzo pasado. Afable, simpático, siempre prestándose a una selfie, el de hoy luce malhumorado, exigido, nervioso, tal como se lo vio en el debate de candidatos en octubre.

Si esta historia termina bien o mal para el país, dependerá de nosotros. De los que aún creemos que el Congreso es una institución en la que pueden y no deben calentarse las sillas; de quienes concebimos que hay formas no populistas de no renovar la política; de los que pensamos que entre la mirada corta o miope que tienen algunos porteños digitando referentes y la nada misma, hay alternativas locales, federales, de reclutamiento o emergencia de nuevos liderazgos más democráticos.

Será, si triunfamos, la única posibilidad de resistir o ahuyentar al Oso. De lo contrario, aumentará el desaliento, insistirá en destruirnos y con ello, a la propia nación. Pero lo peor es que llevará al propio suicidio político a Javier Milei.

PODER AL SENTIDO COMUN

Muchos especulábamos que el domingo 14 de noviembre se empezaba a terminar la famosa «grieta» entre kirchneristas y antikirchneristas en las elecciones parlamentarias de Argentina. Sencillamente, ello no ocurrió porque el oficialismo logró disimular su estrepitosa derrota general –perdió la hegemonía en el Senado que mantenía desde 1983 y, 13 de 24 provincias, incluyendo las 5 más grandes-, con su relativo emparejamiento- en relación a la PASO de setiembre- en la Provincia de Buenos Aires y su consolidación en el norte del país. Tampoco el triunfo opositor, no obstante ser de casi 8 puntos a favor- fue lo suficientemente holgado en especial, para Horacio Rodríguez Larreta, el alcalde porteño, quien de manera obsesiva, quiere ser Presidente a base de la prolongación de la grieta. En su propio terruño y la Provincia bonaerense, tuvo sus propios obstáculos, en las apariciones fulgurantes de sendos economistas, el libertario Javier Milei y el liberal José Luis Espert, respectivamente.

Desde hacía décadas, el liberalismo no contaba con diputados electos y menos, por los distritos más significativos. A diferencia de otrora, sus campañas fueron personalizadas, con mucha exposición física, en las calles, dando clases públicas, visitando plazas, negocios, fábricas, con una fuerte difusión en redes, a cargo de voluntarios. Desde el alfonsinismo y el propio kirchnerismo, nunca se había visto tanta juventud en torno a líderes políticos. Los jóvenes argentinos, incluso adolescentes, se dejaron seducir por la verborragia y el despliegue incansable de Espert que recorrió una provincia que tiene el tamaño de Alemania pero sobre todo, se identificaron con la rabia contenida que explotó en griterío e insultos, de Milei. Enfrentando el primero, al «sistema» -la trilogía de políticos mediocres y saqueadores, empresarios prebendarios y mafias sindicales- y el segundo, a la «casta» -los políticos que viven del Estado-, ambos candidatos hallaron al responsable perfecto para explicar de modo sencillo, a una sociedad empobrecida y subeducada, las razones de una debacle nacional que ya lleva más de un siglo.

 

Cualquier ideologización del discurso de Espert y Milei suena a esfuerzo banal y reduccionista. Es mucho más complejo de lo que a priori, parece.  Al primero lo apoyan sectores más bien centristas y republicanos, incluso partidos históricos como la Unión de Centro Democrático (Ucede), el Partido Demócrata (PD), el Partido Autonomista Nacional (PAN), pero también nuevos como Republicanos Unidos (RU) y afines. Al segundo en cambio, lo sostienen los libertarios, que rechazan al primero: anarcocapitalistas, minarquistas y objetivistas randianos. Pero también nacionalistas y conservadores, como Victoria Villarruel (diputada electa), Carlos Maslatón y hasta you tubers mediáticos, como «Dannan», «El Presto», «Deperoncho» y la cosplay «Lilia Lemoine», entre otros.

 

El peronismo no está ausente en ambas coaliciones. Raúl Aragón es el sociólogo embanderado en ese movimiento, que siente un profundo rechazo al kirchnerismo, contratado por el operador de Espert, el periodista y ex diputado mendocino Luis Rosales, ex socio del consultor Dick Morris. El recomendó al economista oriundo de Pergamino, ir cooptando a los punteros peronistas del conurbano, abandonados a su suerte por Sergio Massa y el avance de Máximo Kirchner. Del lado de Milei, Ramiro Marra, hoy legislador electo por CABA, militaba junto al ya legislador de Consenso Federal, Eugenio Casielles, en el lavagnismo.

No es fácil por lo tanto, hablar de una «derecha»o de un «bolsonarismo» a la argentina. Mientras Espert está dispuesto a discutir en un referéndum temas como el aborto, Milei se aleja de posiciones liberales, en torno al tema, declarándose «provida» y también discrepan en torno a la gestión de la dieta parlamentaria, el rol del Banco Central y el castigo a los delincuentes y el rol de las fuerzas de seguridad. Milei admira a Trump y lo tiene entre sus gif preferidos en sus chats mientras Espert se declara antipopulista en todas sus formas, tiempos y exponentes. Si esta alianza sobrevive a lo largo del tiempo, lo veremos en los próximos meses.

Es que el mensaje de ambos no parece ser intelectual, ni depende del ya trillado negocio de las fundaciones liberales, ni de las clases medias, algo refractarias al mismo: se sustenta en la actitud y aptitud de entrar al «barro de la política»: involucrarse, comprometerse y llegar a alcanzar los votos de «la otra orilla», como solía repetir Perón, parafraseado por el gran Mariano Grondona. Cuando los liberales abandonaron la política y la retomaron sólo parcialmente, en los ochenta, gracias a Alsogaray, el país quedó abandonado a su suerte. Como se siente hoy el habitante de Berazategui, Quilmes, Lanús, Lomas de Zamora, Avellaneda, etc. o el vecino de Pompeya, Lugano, Villa Soldati, la Villa 31 y es allí donde por primera vez, un liberal fue a buscar y logró votos. A ellos se llega, no recitando a Hayek o Nozick sino simplemente, siendo sensible a su estado de deterioro, comprendiéndolos, aumentándoles la autoestima, fortaleciéndolos moralmente, para que sean capaces de rechazar toda manipulación clientelar y hasta psicológica, que los haga descreer de que ellos pueden lograr sólo con su esfuerzo.

Con tal apelación al sentido común, el éxito liberal está a la vista: más de un millón de votos, tercera fuerza en dos de los distritos más grandes, cuatro diputados nacionales asegurados -uno más en discusión-, cinco legisladores porteños, tres legisladores provinciales, decenas de concejales bonaerenses, etc. Ahora llega la hora de las previsiones político-estratégicas con vistas a 2023 y aspirar a terciar en la grieta, ante un eventual ballotage: para ello deberán  pensar en la posibilidad de un bloque legislativo propio y unido o, un interbloque, la conformación de un único partido nacional  o, una confederación de partidos y, finalmente, lo más importante, candidaturas votables, populares, con convicciones pero sobre todo, empáticos, con la angustia de la gente.

No será nada fácil pero lo logrado este año, les permite abrigar cifradas esperanzas.

ANTES DEL NAUFRAGIO

La elite sigue bailando en la cubierta de ese Titanic que es Argentina, con rumbo fijo al iceberg, que es la «piña» tantas veces pronosticada por el economista y candidato a diputado nacional Javier Milei, a vertiginosa velocidad. Ese barco tiene un capitán que está cada vez más ensimismado y perdido, sin credibilidad ni entre los propios; posee una tripulación que al igual que los pasajeros, optan por arrojarse al mar, es decir, eligen «la salida Ezeiza» -a sabiendas de un mundo hostil- y no parece haber nadie con voz de mando que frene a todos y redirija la embarcación hacia lugar más propicio.

La melodía la interpreta un grupo de músicos improvisados, que apelan a sus talentos individuales pero la coyuntura desgraciada los aglutinó allí, sin conciencia colectiva ni organización, más que entretener a los desesperados en el tránsito a una agonía un poco más amena.Los ciudadanos, contribuyentes y votantes siempre encuentran algunos artistas a la manera de placebos que les interpretan melodías algo evasivas para hacer más digerible una realidad decadente. Esos placebos son variados: van desde la cultura (música, televisión, radio, redes virtuales) hasta la propia medicina (psicofármacos, anziolíticos, etc.) cuando no, la religión (la institucionalizada y la informal a lo Gilda, «Gauchito Gil» o el Ravi Shankar).

Argentina parece estar muriendo sin morir, desde hace décadas pero todavía resuenan estertores de cierta recuperación cada diez o quince años. Se trata de procesos largos, de cierta paz monetaria y cambiaria, que precipitan cada vez más abruptamente en crisis fenomenales que empobrecen a más de la mitad de la sociedad. Luego, cada reconstrucción demanda mayor esfuerzo colectivo y así, sucesivamente.

En el largo plazo, el estado mental del argentino ha sufrido una gran devastación, al estilo de la que sufrieron los alemanes tras vivir la II Guerra Mundial. Generaciones enteras se han habituado a vivir con inflación crónica de dos dígitos, confiscaciones, destrucción de ahorros, empobrecimiento generalizado, pérdida de horizontes. En una sociedad así, el futuro no existe y la sensación que queda, es apenas, intentar salvarse del naufragio aunque las probabilidades sean mínimas. Para aquellos que lo logren, no queda más que miedo e inseguridad. Para muestra un botón: se ha llegado a conformar un Partido Liberal Pesimista (PLP), cuyos exponentes todos los días, se jactan de mostrar tweets de jóvenes y familias que exhiben «orgullosos» (sic) sus pasaportes en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, emigrando del país.

Si a ello le sumamos la pandemia -y la cuarentena cavernícola que impuso el gobierno nacional con la complicidad del resto de la clase política, con pocas excepciones-, ese cuadro de frustración cuasi patológica genera grandes dudas acerca de cómo salir saludablemente de la encerrona. Máxime cuando semejante temor colectivo, ha sido alimentado durante décadas a modo de refuerzo por ejemplo, por el psicoanálisis.

En efecto, esa «pseudodisciplina», diría Popper, retroalimenta en la generación de miedo y dependencia. Esclaviza al paciente, lo torna manipulable durante un buen tiempo y no genera las opciones de salida y recuperación. La sociedad medicalizada en el diván, naturaliza tal proceso y termina siendo más dócil a los manejos y desmanejos de su clase dirigente que ya conoce cómo dominarla, sin que aquélla pueda rebelarse. De este círculo vicioso no se sale sino agrietando lentamente el muro del statu quo, con ayuda de algunos poderosos o con violencia, siguiendo con la analogía del Titanic, rompiendo las ventanas del barco, para escapar más rápido, aunque sin saber hacia dónde. No es un dilema sencillo porque las alternativas tienen enormes costos.

La duda que se me genera es: querremos aprender? estamos dispuestos a afrontar tales desafíos? habrá alguna grieta en el muro mental que los argentinos parecen haberse impuesto a lo largo de las décadas para no ver su marcado declive? o se obcecarán con seguir fugándose hacia delante o hacia fuera?

DALE CAMPEON!!!

Resonó más que nunca y como lo habíamos soñado muchas veces. Pero además de la presión enorme de la hinchada, en un día especial por partida triple (de la Madre, de la Lealtad Peronista y mi cumpleaños), resonó ese grito de guerra para tirarle toda la «chapa» encima a un Talleres que venía agrandado y hasta subestimando a Colón -reservando tres titulares para el cotejo del jueves con River en Córdoba-.

Robando cámara en «Paso a Paso» (TyC Sports)

En fin, fue una jornada hermosa de sol -como siempre un 17/10- y otra vez, como tantas, la lealtad del pueblo «sabalero» fue pagada con creces, por este equipo campeón. Ojalá pueda seguir así en las fechas restantes hasta el final del torneo, porque ese título fija la vara ahora muy elevada -para propios y extraños-.

Llegando temprano al Estadio Brigadier López

Entrando al Estadio

Una panorámica de un Estadio bastante lleno

El festejo posterior con el tradicional liso santafesino

DE APAGONES Y CAMPEONES

Cuenta la leyenda que Colón de Santa Fe está indisolublemente ligado a cataclismos.

Me tocó vivir uno, el sábado 29 de julio de 1995 estando en Viña del Mar, Chile. Ese día, durante la tarde, escuchaba por radio, cómo mi club favorito de fútbol, ascendía por fin a Primera División, luego de enormes peripecias que duraron 14 largos años en la liga inmediata inferior (Nacional B) pero a la primera hora del día siguiente, como si la energía festiva del sudeste del continente, se hubiera trasladado a la costa oeste del Pacífico, temblaba la tierra justo al lado del mar, en mi edificio de 22 pisos, por un terremoto con epicentro en Antofagasta. El lunes pasado, parecía volverse a repetir la historia.

Siete horas duró mi viaje ida y vuelta a Santa Fe, desde el interior de Córdoba, para volver al Estadio Centenario, tras un año y medio de ausencia de público en las canchas -por la pandemia- y tres y medio de mi última visita, en ocasión de un empate con Huracán 0-0. También siete horas duró un gigantesco e inexplicable apagón mundial de las redes sociales gerenciadas por Mark Zuckerberg: Facebook, Instagram y lo más grave, Whatsapp.

El motivo del viaje especial tenía relación con una razón poderosa para celebrar. Colón había salido campeón el 4 de junio pasado, en la ciudad de San Juan, muy lejos de Santa Fe y sin público en las gradas, en razón de las restricciones de la cuarentena: hace exactamente cuatro meses atrás. El festejo del plantel en soledad y apenas la algarabía que duró días enteros, en la propia Santa Fe, en las calles. No había existido ocasión de compartir juntos, hinchas, dirigentes y jugadores, eso que habíamos soñado durante generaciones enteras a lo largo de 116 años: una vuelta olímpica, fuegos artificiales, ritmos musicales, fotos y videos para compartir en un día, donde las redes volvieron sí, apenas comenzó el partido, como si milagrosamente, quisieran formar parte de esa verdadera fiesta colectiva.

Pensé de inmediato en mi viejo, que me llevó por primera vez a una cancha, siendo un niño, haciéndome fanático de esos colores rojinegros; en mi vieja, que siempre me apoyó, aún cuando sufriera como yo, por cada derrota, por radio, por TV o viajando a Santa Fe, cada 15 días desde Rosario; en mi rusa Ekaterina quien sin conocer todo ese pasado de alegrías y sufrimientos varios, volcados más de una vez en estas páginas, me acompañara una y otra vez, en la propia cancha o fuera de ella, cada vez que jugaba Colón, desde donde estemos, incluso en alguna madrugada europea. Yo era un privilegiado que ahora ya por fin, habiéndome asociado recientemente, por primera vez en mi vida, podía estar esa noche especial de lunes laborable, siendo testigo de semejante demostración de fe y lealtad a esos colores «sangre y luto».

en las afueras del Estadio, en la cola para ingresar, sobre Boulevard Zavalla

Les dejo algunas fotos propias -y ajenas- además de videos alusivos, para que sean copartícipes de esa gran vivencia que me tocó experimentar ese inolvidable 4 de octubre de 2021.

Luis «Pulga» Rodríguez, viajó especialmente desde La Plata, para posar con la Copa y Eduardo Domínguez, DT del equipo campeón.

Me despido recordándoles que las mayoría de las veces, las leyendas asumen la realidad. LA LEYENDA CONITNÚA.

SEMANA DE SORPRESAS (DESAGRADABLES) EN ARGENTINA

Hace menos de una semana, no esperábamos el desenlace de ésta. Tampoco preveíamos el resultado tan abultado en contra del kirchnerismo, ni siquiera su derrota en Provincia de Buenos Aires. Todo lo cual demuestra una vez más que en Argentina resulta imposible aburrirse porque la vertiginosidad de las sorpresas es enorme, no obstante que luego del paseo por la montaña rusa que supone,  volvemos al mismo lugar. Cada momento a la manera de un ciclo perverso, parece reproducir las condiciones previas, acelerando el proceso de autodestrucción, aunque ésta nunca llegue.

En efecto, el gobierno de Alberto Fernández, estaba al borde de la hiperinflación de 1989, pero podía ganar pírricamente como en 2007, terminó siendo derrotado como en 2009, 2013, 2015 y 2017 y aún así, cree ahora que puede recuperarse una vez más, como en 2011 y 2019, por eso recrea insólitamente, un gabinete que se parece a 2014. La respuesta es siempre la misma: a la manera de un suicida, redoblar la apuesta, incrementando la radicalidad del fenómeno. La sociedad misma ha malcriado a la elite kirchnerista: le ha dado una y otra vez, oportunidades.

Primero, cabe un minianálisis de la derrota y su magnitud. El gobierno sufrió una «paliza» similar a la que sufriera #Macri en agosto de 2019. #Populismo sin dólares y cuarentena irracional fueron el combo para que perdieran hasta los propios: los pobres y los jóvenes, clientela especial k desde siempre, huyeron a filas renovadas, como por ejemplo, las de Javier Milei en CABA. El encierro feroz de la cuarentena, el daño a la economía privada y la indignidad de la ayuda estatal, hicieron el resto, para que por ejemplo, medio millón de matanceros no concurran siquiera a votar. La oposición no ofreció nada novedoso, incluso en regiones enteras, como en Córdoba, el esfuerzo que hizo para ganar, fue mínimo: sólo ofreció listas competitivas en todo el país y triunfó, sobre la base de la pérdida de casi 4 millones de votos respecto a dos años antes.

Tras el shock, el dilema que enfrentaba el gobierno el pasado lunes, pasaba por cómo asimilar la derrota, interpretarla y luego actuar en función de ella, considerando que quedaban dos meses para la elección parlamentaria de noviembre y dos años para terminar el mandato, con una elección intermedia con efectos destructivos. «Dilema» porque racionalmente, no se soluciona cortando algunas cabezas y radicalizando más pero tampoco devaluando o arreglando con el #FMI. El primer camino conduce a un desastre general -como bien advierte uno de los «delegados» del Papa Francisco -el Arzobispo de La Plata, «Tucho» Fernández- y el segundo trayecto, lleva a una derrota peor que la del domingo. «Están en el horno», se regodeaban en la oposición, nada motivada para ayudarlos en tal trance ante una instancia potencial de dialoguismo y sólo el disfraz de CFK como «corderito», al estilo del «efecto viudez» de 2010, podría salvarlos. Pero tampoco sonaba creíble esa jugada.

Les reconozco que pusieron la cara -para la foto- pero la pusieron

Quedaba por verse la actitud del #peronismo -o los #gobernadores– que no pusieron todo lo que había que poner, oliendo derrota, los acompañarían sólo hasta la puerta del cementerio. Pero al mismo tiempo, todos, sin excepción saben que #divididos, no tendrán rumbo alguno, excepto al abismo.Hoy, en la cumbre de La Rioja, estarán los gobernadores «fondos nacionales-dependientes», es decir la llamada «Liga del Norte», pero no así los de las Provincias más ricas, como Santa Fe y Córdoba, a quienes no convence un gobierno de clara raíz capitalina-bonaerense.

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DE LEYENDAS Y SUEÑOS (QUE SE CUMPLEN)

San Juan, 4 de junio de 2021.

Que la pasión en estas latitudes del globo terráqueo, tienen una estrecha relación con el deporte y sobre todo, el fútbol, no es ninguna novedad. Hasta el cine, como por ejemplo, «El secreto de sus ojos» (2009) reflejó dicha obsesión de los hombres pero también recientemente las mujeres, por la actividad del balompié. Sólo así se explica que anoche, una vez que el árbitro Pitana hiciera sonar su silbatazo final en la lejana y cuyana San Juan, aún violando la cuarentena argentina, hayan salido más chicas, adultas y hasta abuelas a las calles de Santa Fe, felices y embanderadas con los colores de sus amores, festejando el ansiado título, a la par de sus hombres o sin ellos. Tal vez, ese mismo encierro ha hecho más que evidente la necesidad de muchos hinchas de expresar de manera atípica, sus emociones inigualables, que de haber existido una situación más normal, también hubieran sido algo más atinadas, aún cuando es difícil imaginar qué se siente en la piel de un simpatizante, cuando su club gana por primera vez en su vida, una estrella.

Es que tuvieron que pasar 116 años y algunas semanas, para que un club del interior de la Argentina, cuyo rasgo esencial es el sufrimiento a lo largo de décadas, pero también la lealtad genuina de sus hinchas, pudiera gritar «Campeón» en un torneo nacional. Fue en un contexto anormal, sin público en los estadios sin localías válidas y tampoco, sin gente de manera masiva, celebrando en las calles, aunque como queda dicho, dicho factor se cumplió a medias por lo visto anoche, en muchos lugares de la Provincia de Santa Fe, no sólo la capital.

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ALVARO ALSOGARAY (HIJO): LA HISTORIA DE LA UCEDE

La evolución histórica de la Argentina está ligada indisolublemente a la del liberalismo. Como tradición, como doctrina o, recientemente, como identidad, ha ocupado un lugar central en la construcción institucional del país moderno, en la segunda mitad del siglo XIX hasta aproximadamente 1930.

Luego, el giro ideológico que tuvo la clase dirigente del país, del que ya nos hemos ocupado antes, nos condujo inexorablemente a un derrotero de decadencia y frustración que ya dura varias décadas. De modo paradojal, la pandemia ha reinstalado un enorme entusiasmo de la juventud por las ideas liberales, que tal vez, estén ligadas mejor que otras -o no-, al éxito del país, por lo que, de triunfar electoralmente en los próximos años, podrán augurarle un destino más venturoso, torciendo aquel rumbo.

Hubo un antecedente de esta tendencia, hace 3 décadas: el fenómeno de la UCEDE, partido político de centro-derecha liberal, liderado por el Ingeniero Alvaro Alsogaray (diputado nacional), cuyo hijo Alvaro Luis, hoy nos pudo entregar su testimonio de aquellos grandes momentos de la agrupación partidaria, que llegó a influir en el programa de gobierno, parcialmente aplicado por Carlos Saúl Menem.

Las generaciones jóvenes de la actualidad, entusiasmados por el fenómeno de Javier Milei, debieran conocer este «relato» para de esta manera, recoger aquella tradición, aprender de los errores del pasado y por qué no, intentar aplicarla con éxito en un futuro cercano.

ASTOR PIAZZOLLA Y MAR DEL PLATA

Hace exactamente 100 años, un 11 de Marzo de 1921 nacía en Mar Del Plata, Provincia de Buenos Aires, Astor Pantaleón Piazzolla.

Como faro de la cultura nacional, hay ciertos hitos de su vida que nos llaman poderosamente la atención.

Tomando como fuente al sitio Efemérides Históricas, por ejemplo, siendo un niño de 11 años compuso su primer canción: en efecto, a pesar de su formación musical académica y clásica se inclinó por el tango y «La Catringa» fue el primer escalón.

En 1934 se produjo un segundo evento poco conocido: nada más ni nada menos que en Manhattan (New York), conoció a Carlos Gardel cuando le entregó un regalo de parte de su padre. Cuando «El Zorzal» vio que ese niño de 13 años manejaba el inglés, lo llevó para que lo ayudara en sus compras. Al regreso de su viaje lo hizo participar en la película «El día que me quieras» donde Astor personifica a un «canillita». Aprovechando esta situación, Piazzolla le mostró sus dotes con el bandoneón, a lo que Gardel le expresó: «Pibe, el fuelle lo tocas bárbaro, pero el tango lo tocas como un gallego».

Astor tocaba y componía para la orquesta de Aníbal Troilo cuando empezó a ser conocido, pero de inmediato, fue detestado por el mundo tradicional u ortodoxo del tango: no conseguía que ninguna radio difundiera sus temas, los clubes no lo contrataban, y ningún sello le quería editar un disco.

Prolífico e inquieto, no paraba de componer, estudió y tocó en Paris, volvió en 1955 pero como no lograba ser reconocido por sus pares viajó a Estados Unidos, estando allí, falleció su padre «Nonino» Piazzolla, un hecho que lo conduciría paradójicamente a la fama mundial. Porque Astor regresó a la Argentina y encerrado en su habitación compuso «Adiós Nonino», su obra cumbre; él mismo dijo, «Intenté muchas veces componer algo mejor, y nunca pude».Lo había logrado gracias a la emoción causada por la muerte de su propio padre.

Fue el ‘Maestro» Osvaldo Pugliese quien más creía en él y le abrió las puertas del tango de Buenos Aires: a partir de allí trabajó con todos: Edmundo Rivero, Jorge Sobral, Juan Carlos Copes, Horacio Malvicino, Horacio Ferrer, Amelita Baltar y Lalo Schifrin.

Distintas complicaciones circulatorias deterioraron su salud y finalmente, falleció el 4 de Julio de 1992 a los 71 años.

Podría decirse que Piazzolla fue resistido porque su «Ángel» asustaba las estructuras rígidas del tango, pero taladró los muros con su talento y se convirtió en uno de los más grandes exponentes de la música ciudadana. Ayudó a que el tango fuera conocido mundialmente: «Adiós Nonino» es el tango que mas versiones tiene, 170 a nivel mundial. Esa y otras obras, como ese himno a la libertad que es «Libertango», no hacen más que emocionar a cualquier argentino de ley, que se halla fuera del país.

Esa música que supimos exportar y una muestra de ello, es el reconocimiento de #Rusia, a través de la Phonograph Jazz Band (dirigida por Serguei #Zhilin) desde el Svetlanov Hall de #Moscú. He aquí la versión rusa, del Maestro Zhilin, de esa genial pieza musical que fue «Libertango»:

Piazzolla es un marplatense genuino. El cumple años cada marzo y «la Ciudad Feliz» cumplió 147 eL 10 de febrero, con apenas un mes de diferencia. La ciudad se lo ha reconocido, colocándole el nombre de su Aeropuerto Internacional (desde 2008). Es la misma ciudad de Victoria Ocampo, Guillermo Vilas, Antonio Cabrales (fabricante de un riquísimo café), Alejandro Bustillo, Alfonsina Storni, entre otros tantos famosos, casi todos con una característica fundamental: la innovación, la originalidad, la creatividad, plantear la diferencia, pero siempre desde lo emocional, el sentimiento que penetre de tal modo de generar hasta lágrimas, si fuera necesario.

Precisamente, #Voltaire criticaba a los tenderos (ingleses) pero los #tenderos fundan ciudades. Por ejemplo, Mar del Plata, es una ciudad hija de la libertad civil y del esfuerzo de los emprendedores que vinieron o se reprodujeron de la mano de la Generación del Ochenta. #PeraltaRamos, que empezó como tendero en el negocio que contrató a la viuda de #Dorrego y sus hijas y ese vasco-francés llamado #PedroLuro, que le compró el saladero original al anterior. Saladero que funcionaba donde hoy viven mis tres hijos, sobre la misma Avenida Luro. #marplatenses por adopción.

La ciudad cuya belleza supera incluso a muchas villas turísticas de #Europa, emulando por ejemplo, a #Biarritz, donde la #aristocracia porteña veraneaba cuatro meses en el año. La ciudad donde ganó por primera vez en elecciones, el Partido Socialista. La ciudad que aún a pesar del deterioro causado por tantos años de desidia en la gestión pública de muchos Intendentes, sigue seduciendo a propios y extraños, incluso en el mundo.

FELIZ CENTENARIO ASTOR PIAZZOLLA Y POR MUCHOS MAS FELICES 147 A LA CIUDAD FELIZ DE LA ARGENTINA.

Me despido con fotos de la hermosa Villa Victoria, la casa de verano de Victoria Ocampo, que pude volver a visitar a fines de enero este año, tras una década de ausencia.

Digno final con la música de entrada y salida del tradicional programa televisivo de opinión política, «Tiempo Nuevo», con Bernardo Neustadt y Mariano Grondona.

PD: el Embajador alemán en Argentina, Ulrich Sante, acaba de twittear que en Eiselfing, un pequeño pueblo campesino en Bavaria ­­hay un club de fans de Piazzolla cuya admiración por el músico es tan grande que hasta le pusieron su nombre a una calle: «Piazzollaweg«. He aquí el testimonio fotográfico.

LAS RAICES DE LA DECADENCIA SOCIAL Y EDUCATIVA ARGENTINA

Una de las ventajas no deseadas del encierro motivado por la cuarentena: la proyección de videos reproduciendo interesantísimas conversaciones o diálogos entre intelectuales. En este caso, el historiador Ricardo López Göttig charlando con el politólogo Pablo Dons, acerca de la desvalorización gradual de la educación y los orígenes de la destrucción del proyecto exitoso de la post Generación del ’37 (o sea, la Generación del Ochenta). Dons plantea que el odio a la democracia liberal y al capitalismo ha sido la gran fuente de la decadencia a lo largo del último siglo y medio, abrevando en la generación tardía de los Ochenta (Ibarguren, Carlés, Lugones -cuyo aniversario de su muerte es hoy- y cía). La crítica moral a la sociedad abierta que favorecía la movilidad social ascendente y por el contrario, la reivindicación de los valores tradicionales de la sociedad que se iba quedando en la retaguardia, fueron los cimientos de aquél odio. La misma elite se fue disparando gradualmente en los pies: aquí, lejos de existir una «revolución popular» -como aducen peronistas y kirchneristas al unísono, hubo una erosión de los mismos valores que llevaron al progreso de la sociedad.

Dons empieza con un dato revelador de la tragedia educativa argentina: mientras hace 20 años atrás, los niños de primer grado aprendían ya a leer y escribir, ahora aprenden recién a partir de sexto grado. Resulta interesante como Dons, a la hora de las responsabilidades lejanas al respecto, hace hincapié en la fortaleza del nacionalismo católico a lo largo del tiempo, hoy potenciado por el pensamiento de Jorge Bergoglio, como Papa Francisco, exaltando la sacralización o glorificación de la pobreza y un orden social jerárquico, donde cada uno mantiene, sin ascender, su lugar en la escala social, sólo matizado por cierto grado de distribucionismo.

Llama la atención entonces, dice Dons, en la última discusión por el aborto, cómo libertarios anarcocapitalistas iban a las plazas, acompañando a los «Provida», que están en la antítesis de una sociedad abierta y demás valores liberales. Existe una falta de cultura generalizada y mucho esnobismo, que explican estas insólitas alianzas, potencialmente explosivas según López Göttig. Remarca Dons que la «patria instagramera» puede tener un éxito efímero y es una demostración más de cómo el liberalismo argentino hasta ahora, ha carecido de cultura política y militancia.

Resulta paradójico en tal sentido que, a diferencia de lo postulado por el anarcocapitalismo, el liberalismo argentino contribuyó según el historiador Ezequiel Gallo, a crear el Estado, concentrarlo en nichos estratégicos y luego limitarlo, no «explotar el Banco Central», como a veces se postula en los vivos de Instagram. Según Dons, hay que militar en la calle, penetrar en las villas, generando un liberalismo popular, sin esnobismo, sin la conexión «online«, sino con formación y lectura. Claro, sobrevuela en este pasaje, una crítica velada a los Maslatón, a los Milei, a los Gómez Centurión y obviamente, los «influencers». Aunque por lo visto en Carlos Paz y otras ocasiones, juzgarlo a Milei como superficial, es por de pronto, muy exagerado si tenemos en cuenta su algún grado de formación académica.

Finalmente, los interlocutores exploran las raíces del mundo sindical argentino, su carácter crecientemente patrimonialista, sus concubinatos a partir de negocios como contratistas del Estado, etc. Incluso, cómo en «la vieja guardia sindical» argentina -citando López Göttig un estudio de Rubén Zorrilla-, el hijo de un sindicalista se casaba vía matrimonio civil y pretendía escalar socialmente, fuera del ámbito gremial y ahora, por el contrario, decide casarse vía Iglesia Católica y se convierte en sucesor de su padre, en el sindicato. Cualquier parecido con la familia Moyano, es pura coincidencia.

Respecto al futuro, Dons plantea un escenario complejo, testimoniando el enorme desencanto social con la gestión Macri, fracasada por la falta de visión de la realidad. Todo ello se agudiza con la enorme «politización de la política», esta especie de reinado de la hermenéutica, la interpretación permanente de lo que pasa. Sin embargo, se puede salir adelante si a la formación se le agrega la participación: a la ejemplaridad individual hay que sumarle la pública, para ser buenos ciudadanos. El desprecio a los sectores populares -a través de las veladas críticas a los «choriplaneros»- de parte por ejemplo de los vecinos de clase media de Recoleta que, de manera contradictoria, también rechazan ganar dinero por vía lícita, debiera dejar lugar una mayor formación e involucramiento con pensamiento crítico, en la cosa pública.

Aquí les dejo la totalidad del rico diálogo.