PAISITOS: HAY UNO EN EUROPA Y SE LLAMA SUIZA

Cuando llegamos a la Car Terminal de Berna, luego de un ameno viaje nocturno desde Milano, en un Flixbus conducido por un divertido chofer llamado Martin, junto a mi novia Ekaterina, no podíamos creer el espectáculo de una parada de buses -llamarle estación o terminal es un despropósito y una vergüenza para aquéllas en el mundo que sí lo son-. Cuando luego en el transcurso del día, me trasladé al centro de Berna, para efectuar el cambio de euros por francos suizos, tampoco podía caer de mi asombro. Esa pequeña ciudad era la capital de un país tan famoso y rico, que acaba de levantar el secreto bancario, la piedra angular de su idiosincracia, además de la relojería fina, Guillermo Tell y ahora Yan Sommer, el gran modelo (perdón, arquero) de la Selección Suiza?

Más nos gustó Zúrich, con su fisonomía típicamente europea central -allí residieron entre otros, Albert Einstein, Carl Jung, Richard Wagner, Thomas Mann, James Joyce, Vladimir Lenin, Tina Turnr y Kimi Raikkonen- y mucho más aún, Ginebra, “la capital de la paz”, con su lago famoso, su Avenida Presidente Wilson (en honor al fundador de la Liga de las Naciones, que funcionara allí, además de los numerosos organismos de la ONU que aún alberga y la Cruz Roja Internacional) y habiendo sido el lugar de natalicio del gran filósofo iluminista Jean Jacques Rousseau -cuyo padre también era relojero-. Gran centro financiero europeo y cuna del calvinismo, Ginebra es la tercera ciudad en calidad de vida y la cuarta más cara del mundo.

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SOBRE LA REVOLUCIONARIA FISICA CUANTICA

Descubrí por primera vez, la Física Cuántica, gracias al “Gran Profesor”, argentino, de Rosario, discípulo de la Escuela Austríaca de Economía, Rogelio Pontón quien ya nos hablaba de ella, en los años ochenta, mientras virtualmente “refugiado” del “bullying” al que lo sometía la agrupación estudiantil oficialista y hegemónica Franja Morada (radical) en la Biblioteca de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Rosario, nos introduccía en ese mundo fascinante que parecía de ciencia ficción. Pero claro, hoy, ya no lo es.

El cambio de paradigma que supuso el conocimiento de la Física Cuántica -en la que Albert Einstein no creía demasiado-, trajo aparejado la contingencia por doquier, dados sus dos principios de no localidad e indeterminismo de las partículas y por ende, el triunfo de la aleatoriedad sobre la rigidez y la inmutabilidad. Por supuesto, a partir de los descubrimientos y refutaciones de físicos alemanes como Max Planck y Werner Heisenberg, en el primer tercio del siglo XX y, luego, el norteamericano Richard Feynman, entre otros,  llegó para quedarse en nuestras vidas: hoy, más de un tercio de nuestra economía está sustentada en la Física Cuántica. Por ejemplo, los lasers, los microondas, los lectores de DVD en nuestras computadoras, las puertas de los supermercados o aeropuertos, basadas en células fotoeléctricas, etc., forman parte de la cotidianeidad global.

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