«GREYHOUND»

La Batalla del Atlántico es más conocida por los combates aéreos entre la Lutwaffe alemana y la Royal Air Force pero es bastante ignorada la guerra que se libró entre barcos aliados y submarinos alemanes, sobre todo, en ocasión de la protección de aquéllos, brindada a los convoyes de la Marina Mercante. Unos 3.500 navios fueron hundidos provocando la muerte de 72.200 almas en el Mar del Norte en esa oscura etapa de la II Guerra Mundial.

«Greyhound: en la mira del enemigo», la película estrenada este año, producida y protagonizada por Tom Hanks, tiene el mérito de reflejar aquellos días en el mar. La historia se centra en el capitán del Greyhound, un navío americano que deberá proteger un convoy, del ataque de los U-Boat germanos. Seis de ellos atacarán por las noches, a los barcos ingleses provocando las dudas del capitán primerizo en esas lides aunque luego, con la promesa de cobertura aérea, logrará revertir el resultado, hundiendo a cuatro. El orgullo de la tarea encomendada y la satisfacción de haberlo hecho con honor y magnanimidad, son virtudes relevantes para un hombre religioso, como el líder protagonizado por Hanks.

Sugiero ver la película por su carga humana y su aguda descripción de hechos verdaderos en alta mar en aquellos aciagos días de 1942, para entender el heroísmo en silencio de aquellas generaciones que lo daban todo por su patria, pero sobre todo, por su deber.

HAPPY BIRTHDAY FOR»THE BOSS»!!!!!!!

Una enorme vigencia, una formidable capacidad para sobreponerse a malos momentos, un monstruoso despliegue en el escenario, un gran amor a su patria, Estados Unidos pero sobre todo, a su familia y su mujer, Patti Scialfa, quien tocando la guitarra, comparte con él, su banda E-Street. Bruce Springsteen nos deleitó y deleita durante ya más de tres décadas, con su potente voz, a generaciones enteras.

He aquí mis canciones preferidas. Cuando empieza el mes de Libra, felices 71, Bruce!!!!

TE VAMOS A EXTRAÑAR «VENGADORA»

Sutil, inteligente, bella, divertida, discreta, elegante, seductora. Tan pequeño y sabía apreciar semejantes dotes en una mujer. Claro, Diana Rigg (alias la Señora Emma Peel) hacía una pareja perfecta con Patrick MacNee (alias John Steed), el hombre del sombrero bombín y el paraguas. Con tan poco, podía imaginar la forma de vida inglesa, el clima húmedo, el binomio de los buenos y los malos, pero sobre todo, la elegancia, la delicadeza, el buen gusto, el aire de «bon vivant» de ambos brillantes actores británicos.

Por eso, cuando hoy ella nos dejó, a la edad de unos jóvenes 82 años, una lágrima recorrió mi mejilla, pero también una sonrisa. Era un ícono feminista (en tiempos de no feminismo) pero fue quizás, la primera mujer de la que me enamoré perdidamente, aún en una pantalla de TV y siendo un niño absolutamente inocente. Ojalá esté «jugando al gato y al ratón» con Patrick MacNee (fallecido en 2015), allá, en algún lugar que los cobije, con ese humor sarcástico, esa sagacidad, ese formalismo que tanto los caracterizaba a ambos.

Recordando esa Gran Bretaña bella, aristocrática, que parece entrar en un ocaso definitivo.

 

EL DIA QUE LA F1 NOS HIZO EMOCIONAR

Desde 2018 que la F1 no nos daba espectáculos más o menos dignos. El dominio de Mercedes Benz y Lewsi Hamilton era abrumador y Ferrari se hunde en el fondo. Salvo el holandés Max Verstappen, nadie les daba pelea. Hoy en una Monza semivacía, con Vettel más filántropo que piloto, regalando sus ingresos para financiar a 200 médicos y paramédicos del Servicio de Salud del Ejército italiano, homenajeados por su encomiable labor en la lucha contra la pandemia, ganó por primera vez el francés Pierre Gasly, en un AlphaTauri (ex Toro Rosso), una marca del final del pelotón, que no triunfaba desde 2008, también con Vettel.

La carrera fue tremenda porque tras el accidente de Leclerc, Hamilton fue sancionado con 10 segundos por lo que quedó fuera de competencia por el primer lugar ya a la mitad. Eso facilitó una pelea más pareja entre Gasly, Bottas y los Mc Laren de Sainz (hijo) y Norris, con un buen tercer lugar a cargo del canadiense Stroll. El español también ilusionó a todos en la Península Ibérica con su primer triunfo pero tuvo que contentarse con el segundo lugar, llegando a pocos metros de Gasly, en un Mc Laren que no gana desde 2012.

Así, la F1 nos regaló hoy, una mañana (o tarde) de grandes emociones, con un podio joven que anticipa recambio de pilotos, donde por fin, se volvió a escuchar la Marsellesa, luego de muchos años sin un francés ganador y donde se despidió el equipo Williams, una empresa familiar donde Claire, sustituyó a su padre Frank, hacedor de tantos éxitos, campeones y subcampeones, como nuestro «Lole» Reutemann. Ojalá se repita más a menudo hasta el fin de este año tan anormal por el Covid19.

EL NIÑO QUE TODOS LLEVAMOS DENTRO

Este domingo se festeja como todos los terceros de agosto de cada año, el Día del Niño en Argentina. Este es muy particular porque se da en un contexto de cuarentena generalizada, con ciertas reaperturas pero parciales y jamás integrales. Por ejemplo, los niños han tenido que seguir formándose en sus hogares, porque el gobierno nacional y los provinciales, salvo San Juan esta semana que termina, decidieron mantener cerradas las escuelas para el cursado lectivo. Esto supuso además de una gran desigualdad en el acceso a conexiones digitales, una enorme carga adicional, laboral y mental para los padres, que debieron oficiar súbitamente de maestros full time. También -y esto es lo más importante-, afectó y afectará gravemente la salud mental de los propios infantes. Con sólo ver en CABA, mientras estábamos varados, sus caras tristes, histerias y ansiedades reprimidas, a lo largo de los llamados «paseos recreativos» los fines de semana, durante mayo, cuando fueron autorizados por el alcalde porteño Rodríguez Larreta, bastaba para evaluar el enorme trauma de por vida, que les quedará por vivir esta tremenda experiencia.

Mi homenaje hoy, entonces, será a ellos, pero a través de los que yo tuve. Los rosarinos, Verónica, casi socióloga, más parecida a mí en carácter, Tomás, casi profesor de Física y el villamariense Nicolás, el más realista y con un sentido del humor y el sarcasmo que me supera, han podido tener una niñez envidiable en Villa María, una ciudad cordobesa del centro del país, para luego crecer con su madre, en la hermosa Mar del Plata, donde ya hacen y harán, seguramente, sus vidas. De mi parte, los cuidé hasta que nos separamos de común acuerdo, hace ya una década, pero siempre, motivándolos en libertad, lo cual redundó para que años más tarde, tomen sus propias decisiones y y formas de vida, que más les conviniera, aún en contextos de restricciones económicas, de las que me hago cargo en lo que me corresponda. Seguramente, esas circunstancias les dan y darán la fuerza moral necesaria para transitar las próximas décadas de sus vidas respectivas.

Pero más allá de la dureza estoica o mi reproche de ser «maduros», nunca han perdido esa alma de niños, de poder disfrutar de cada minuto, sin preocupación por el siguiente, de reír descaradamente, de jugar ya no con muñecas o autitos o videojuegos, sino de mirar y obnubilarse con películas de Disney o, simplemente, disfrutar del mar con su madre, que les festeja cada cumpleaños como si aún fueran pequeños, con tortas y cotillón especial.

La niñez en cada una de nuestras almas, nunca muere. Es más, es lo que nos mantiene vivos, la mayor parte del tiempo. Me atrevería a agregar que nos extiende la vida, mejor que cualquier medicina. Qué otra cosa podríamos decir, por ejemplo, de nuestro querido «Carlitos» Balá, que nos hizo reír ingenuamente, tal vez, en nuestra infancia, que esta semana, cumplió 95 infantiles años. Por muchos más y mucha más niñez en nuestras almas.

Aquí, un video con los uruguayos Espalter y D’ Angelo. Inefables, pícaros, sin golpes bajos.

 

UN WEBINAR CON MATIAS LONGONI: EL GRAN APORTE DEL CAMPO ARGENTINO

Luego de una serie de protestas de productores lácteos al borde de las rutas nacionales en el invierno de 1999, cuando solía viajar ida y vuelta entre Villa María (Córdoba) y Rosario (Santa Fe), para cumplir con obligaciones profesionales de aquella época, casi nueve años después, volvería a ver dicho espectáculo pero multiplicado por varias ciudades y pueblos más, incluyendo soja, trigo y hasta ganadería. Producto de la decisión del Presidente Néstor Kirchner de primero, fijar cupos a la exportación de carne vacuna para asegurar stocks ganaderos y precios mínimos al consumo de carne doméstica y segundo, vía, la polémica Resolución 125, en un esquema de retenciones móviles, aumentar estos impuestos a la exportación a la soja y derivados, en un contexto de boom de precios internacionales -el mayor en 150 años de historia argentina-, los productores volvieron a salir a las rutas, incluso con un nivel de acatamiento a sus paros y cortes, más exposición mediática, como nunca antes habíamos visto, los argentinos, nacidos y criados en ciudades. Estamos hablando de Argentina, un país donde se da la triste paradoja del sector más productivo y competitivo incluso a nivel internacional, conviviendo con uno de los rangos más altos en materia de urbanización.

Los niveles de violencia verbal y actoral más el desabastecimiento puntual de leche y derivados, en aquellos aciagos días de marzo de 2008, impactaron fuertemente en las clases medias urbanas del país, lo cual llevó a un grado de polarización nunca visto, entre la ciudad que se dividió entre los favorables al gobierno nacional kirchnerista y aquellos que defendimos la causa del campo, que también tuvo la habilidad comunicacional de identificarse tal vez, tardíamente, con la nación y la familia, valores algo perdidos a lo largo de las décadas. El resultado de tales jornadas de enfrentamiento político, realmente estériles, fue el voto del Vicepresidente Julio Cobos, que terminó desempatando en contra de su propio gobierno y a favor de la oposición política del campo como sector, en una pulseada que determinó que no se aplicara la suba de la retención hasta el 35 % sino que por supuesto, implicó la primera gran derrota política del kirchnerismo, a poco más de cinco años de haber asumido, incluyendo la caída de un tal Alberto Fernández como Jefe de Gabinete de Néstor Kirchner, por haber propiciado supuestamente, el diálogo y no la confrontación. Esa victoria alentó la conformación de un bloque político que aglutinaría a radicales, con peronistas moderados como Felipe Solá (actual Canciller de Fernández, hoy Presidente) y el empresario colombiano De Narváez y proístas como Macri y Rodríguez Larreta, que ganaría las elecciones parlamentarias de medio término de 2009 dejándolos con expectativas inmejorables para 2011. La muerte de Néstor pero sobre todo, el quiebre de esa coalición opositora en 2010 y el insólito voto del campo a CFK  más la deserción de Macri en 2011, contarían el resto de la película de la supervivencia del kirchnerismo hasta 2015. De todos modos, como el país, nunca la hegemonía de unos y otros, pudo permanecer o imponerse.

Aquel fue un empate técnico, con una leve inclinación hacia un lado o hacia el otro de la grieta, pero sin finalmente, como también suele repetir el economista de la UTDT, Pablo Gerchunoff, cambiar la estructura social agropecuaria del país, que necesita divisas frescas por un lado para pagar sus compromisos externos como deudor serial que es, pero al mismo tiempo resolver su déficit alimentario (en calorías) en clases bajas y su pésima dieta en ese rubro, incluso en los hijos de la clase media urbana (obesidad) y problemas ecológicos (degradación de los suelos, producto del extractivismo sojero).

Claro, el gobierno de Macri, sí, el hijo de un empresario industrialista y desarrollista, por ende, supuestamente antagónico con el campo, producto de la vieja, superada y hasta falsa antinomia campo-industria, prometió y cumplió con la rebaja de retenciones, incluso favoreciendo algunas explotaciones como las del maíz, en detrimento de la soja. Ni hablar del boom ganadero que provocó, eliminando las distorsiones y trabas que había pergeñado el cavernícola de Guillermo Moreno como Secretario de Comercio, para exportar carne vacuna a mercados tradicionales pero también alternativos, demostrando que es absolutamente falso el dilema de exportar y traer dólares y garantizar el «asadito» para los argentinos a precios razonables. Porque en realidad, todo se trata de incentivos. Con unos pocos incentivos institucionales, impositivos, burocráticos, el campo argentino y particularmente, la ganadería, reacciona favorablemente, de manera rápida y eficiente, a pesar de que hay que esperar a un proceso lento de cría y engorde de las especies. Imaginemos el shock que se produciría si hubiera una verdadera, única, integral y duradera política de Estado para el sector.

Es que es este distanciamiento absurdo entre el campo y la ciudad en Argentina, es en el fondo, epistemológico, de desconocimiento mutuo. El kirchnerismo y buena parte de la clase política argentina, jamás entendió ese proceso, que demanda trabajo, esfuerzo diario, paciencia, mucha vulnerabilidad, porque está sometido a cambios climáticos de largo plazo pero sobre todo, de corto -una lluvia, un granizo, una nieve, una sequía larga, como la que vivimos ahora mismo en Córdoba y buena parte de la llamada «Pampa Gringa»-. Porque excepto el mencionado Solá, ingeniero agrónomo de profesión, hoy improvisado como Canciller o De Angeli o Buryaile o Etchevehere, se trata de una gran mayoría de adultos criados como jóvenes en las ciudades, lejos del campo, beneficiándose de los productos de éste, pero sin jamás entender ni estudiar el verdadero aporte del campo a esa ciudad y la Nación entera.

Mucho menos, jamás entendí a mi ex esposa, arquitecta egresada de la UNC pero criada  en un pueblo de 5.000 habitantes que vive del campo, despotricando contra los «gringos» (productores agropecuarios), por comprarse una «chata» o pickup o camioneta Ford u hoy, Toyota Hilux o invertir en departamentos en Córdoba. Así sucesivamente, tampoco entendí a ex alumnos universitarios, leyendo libros de Economía o Sociología Rural, formados en la diatriba contra la «oligarquía» agropecuaria y mucho menos, admirar a antropólogas e historiadoras de este corazón de la «Pampa Gringa» que atacan al proyecto agroexportador de la «Generación del Ochenta» y por el contrario, reivindican al gaucho o al indio asesinado o marginado por ese «macabro plan exterminador», siempre en términos de una antinomia absurda, que atrasa el debate, porque impide ver todos los grises que hay en el medio.

Porque claro, la realidad es la que trajo a colación Matías Longoni hoy en un fenomenal webinar, por cómo «nos abrió las cabezas» y éste es tal vez, uno de los únicos efectos positivos de esta pandemia, la posibilidad de contar con analistas o periodistas de lujo, que conocen el sector, mejor que los propios políticos y dirigentes ruralistas. A Longoni, lo conocí en el mismo 2008, en medio de la crisis del campo, y desde ese momento me sorprendió por la lucidez y claridad con la que describía el fenómeno rural en Argentina, destruyendo uno por uno, los mitos, con los que, primero, en los años ochenta, radicales alfonsinistas, los de la Franja Morada y la Junta Coordinadora Nacional -sí, los Jesús Rodríguez, los Marcelo Stubrin, los Jaroslavsky, los Suárez Lastra, los Laferriere, los Raimundi, los Leopoldo Moreau -muchos de ellos hoy en Juntos por el Cambio con Macri, excepto los dos últimos en el kirchnerismo- y en los dos mil, los kirchneristas, edificaron sus proyectos de reforma agraria, impuesto a la tierra «libre de mejoras» y aumento de las retenciones, entre otras «locuras». Longoni fue el gran artífice de las investigaciones y denuncias contra las irregularidades de la ONCCA (Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario), el organismo regulador del kirchnerismo, bajo la jefatura del polémico abogado Ricardo Echegaray, luego detenido por asociación ilícita y enriquecimiento ilícito (en su gestión de la AFIP) -recientemente sobreseído-.

Irracionalidades, al igual que la reciente expropiación de Vicentín o la proyectada YPF Agro como «empresa testigo» o, la misma Ley de Humedales, que no lo son tanto, si se discutieran en el marco de una política agropecuaria integral, con incentivos a la producción, con retenciones móviles y diferenciadas según esa misma producción, para evitar el extractivismo, con subsidios puntuales, no indiscriminados, para evitar tensiones inútiles y calmar a las organizaciones ecologistas de la ciudad, por ejemplo, para realizar las inversiones necesarias para no degradar los suelos o evitar las quemas o favorecer las granjas agroecológicas o retener a las miles de familias frutihortícolas en el Alto Valle del Río Negro, evitando los excesos megainmobiliarios. Porque en todo ello hay razonabilidad siempre y cuando se piense en favorecer a productores que luchan por sobrevivir, en un proceso de urbanización que no se detuvo nunca en siete décadas, primero en el marco del insensato y desmedido proceso de sustitución de importaciones que terminó favoreciendo la megalomanía del conurbano bonaerense, más el hacinamiento invivible de sus ciudades, algo que la clase política ignorante del campo, alentó y aprovechó, además y en segundo término, tuvo que soportar la «demonización» académica, como si el productor, fuera el victimario de este proceso, cuando en realidad, es la víctima, de otros eslabones de una cadena rentística (grandes exportadoras, pooles de siembra, feedloteros, arbitrajistas, supermercados, etc.). Para colmo, de nuevo, todo ello, con la diatriba de los profesores de la UBA, como suele repetir Longoni, en la que se suele estigmatizar al productor agropecuario, como si fuera el viejo «oligarca»  terrateniente, con la ignorante de CFK resonando en mis oídos, acerca de «los piquetes de abundancia», para referirse peyorativamente a los ruralistas asentados en carpas y fogones, a la vera de los caminos, en aquel frío invierno de 2008.

Realmente, Longoni, hoy, nos dio en un par de horas amenas, una clase condensada de Sociología Rural, de Economía Agraria, de Historia Política, de Medio Ambiente, hasta de Comercio Internacional, cuando se refirió al proyecto de inversión millonaria de los chinos para cría de chanchos y exportación de carne porcina, un mercado que irresponsablemente, por falta de políticas de Estado, los argentinos, a pesar de nuestra retórica nacionalista, terminamos cediendo a extranjeros. Son nuestras absurdas contradicciones, por el erratismo crónico, por nuestros ideologismos estúpidos, por las pésimas y torpes ejecuciones de medidas por parte de los kirchneristas. Los que hicieron que por tanto hablar de los pooles de siembra, ya éstos dejaran de ser rentables y Grobocopatel, el otrora zar de la soja, hoy se dedique a tener todo concentrado en una empresa de agroquímicos. O que la improvisada jugada de Fernández de expropiar Vicentín, terminada ayer en un fiasco, en nombre de «la soberanía alimentaria», que no estaba en juego realmente, derive en la venta a Glencore, una multinacional extranjera. Porque, a fuerza de ser sinceros, toda la clase política sabía hacía largo rato, del «descalce» de los osados del Grupo exportador de Avellaneda y que habían dejado a Bancos y muchísimos productores, sin cobrar sus acreencias. Tanto Macri como Fernández, fueron cómplices de esa estafa, negociaron una transición de cuatro meses, en medio de ese desfalco y jamás ordenaron a sus equipos respectivos, para que anticiparan una solución viable para evitar llegar a esta situación indeseable -aclaramos, en el marco de una ley que permitió tal estafa, que data de la época de la dictadura del General Videla-. Aquí, según parece, tampoco hubo grieta alguna.

Como tampoco y con ello, voy terminando, la dirigencia ruralista estuvo a la altura de las circunstancias. La llamada «Mesa de Enlace»‘, «salvó la ropa» gracias a Eduardo Buzzi (Federación Agraria), un líder de gran exposición en la crisis de 2008 pero que luego, gracias a sus oscilaciones políticas y demás factores, hoy quedó relegado a ser dirigente de un club de fútbol del interior, de tercera división. Jamás, en los años de Macri, con toda a favor, con dos Ministros de Agricultura, oriundos del sector, se pudo motorizar y concretar un recambio dirigencial y mucho menos, algo fundamental, una ley que le asegure al lobby gremial rural, una unificación de las cuatro entidades (FAA, CRA, Sociedad Rural y Coninagro), con el mismo o mayor peso institucional que la UIA, proporcional a su gravitación económica. La Argentina se da esos lujos insólitos, de quemar liderazgos políticos y arriesga seguir perdiendo capital social, con los productores ya abuelos, sin descendencia, con sus hijos y nietos emigrados a la gran ciudad, a estudiar Sociología o Ciencia Política.

Por todo ello, no queda otra, termina Longoni, que optar por un minimalismo realista: bajar la cabeza, evitar la confrontación y relegando a «las damas», por ejemplo, tanto la «Gran Dama» CFK, que necesita descomprimir, si quiere asegurar sus proyecto político, como del otro, la Mesa de Enlace y de la mano de la gran necesidad económica de urgencia financiera, con el marco de la negociación resuelta con los bonistas, teniendo la excusa ecológica enfrente (sequía, Ley de Humedales), acordar con el gobierno y el Congreso, una gran política de Estado que gire en torno a una agenda innovadora de grandes temas: impositivo (retenciones), medio ambiente, banco de tierras, despoblamiento, una nueva Ley de Arrendamientos, subsidios de pequeños productores, etc. El primer paso ya se dio y hay una foto elocuente de ello: la reunión de la pragmática CFK con los directivos del Consejo Agroindustrial Argentino (CEA). Para Longoni, es la única manera de dar un salto rápido y hacia delante, si es que se viene otro viento favorable de cola, otra vez, gracias a China y post pandemia.

Porque el campo argentino una y otra vez, a lo largo de la historia, fue leal a su país. En toda la cuarentena, gracias a él, junto a los transportistas, como lo vimos en el Canal Rural y lo escuchamos en el programa radial de Longoni, «Bichos de Campo» en AM Rivadavia, desde el 20 de marzo, nunca dejó de trabajar y operar, nunca dejó de abastecernos, nunca dejó de alimentarnos. Quizás, en un contexto de destrucción empresaria, con la mitad de los argentinos en situación de pobreza, que arrastró esta «cuarentena china» de Alberto Fernández, no es hora de que la ciudad y la clase política le devuelva algo por esa lealtad incondicional? No es hora de demostrar que la oportunidad histórica del 2008 no fue en vano?

UNA «BALA PERDIDA» DE ORIGEN FRANCES

Desde «Contacto en Francia» y aún pasando por los «Ríos de color púrpura», no me veía gratamente sorprendido como con el estreno de Netflix -al que no adoro como la mayoría- del 19 de junio pasado.

Se trata de «Balle perdue» (en francés) o «Lost bullet» (en inglés) o «Bala perdida», un film policial que tiene todos los aditamentos – y más- para ser la revelación del año, por su guión, su fotografía, efectos especiales y una actuación convincente de sus protagonistas como Alban Lenoir en el papel del ex convicto y mecánico Lino, Nicolás Duvachelle como el oficial corrupto ligado a narcos y la morena Stéfi Celma, como la compañera del primero.

Dirigida por Guillaume Pierret, ya ha batido todos los récords en la teleaudiencia europea y va camino a ser la competencia de «Rápido y furioso» pero en versión del Viejo Mundo. Cabe subrayar que está ambientada en hermosos paisajes de la región de Sète, cerca de Montpellier, al sur de Francia. Auspician dos productos típicamente galos, como Renault y Carrefour pero bueno, la perfección no existe. A no perdérsela.

Trailer en versión anglosajona:

Trailer en versión francesa:

TRES DECADAS DEL FESTEJO MUSICAL DE POSTDAMMER PLATZ (BERLIN)

Hace 30 años, Roger Waters, el emblemático líder de Pink Floyd, le hizo un merecido homenaje a la Caída del Muro de Berlín el 21 de julio de 1990. Organizó un gran festival de rock and pop, con la presencia de Phil Collins, Sinead O’Connor, Cyndi Lauper, Bryan Adams, Scorpions, entre otros.

El símbolo de «The Wall» y «Otro ladrillo en la pared» había tenido una militancia activa en contra de los autoritarismos y los derechos humanos en el mundo, aunque con algunas contradicciones posteriores, por lo que su iniciativa tuvo un enorme éxito.

Aquí les dejo tres videos, no del recital citado, sino tres presentaciones en la mencionada Berlín, de Collins (en 1990), Scorpions (en el año 2000) y Adams (en junio del año pasado), que son mis preferidos de la lista de aquel día histórico.