FEMINISMO RADICAL: EL FINAL DE LA INOCENCIA

La causa feminista goza hoy de muy buena salud, al menos en una parte del mundo, a pesar de una trayectoria con no pocos vaivenes. Tras un comienzo algo fulgurante en los tumultuosos años sesenta y setenta, donde mujeres pero también hombres, tras el revolucionario «baby-boom» de los cincuenta, filosofaron y predicaron la necesidad de una revisión de la historia humana en función de la manifiesta desigualdad sexual, aquel movimiento que no tardó en traspasar a la arena política fue perdiendo el vigor inicial. Mientras en el mundo occidental, se consolidó en Europa en los ochenta y noventa, provocando una fenomenal crisis de los matrimonios y la monogamia, tuvo altibajos en Estados Unidos donde la revolución conservadora reaganiana le puso cierto coto, de la mano de las iglesias protestantes electrónicas. Tardó bastante en llegar a América Latina, recién ahora y muy selectivamente. En el resto del globo, no existe: en Africa, donde el reino tribal vulnera hasta el clítoris de las mujeres, como si viviéramos aún en la Antigüedad y Asia, sobre todo en el Islam, nadie se pregunta por los derechos del sexo femenino.

Sin embargo, el movimiento «Me Too», que se engendró en el particular mundillo cinematográfico de Hollywood, parece haber resucitado a las banderas feministas. Precisamente, en el «paraíso» erigido de la manipulación sexual, Actrices ya maduras, denunciando «pecados» ocultos de juventud (o adolescencia), persiguiendo abusadores y violadores, entre sus productores y compañeros de actuación, no sólo le dieron visibilidad a sus dramas particulares sino que sobre todo, recuperaron algunas dosis de fama. Porque claro, no se puede omitir que el momento actual, de la mano de la revolución tecnológica, es particularmente estimulante para la rápida y generalizada mediatización del fenómeno, lo cual acarrea daños colaterales, no deseados sobre los victimarios pero también sobre las mismas víctimas, aunque crean ellas y sus abogados, que los esperan más dólares y fama a la vuelta de la esquina.

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UN G20 CON ALGUN ALIVIO ARGENTINO

Pasó el G20 por Argentina, más precisamente por Buenos Aires y está claro, que cobra una dimensión especial, ver juntos a los 20 Jefes de Estado que representan a dos tercios de la población mundial y el 85 % del PBI global. Tanta presencia internacional masiva no se veía en el país desde el Centenario (1910), cuando Argentina era digna de elogio en todo el mundo, recibiendo millones de inmigrantes y convirtiéndose en tierra de oportunidades y progreso.

Claro, muy diferente a ésta Argentina, que venía precedida de la incapacidad para organizar con éxito y en paz, un simple partido de fútbol y a pocas horas del inicio de la Cumbre, el asalto a plena luz del día, a John Kirton, un economista e investigador canadiense, experto en temas como el G20. El «anillo de seguridad» en torno a los lugares, edificios y hoteles, donde se moverían los primeros mandatarios, en la exclusiva zona del Barrio de Recoleta, el más bonito de Buenos Aires; el fuerte operativo con aporte militar extranjero; la interna policial resuelta entre la Nación y la CABA; más el pacto de no agresividad en las protestas anticumbre, con las organizaciones sociales vernáculas, finalmente, revertirían los malos pronósticos y todo se ejecutaría con un cierto orden y tranquilidad, ofreciendo una «cara lavada y hasta maquillada» de una, últimamente, muy degradada, Buenos Aires.

El evento revistió mucho de social y algo de político. El glamour lo aportó la gala del Teatro Colón -aunque descartando otras acciones culturales más clásicas-, más los paseos de la Primera Dama Awada con las esposas de los colegas de su esposo Macri y hubo hasta posibilidades de escapar del protocolo de algunos líderes. Dos ejemplos: el paseo de Macron comprando libros en la librería Yenny-El Ateneo y recibiendo las ovaciones de gente de a pie, que en Francia, extrañará seguramente cuando enfrente nuevamente a los «chalecos amarillos» y la salida nocturna del sábado de Angela Merkel, cenando en la Parrilla Don Julio, como si fuera una ciudadana más, disfrutando de la libertad civil que los alemanes del este, sus coterráneos, no conocían en la vieja RDA.

En este G20 -un lugar al que entró de casualidad-, la gran preocupación de Argentina, un país sin debate ni rumbo estratégico desde hace décadas, era la redacción consensuada del documento final. Aprovechando al máximo, la capacidad de nuestra nación -por hallarse en una situación geopolítica ideal, dada una serie de ventajas naturales-, para construir consensos globales, Macri ofició de facilitador y ése es el rol que le cabe oportunamente: un buen Jefe de Public Relations –no se le puede exigir otro papel-. Lo logró aunque no puede desdeñarse el arduo desempeño de una vasta gama de diplomáticos y funcionarios que trabajaron con aquel objetivo durante largos meses.

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ARGENTINOS DEVORADOS DESDE….MADRID

La vergüenza de la ineficiencia organizativa del Estado argentino y la especulación mezquina de la dirigencia de los dos más grande clubes de fútbol en nuestro país, condujeron a que el superclásico vernáculo se juegue en otras tierras ajenas. Paradójicamente y deshonrando la memoria de nuestros Libertadores sudamericanos, la Copa que lleva su nombre, se definirá en la capital del ex Imperio español, que nos sometió durante siglos: Madrid. Ciudad donde efectivamente vive la mayor comunidad de argentinos (100.000 censados) en el exterior, pero que seguramente fue elegida en función del negocio multimillonario que arrastra el deporte del balompié y no precisamente priorizando la pasión identitaria.

Porque hay que decirlo: Argentina, que este fin de semana, albergará a 19 Jefes de Estado importantes del mundo bajo la Cumbre del G20, acaba de abdicar la responsabilidad de organizar un simple partido de fútbol, sin participación de los hinchas visitantes. Ahora Madrid, recibirá a miles de hinchas de ambos clubes, residentes en la ciudad pero también a turistas visitantes y será una incógnita cuántos simpatizantes auténticos y cuántos barrabravas -los mismos que protagonizan la violencia con la complicidad de policías, dirigentes y políticos-, concurrirán al magno evento. Dependerá de la organización compleja que demandará este segundo partido, pero como lo afirmara el Presidente de la CONMEBOL, el paraguayo Alejandro Domínguez, en gran medida, la afluencia o no de los insociables y violentos, será responsabilidad de los dirigentes de ambos clubes y sus allegados.

Amargado porque el Estadio Bernabéu reemplazará al Monumental de Núñez, como escenario y si persistimos en el vicio, «El Chiringuito de Jugones», un programa deportivo de la TV española, pronto reemplazará cualquier programa deportivo de nuestro país, van aquí las fotos de esa ciudad europea hermosa, que seguramente nos mostrará todo lo ordenados y respetuosos que debiéramos ser y que, en definitiva, no podemos lograrlo por nuestra propia impericia, aunque los argentinos nos creamos «los mejores del mundo». Pasamos a convertirnos una vez más, en el hazmerreír global, porque ni siquiera sabemos disfrutar de un sencillo espectáculo deportivo.

Pero el objetivo de este post no es discurrir sobre la situación delicada y vergonzosa que condujo el Boca-River o River-Boca a la capital española, sino mostrarles precisamente a Madrid, la que tuve la fortuna de conocer en junio de 2010.

Aclaro que la Madrid que vi, era veraniega, pero la sede de la superfinal será invernal.

Como es un país verticalista, monárquico y ultracatólico, empecemos a recorrer Madrid desde el Palacio Real y la Plaza de la Armería, junto a la Catedral de Santa María la Real de la Almudena. Atrás de ellos, corre el Río Manzanares.

La misma zona pero un día de Corpus Christi, porque realmente, Madrid te hace sentir en todo momento que fue la capital del Imperio español de la Inquisición y la Contrarreforma. Seguramente, el único lugar del mundo donde había pancartas y fotos del ultramontano Papa Benedicto XVI (Cardenal Ratzinger), con flores ornamentando el paso de la interminable procesión, la enésima del año calendario. Uno de los pocos, si no, el único país de Europa, donde los chicos y las chicas siguen comulgando, munidos de rigurosa vestimenta formal alusiva. Porque así como entiendo que España haya por fin, dado luz a una agrupación como PODEMOS, que parece de centroderecha al lado de lo existente en América Latina, también es muy comprensible que haya surgido VOX, un partido filofranquista y nacionalista recalcitrante, que hará sonrojar a los pro-Bolsonaro vernáculos.

Una de las Avenidas emblemáticas de Madrid: la Gran Vía.

Alrededores, siempre con presencia turística.

El hermoso Parque del Retiro, donde también se destaca la presencia de visitantes latinoamericanos y musulmanes.

Caminando por los barrios céntricos y sus callejuelas, añorando a Joaquín Sabina. De los bares tradicionales, ni hablar, ideales para «tapeos» vespertinos.

La alusión al único intento extranjerizante por dominar desde la Europa revolucionaria a España y al personaje que eligió Napoleón para hacerlo de manera humillante, en el inicio del siglo XIX, permanece en el recuerdo español con sorna: José Bonaparte, un alcohólico empedernido, al que le llamaban «Pepe Botella».

La famosa Plaza Mayor de Madrid, a pocos metros de la Plaza de la Puerta del Sol, lugar emblemático de encuentros.

Madrid también tiene lugar para lo moderno, aunque en su justa proporción.

La tristemente célebre Estación Ferroviaria de Atocha. Recordemos allí, el atentado terrorista del 11 de marzo de 2004.

Estación subterránea de buses Méndez Alvaro. Un espléndido diseño urbano.

La gran movida cultural de la que goza Madrid, en parte, pasa por el Museo del Prado y por supuesto, la figura de Francisco de Goya está omnipresente allí, junto a tantos otros pintores españoles de la «Edad de Oro».

Messi y los «galácticos» del Real Madrid no podían estar ausentes de los souvenirs, ya hace 8 años atrás.

Algunas fotos más de la bella Madrid, pero de mi viaje de setiembre de 2011.

No sólo hay gaiteros escoceces sino hasta una parrilla argentina?

Lo único que espero que los hooligans vernáculos no la estropeen a esta especie de «Buenos Aires europea», ordenada, limpia, nada ruidosa y sin vagabundos o mendigos durmiendo en las calles.

Madrid, España. De allí muchos vinieron. Hacia allá volvemos.

Una lástima que el «Martín Fierro» de José Hernández haya tenido razón con su famosa frase, reflejando su llamada «ley primera»:  «cuando los hermanos se pelean, los devoran desde afuera».

SUECIA: UN INFIERNO DISFRAZADO DE PARAISO

Siempre supe que detrás de las cándidas y pegadizas canciones de ABBA y Roxette, había historias personales demaiado pesadas. Como ésta que relatamos a continuación.

Una nena de 12 años, testigo pasivo de los abusos de su padre sobre su madre,  culmina hastiada, arrojándole un bidón de gasolina y prendiéndole así, fuego en su auto. Por intento de homicidio agravado, es encerrada en un manicomio, bajo el «resguardo» del Estado, el mismo Estado que hace «desaparecer» a su padre y condena a la soledad y desamparo a su madre, que ve consumir sus últimos años de vida, perdida en un geriátrico. Para permitir su «rehabilitación social», un médico psiquiatra inescrupuloso la «domesticará», teniéndola más de un año, acostada atada con cadenas a la cama.

La nena, «semiliberada», al crecer en edad, pronto tendrá un tutor, un abogado, que a la postre, al sufrir un accidente cerebrovascular, algo común en ese país hegemonizado por ancianos huraños y solitarios, será reemplazado por otro, extorsionador y abusador de menores, que así también someterá, con la impunidad oficial, a la ahora mujer.  Ella no tendrá a quién recurrir: se rebelará en silencio con una fisonomía punk y sólo podrá defenderse, como una hacker sin igual, gracias a las nuevas tecnologías.

Podrá vengarse de sus «protectores» y hasta poner al desnudo sus vejaciones pero para ello necesitará de la ayuda tan imprevista como incondicional de un periodista y su medio comprometido como, cuando se vaya desenrrollando la compleja trama siniestra que ocultó su ultraje oficial, donde convergían abogados, fiscales, policías y sobre todo, el servicio de inteligencia, preocupada por proteger al perverso padre de la chica, un empleado ex camarada soviético -cuándo no los rusos, nunca un polaco, un checo ni un húngaro-, allí recién aparecería otra oficina gubernamental, dentro del mismo cuerpo de seguridad, pero la de protección constitucional que por fin entendió que se trataba de un fenomenal caso de violación estatal contra lo derechos de una ciudadana, en un país que se precia de salvaguardar como nadie, precisamente, los derechos individuales. Como si todo ello fuera poco, en contra de la víctima, la persigue un hermanastro superasesino, con analgesia congénita, o sea, insensibilidad al dolor. Parece mentira pero la saga se iniciade modo distante con este guión central, al referirse a un caso de neonazismo encubierto, violación y crímenes al interior de una familia empresaria poderosa, cuyos hermanos mantenían oculta la siniestra historia.

El país del que se trata, no es Estados Unidos, tampoco es Gran Bretaña, la que se acaba de ir de la UE, ni siquiera Alemania. Me refiero a Suecia, un país que se jactó siempre de tener un Estado Benefactor, sin cárceles porque no hay presos, con un feminismo acendrado, mostrando su orgullo de ser pacífico y neutral durante guerras mundiales, incluso en la Guerra Fría, el mismo que exporta cultura y hasta financia actividades de organizaciones de ayuda humanitaria y promoción de derechos humanos en el Tercer Mundo. Pero claro, hasta la inocencia que vende for export, tiene su contracara hacia dentro.

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DE REO SPEEDWAGON A «COBRA KAI»

Se trata de una de mis bandas favoritas de rock pop norteamericano de los años ochenta, junto a Heart, Bon Jovi, Cock Robin, solistas como Bruce Springsteen, Richard Marx y tantas otros. No es muy conocia excepto entre los de mi generación.

Gracias a la saga de «Karate Kid» y ya sin el «Señor Miyagi», llamada «Cobra Kai», promocionada en You Tube Red, puede difundirse entre las generaciones más jóvenes.

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FUTBOL «CHAMPAGNE» PERO CON SABOR ARGENTINO

En vísperas de la finalísima inédita de Boca Juniors versus River Plate para ganar la Copa Libertadores Edición 2018 y disputar la cumbre del fútbol mundial con Real Madrid en diciembre próximo, me parece apropiado rendirle homenaje al balompié argentino, sobre todo a equipos de un pasado tan victorioso como vistoso.

Fútbol exquisito, atildado, bien jugado, concierto de gambeta, atrevemiento, viveza, punzante. Es cierto, sin demasiada preocupación por la marca y hasta sin velocidad física. El axioma era llegar al arco rival pero jugando, tocando, hasta con paredes dobles. El estilo jamás se traicionaba. No era tan importante defender como atacar, pero aún así, se trataba de equipos con excelentes arquero y defensores. Tal vez, César Luis Menotti, quien acaba de cumplir los 80 años, haya inaugurado esa era, que lograría su cumbre con el campeonato mundial logrado por la Selección Argentina en 1978 y el Mundial Juvenil en 1979. Fueron años gloriosos, que llevaron al país, aún con su caos económico y político, al sitial donde lo terminaran disfrutando Maradona, Kempes y Ramón Díaz, entre otros -hoy, Messi-.

Pero era otro el contexto, muy diferente del actual. Los conocíamos a través de la radio y bastante poco a través de la TV o yendo a sus partidos, pero uno memorizaba los equipos, los titulares eran siempre los mismos y los jugadores tenían un elevado sentido de pertenencia: nacían y se retiraban en sus clubes. Esto permite que muchos de aquellos ídolos históricos sean recordados en vida, inaugurando peñas en el interior del país, siendo reconocidos en los estadios o en las banderas de los hinchas. Es el otro costado del hincha argentino, tan vilipendiado en los medios y hasta la Sociología. Es exigente porque mamó de este fútbol champagne, mucho antes de que llegaran los Platini, Giresse, Zidane, Baggio, Hagi, Laudrup, CR7, Del Piero, Pirlo y tantas otras figuras europeas, para no hablar del rico Brasil.

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LA HISTORIA DE ASHRAF MARWAN O «EL PASTORCILLO MENTIROSO»

Desde niño, mi madre me enseñó que hay mentiras y mentiras. Las hay graves, por supuesto, como ser infiel a tu esposo o esposa o ser desmesurado, para evitar castigos que te mereces o provocar polémicas donde no hubieran existido. Por el contrario, las hay veniales o pequeñas, para evitar males mayores o discusiones estériles, con el efecto de congraciarse con el otro para no «avivar la llama» que puede generar un incendio funesto. Entre estas últimas, existe la mentira porque nos aburre cierto estado de ánimo, a la manera de una broma de mal gusto. Sólo que en este caso, también hay consecuencias no queridas. Quien recuerda la fábula de Esopo, llamada «El pastorcillo mentiroso», puede concluir que el problema del mentiroso, aún venial, es que «carga con una cruz»: nadie le cree cuando dice la verdad -más habitualmente que quien se dice sincero-.

Algo parecido ocurre con ese bien tan supremo que es la paz. Hay muchos caminos a ella, no un único. Nadie asegura que una buena conducta, individual o colectiva, pueda garantizarla. A veces, el sendero más insólito nos conduce a ella. A veces, la sóla amenaza puede disuadirnos de procurarla para evitar mayor sangría de la esperada. Si tuviera que escoger entre la paz que predican los pacifistas a ultranza y los realistas, conocedores de la imperfecta naturaleza humana, me quedo con la de estos últimos. La paz no se alcanza con discursos rimbombantes cada final de setiembre en la Asamblea de la ONU ni ofreciéndose como escudo protector de las fuerzas del organismo. Quedó demostrado hasta el hartazgo que aún entre los grupos de Médicos sin Fronteras, Cruz Roja Internacional o los mismos pacificadores -recordar la negligencia holandesa en Srbenica-, existen almas pecadoras, que escapan de sus propios demonio internos y por eso, eligen estar allí, en esas circunstancias tan peligrosas, tratando de alcanzar vaya a saber uno qué redención, lavando sus culpas individuales del pasado.

El caso del egipcio Ashraf Marwan, doble agente del Egipto de Anwar El Sadat y la Israel de Golda Meir, Moshe Dayan y Menahem Begin en los años setenta, me hizo reflexionar sobre la mentira y la paz. Ese yerno de Gamal Nasser, el «Padre de la Patria» egipcia, era sobre todo, humano: lo cegaba la ambición de poder. De bajo perfil y acomodaticio, se había casado con Mona, tal vez hasta por interés, no por amor. Cuando las intrigas palaciegas y la escasa valoración de su suegro amenazaron con desplazarlo, no dudó en pasar sus servicios a Israel y la temible Mossad. La muerte de Nasser y el nuevo favoritismo de Sadat para con él, cambiaron diametralmente las circunstancias, pro él quedó preso de las mismas. Giró hacia un idealismo de conveniencia, para manipular a egipcios e israelíes, casi por igual. Tras dos intentos errados, «Angel» -ése era su seudónimo como espía projudío-, se ganó la confianza definitiva de los últimos, tras advertirles a tiempo de la Guerra del Yom Kippur, que sólo ocasionó 17.000 muertos, evitando la de millones. Ni a su propia mujer pudo convencer que jamás tuvo amantes: su verdadero amor estaba dirigido al poder y el dinero. Con esos valores criticables y aún con la sóla confianza de otro agente israelí («Alex»), logró más que nadie y es el único héroe egipcio e israelí al mismo tiempo: la paz por más de 40 años ya entre ambos países.

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EMBAJADAS NORTEAMERICANAS BAJO ASEDIO: TEHERAN (1979) Y BENGASI (2012)

Dos películas reflejan dos de las más grandes humillaciones que recibiera Estados Unidos en los últimos 40 años.

Una, es «Argo», premiada con el Oscar de la Academia de Hollywood, protagonizada y dirigida por Ben Affleck, donde se describe el calvario de 66 diplomáticos y ciudadanos norteamericanos, tomados de rehenes en la Embajada de su país en Teherán (Irán), durante 444 días entre el 4 de noviembre de 1979 y el 20 de enero de 1981. Tal crisis se suscitó en el marco de la Revolución Islámica, de sesgo shiíta radicalizada, liderada por el Ayatollah Ruhollah Khomeini, quien había regresado por aquellos días, de su exilio en París, tras haberse opuesto tenazmente al Sha Reza Pahlevi, el autócrata modernizador casado con la emperatriz Farah Diba -quien solía tomar baños con leche para rejuvenecer su piel- , la pareja apoyada férreamente por Estados Unidos desde la caída del Premier nacionalista Mohammad Mossadegh, orquestada por la CIA en 1953.

La otra película es «Trece horas: la historia de los soldados secretos de Bengasi», aludiendo a la también toma violenta e incendio del Consulado norteamericano en la ciudad libia de Bengasi, el 11 de setiembre de 2012, en el undécimo aniversario del atentado a las Torres Gemelas y el Pentágono, por parte de Al Qaeda, que desencadenaría la muerte por asfixia, del entonces embajador americano, Christopher Stevens. El contexto de esta acción cuasi terrorista, era la «Primavera Arabe», que a diferencia de la Revolución iraní, fue estimulada y apoyada por Estados Unidos, en la ingenua creencia de que generaría un efecto democratizador «dominó» sobre la región de Medio Oriente, similar a la postguerra en Alemania y Japón.

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«MISION IMPOSIBLE» LO HACE TODO POSIBLE

Me encanta la frase «lo hecho, hecho está, cuando nosotros decimos que está hecho».

«Qué está haciendo?» pregunta la agente del MI6. «Mejor no ver lo que hace», le dice su colega americano, ante la locura y audacia de la acción del protagonista, su propio jefe.

«A grandes males, grandes soluciones», otra de las frases preferidas del personaje central, un apostador nato que nunca opta por caminos minimalistas.

«El no es más que la propia manifestación del destino», dice con admiración de él, su ex autoridad en la CIA.

Un equipo de técnicos eficientes; un líder que se mantiene joven a pesar de los años, escalando aviones, manejando motos de alta cilindrada en ciudades populosas o trepando alturas inimaginables, contradiciendo toda ley biológica o de gravedad; una permanente búsqueda de simulación que logra engañar a «los malos» pero sobre todo, un espíritu de unidad y de servicio al Estado -corporizado en su propio team, el de la IMF-, que permite que Ethan Hunt priorice salvar la vida de un compañero -la cual vale como la de millones- o relegue enamorarse para no condenar a su esposa a la viudez temprana, prefiriendo más bien, otra mujer tanto o más aventurera que él.

Esos valores de juventud vigente, originalidad, camaradería y fidelidad a una nación, me permiten sentarme cada vez a disfrutar sus imágenes y sonido, como si fuera la primera vez, allá, en los años sesenta cuando Peter Graves, el elegante y canoso actor norteamericano lideraba el equipo, siempre con un negro como integrante -antes Greg Morris, hoy Ving Rhames-. Si Tom Cruise desde hace años (1996 para ser más exactos), le ha tocado reemplazarlo, incluso con el enorme riesgo de no usar doble para las escenas hiperpeligrosas, sin duda que no lo ha hecho nada mal, y de hecho, le ha brindado un toque especial a la saga cinematográfica que la hace particularmente taquillera.

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PAISITOS: HAY UNO EN EUROPA Y SE LLAMA SUIZA

Cuando llegamos a la Car Terminal de Berna, luego de un ameno viaje nocturno desde Milano, en un Flixbus conducido por un divertido chofer llamado Martin, junto a mi novia Ekaterina, no podíamos creer el espectáculo de una parada de buses -llamarle estación o terminal es un despropósito y una vergüenza para aquéllas en el mundo que sí lo son-.

Cuando luego en el transcurso del día, me trasladé al centro de Berna, para efectuar el cambio de euros por francos suizos, tampoco podía caer de mi asombro. Esa pequeña ciudad era la capital de un país tan famoso y rico, que acaba de levantar el secreto bancario, la piedra angular de su idiosincracia, además de la relojería fina, Guillermo Tell y ahora Yan Sommer, el gran modelo (perdón, arquero) de la Selección Suiza?

Más nos gustó Zúrich, con su fisonomía típicamente europea central -allí residieron entre otros, Albert Einstein, Carl Jung, Richard Wagner, Thomas Mann, James Joyce, Vladimir Lenin, Tina Turner y Kimi Raikkonen- y mucho más aún, Ginebra, «la capital de la paz», con su lago famoso, su Avenida Presidente Wilson (en honor al fundador de la Liga de las Naciones, que funcionara allí, además de los numerosos organismos de la ONU que aún alberga y la Cruz Roja Internacional) y habiendo sido el lugar de natalicio del gran filósofo iluminista Jean Jacques Rousseau -cuyo padre también era relojero-. Gran centro financiero europeo y cuna del calvinismo, Ginebra es la tercera ciudad en calidad de vida y la cuarta más cara del mundo.

En la Estación de Trenes en Zúrich

Ginebra (1)

Ginebra (2)

Ginebra (3)

Ginebra (4)

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