-
Entradas recientes
Comentarios recientes
- Marcelo Montes en UNA DECENA DE TOPICOS PARA ANALIZAR UN TRIUNFO INESPERADO
- Marcelo Montes en ESPEJOS DETRAS DE UNA RECIENTE SOCIEDAD POLITICA
- Marcelo Montes en JAVIER MILEI CONTRA LA UNIVERSIDAD PUBLICA
- Marcelo Montes en MI GRAN PASION FUTBOLERA: COLON DE SANTA FE (II)
- Marcelo Montes en UNA DECENA DE TOPICOS PARA ANALIZAR UN TRIUNFO INESPERADO
Archivos
- abril 2026
- marzo 2026
- febrero 2026
- enero 2026
- diciembre 2025
- noviembre 2025
- octubre 2025
- septiembre 2025
- agosto 2025
- julio 2025
- junio 2025
- febrero 2025
- enero 2025
- diciembre 2024
- noviembre 2024
- octubre 2024
- septiembre 2024
- agosto 2024
- junio 2024
- mayo 2024
- abril 2024
- marzo 2024
- febrero 2024
- enero 2024
- diciembre 2023
- noviembre 2023
- octubre 2023
- septiembre 2023
- agosto 2023
- julio 2023
- mayo 2023
- abril 2023
- marzo 2023
- febrero 2023
- enero 2023
- diciembre 2022
- noviembre 2022
- octubre 2022
- septiembre 2022
- agosto 2022
- julio 2022
- junio 2022
- mayo 2022
- abril 2022
- marzo 2022
- febrero 2022
- enero 2022
- diciembre 2021
- noviembre 2021
- octubre 2021
- septiembre 2021
- agosto 2021
- junio 2021
- mayo 2021
- abril 2021
- marzo 2021
- febrero 2021
- enero 2021
- diciembre 2020
- noviembre 2020
- octubre 2020
- septiembre 2020
- agosto 2020
- julio 2020
- junio 2020
- mayo 2020
- abril 2020
- marzo 2020
- febrero 2020
- enero 2020
- diciembre 2019
- noviembre 2019
- octubre 2019
- septiembre 2019
- agosto 2019
- julio 2019
- junio 2019
- mayo 2019
- abril 2019
- marzo 2019
- febrero 2019
- enero 2019
- diciembre 2018
- noviembre 2018
- octubre 2018
- septiembre 2018
- agosto 2018
- julio 2018
- junio 2018
- mayo 2018
- abril 2018
- marzo 2018
- noviembre 2017
- octubre 2017
- septiembre 2017
- agosto 2017
- julio 2017
- junio 2017
- mayo 2017
- abril 2017
- marzo 2017
Categorías
Etiquetas
Alberto Fernández Alemania Argentina Brasil Buenos Aires CFK Chile China cine Córdoba democracia EEUU España Estados Unidos Europa Francia fútbol globalización Gorbachov Gran Bretaña guerra II Guerra Mundial Inglaterra Italia liberalismo Macri Maradona Milei Moscú mundo música Occidente OTAN pandemia peronismo política Putin Rusia rusos Santa Fe Trump Ucrania UE Unión Europea URSS
Vídeos
No hay comentarios
DOS PROTAGONISTAS DE LA REVOLUCION FRANCESA
EL «WALT DISNEY» ARGENTINO
«Mientras al chico le des imaginación, le des aventura y le des personajes buenos y malos…El chico en esencia es bueno, es travieso, pícaro, lo que pasa es que los mayores les informamos con otro método. Y creemos que son más inteligentes, porque les damos mucha más información, pero eso no quiere decir que estén maduros. El chico tiene los mismos móviles siempre: la ambición, el querer, el poseer, el coleccionar…Los móviles de aventuras, de imaginación, de deseos, son los mismos» (Entrevista a Manuel García Ferré, Diario Clarín, 2012).
Imposible saber si nuestra generación de los nacidos en los años ’60 está al menos, más fortalecida y cuenta con mayor templanza para afrontar las situaciones difíciles de la vida individual y colectiva, que las generaciones de nuestros hijos y alumnos, llámense como se llamen, «Y» o «Z». La hipótesis afirmativa corresponde al actor y cineasta norteamericano, Clint Eastwood, conocido por sus posiciones «neocon» que ha catalogado sin prurito alguno, de «maricas»a los actuales jóvenes pero también a otro veterano, profesor de judo ruso, quien considera que las viejas generaciones eran más resistentes a pesar -o a causa- de las adversidades afrontadas mientras que a los actuales jóvenes si bien, sobre todo, pensando en la tecnología, la vida se les ha facilitado enormemente.
No tengo herramientas teóricas para sustentar esa hipótesis, a veces, suelo inclinarme a ella, otras veces, me alejo, pero sí puedo ensayar un análisis de cómo nos fuimos formando como generación. Allí aflora la socialización escolar que claramente a mí me impactó sobremanera -ya lo he explicado en estas páginas- pero también la mediática del contexto temporal en el que vivimos.

En ese campo, no puedo dejar de subrayar el rol que jugó un historietista argentino, llamado Manuel García Ferré (1929-2013). El no era argentino, concretamente había nacido en Almería (España), al borde del Atlántico y arribó al país, escapando de la Guerra Civil española en 1947.

El aporte de García Ferré fue como dibujante de historietas con personajes de una gran candidez humana, ternura, buen gusto y otros atributos que los hacían queribles y recordables. No pocos «buenos» como «Hijitus», «Anteojito», «Antifaz», «Calculín», «Trapito», «Pi-Pío», «Oaky», «Larguirucho», «Pichichus», «Gold Silver«, el «Boxitracio», «Cachavacha», «Petete», el «Comisario» y algunos «malos» como «Neurus», «Pucho» y «El Hampa». Todos contribuyeron a través de micros televisivos por las tardes y noches más revistas especiales útiles en términos de didáctica para la educación primaria, a nuestra formación dentro y fuera de las aulas. Cabe subrayar que tales productos eran absolutamente privados. No había ningún Canal estatal Paka Paka o Encuentro, en un contexto de mucho menor oferta televisiva, apenas unos pocos canales de aire, sin siquiera cable hasta mediados de los ochenta y desde ya, sin Internet. Sí había un empresario uruguayo, Constancio Vigil (abuelo) que creyó e invirtió en el dibujante hispánico.
A la contribución singular de García Ferré, un autodidacta como dibujante precoz a orillas del mar, que se extendería hasta 1999, cuando fue precandidato como cineasta para ser nominado al Oscar con «la tortuga Manuelita» (de Pehuajó y creada por María Elena Walsh), con la que atraería a millones de niños como mis hijos en esa época, que nacieron dos décadas o dos décadas y medio después que yo, la resumiría en una sóla expresión: la ampliación de nuestra imaginación. Claro, con el ya voluminoso sustento de la literatura infantil clásica de Julio Verne, Emilio Salgari o Robert Louis Stevenson, entre otros, nos resultaba mucho más fácil, traspasar límites mentales, crear escenarios, valorar personajes, interrelacionar contextos, en suma, volar, sin necesidad de estar físicamente en tal o cual lugar. Esa extensión de la imaginación nos serviría en todo sentido, para nuestra vida adolescente y adulta: excepto el cambio tecnológico que nos insta a ser más prácticos, toda nuestra vida familiar, laboral y profesional, se remite a todo lo aprendido en aquellos años dorados de la infancia.
Tal vez, esos reinos de la fantasía, expliquen también el gran éxito de muchos adultos con la generación de videojuegos y software especial para el entretenimiento, que permite el ingreso de no pocos millones de dólares genuinos para un país ávido en tal sentido. Digo esto, para no caer en el recurso fácil de la literatura o la misma docencia, que a muchos hoy nos atraviesa, para formar a las nuevas generaciones. Quizás, no las quiero juzgar, pero éstas carezcan de esa pizca de ingenio, intuición, ingenuidad y hasta atracción por las historias, por estar excesivamente influidas por los efectos especiales.
PD: en la denostada -por el kirchnerismo- década del noventa, García Ferré invirtió gran parte de su dinero ganado con los personajes tradicionales, en una editorial propia que publicó dos revistas, también dedicadas a la ampliación de conocimientos educativos y científicos, como «Ser Padres Hoy» y «Muy Interesante».
YUL BRYNNER Y BORIS YELTSIN: LA RUSIANIDAD A PLENO
FRANCIA RENDIDA AL NAZISMO: EL MITO DE LA RESISTENCIA
MAURICIO MACRI ROMPE EL SILENCIO
EL DEPARTAMENTO Q: «ALGO HUELE MAL EN DINAMARCA»
El igualitarismo económico no necesariamente deriva en igualdad política sino por el contrario. Hasta podría afirmar que tampoco garantiza el objetivo que se propone. En este sitio, hemos insistido en la insuficiencia e imperfección del modelo igualitarista de las sociedades escandinavas. Son países que están primeros en los rankings mundiales de felicidad aunque dudo de esos parámetros. Son países que disfrutan de niveles de bienestar, parejos para todos y todas, pero claramente a juzgar por el cine policial que comentaré en estos párrafos, por ejemplo, de manera similar a Suecia, Dinamarca, parece seguir siendo una sociedad de abusadores (de todo rango) y abusados.

La saga de los casos del Departamento Q, un grupo especial de la policía danesa, es sencillamente brillante. Las cuatro películas que la constituyen, a lo largo de los últimos siete años, no han dejado dudas respecto a aquellos abusos de los más poderosos sobre los más débiles. Allá la diferencia no la plantean las clases, los más ricos y los más pobres, sino diferentes estratos: cierta elite que va a colegios de primer nivel, como si se tratase de una sociedad premoderna, del siglo XVII o XVIII, con cofradías que unen violadores y asesinos potenciales; curas protestantes que pretenden disimular abusos infantiles de los que buscan escapar, cometiendo ellos los mismos abusos pero en la vida adulta, en nombre de Jesucristo; médicos enfermos psicópatas y fundamentalistas de la eugenesia, al servicio de la sociedad bienestarista, discípulos de Karl Kristian Steincke, que abortaban a jóvenes liberales, sin moral suficiente para tener hijos sanos a la sociedad danesa igualitaria y ahora, hacen lo mismo con mujeres musulmanas, indignas de vivir en el paraíso danés, para luego esterilizar a ambas, sin consentimiento; cuando no, viejas venganzas por traumas en la infancia, que se relacionan con la muerte de padres en accidentes automovilísticos.




Semejantes historias, pesadas, shockeantes, con dolores acumulados en el tiempo que tienden a explotar en algún momento, son recorridas, investigadas y dilucidadas por una pareja de detectives, muy particular, con Carl Möck y un inmigrante sirio nacionalizado danés llamado Assad, tan contrastante como simpática, con una asistente pelirroja, Rose, tan eficaz como ellos, aunque desde el escritorio.
La saga es altamente recomendable, sobre todo en tiempos de cuarentena dura, en especial, para los ilusos e ingenuos progresistas que todavía creen en las bondades del modelo sueco, danés o noruego, como si fueran la panacea de la vida humana y social. Envidio sanamente la valiente autocrítica danesa, puesta de manifiesto en estos cuatro thrillers.
KALININGRADO Y SUS 765 JOVENES AÑOS
LA BABUSHKA DEL BAIKAL
«SIAMO FUORI DELLA COPA»: 3 DECADAS DESPUES
En numerosas ocasiones de la vida, uno suele estar en el lugar justo en el tiempo apropiado. En el deporte, ello también es factible. Mientras a algunos se les negó siquiera la oportunidad de estar -recuerdo tanto al nacido colombiano pero nacionalizado argentino ex arquero de Boca y Vélez, Carlos Fernando «Mono» Navarro Montoya como al propio Hugo Orlando «Loco»Gatti, que no pudieron disfrutar de la Selección Nacional, salvo en el caso del segundo, algunos amistosos de 1976-, otros pudieron hacerlo y disfrutarlo. Es el caso del por entonces chico de River, el guardameta suplente, oriundo del pueblo bonaerense de Lima, Sergio «Vasco» Goycochea, quien gracias a una lesión del titular Nery Pumpido en el segundo partido del Mundial de Italia 1990 contra la ex Unión Soviética, pudo debutar y luego consagrarse en dos partidos consecutivos, contra Yugoslavia en cuartos de final y contra el local Italia, en la semifinal, para permitirle a la Argentina jugar su segunda final en 8 años contra Alemania.
Todos recordamos con especial devoción aquel Mundial, porque su carga emocional fue significativa: desde su banda sonora («Un’estate italiana») a cargo de Edoardo Benatto y Gianna Nannini -la hermana de Alessandro, el ex piloto de F1-, pasando por el decepcionante debut con Camerún, haberle ganado a Brasil en octavos de final, habiendo sufrido todo el partido, las lesiones de Maradona y medio equipo, ya de antemano diezmado y de poca calidad, los insultos del ídolo a los italianos cuando entonábamos el himno y por supuesto, culminando en los penales de «Goyco». Cómo olvidar semejante proeza, que finalmente se frustraría con la derrota por un discutido penal en la final con los teutones.
Con el análisis de Don Pedro Carcuro, el genial comentarista de TVN (televisión oficial chilena), recordamos este video de aquél emocionante partido semifinal entre italianos y argentinos.
Un dato: Goycochea nació un 17 de octubre -como yo- pero de 1963.
