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Autor: Marcelo Montes
Doctor y Magister en Relaciones Internacionales. Politólogo. Profesor universitario, área Política Internacional. Analista de la política exterior de la Federación Rusa. Investigador. Columnista de medios de comunicación escrita, radial y televisiva.
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Hay incontable número de películas y series de guerra a lo largo y ancho de la historia del cine. Las más recientes que recuerdo, como «Pelotón» en los ochenta, «La delgada línea roja» y «Rescatando al soldado Ryan» en los noventa y, «Pearl Harbour» en los dos mil, para no mencionar aquellas acerca de las guerras del Golfo, Irak o Afganistán, ya empezaban a contener guiones no sólo épicos sino humanísticos, que tenían relación con la resistencia anímica al conflicto y la muerte, la supervivencia, el noble sentimiento de salvar aún al desconocido y hasta romances generados a la sombra del enfrentamiento. Esas historias parecen enteramente condensarse en el reciente film de Christopher Nolan, que se contextualiza en el drama del rescate de casi 33o.000 soldados aliados (200.000 británicos y 100.000 franceses y belgas), en las playas de Dunkerque en Normandía en plena invasión alemán nazi a Francia, en plena II Guerra Mundial, entre fines de mayo y principios de junio de 1940.
El martes 10, Argentina puede quedar afuera del Mundial de Fútbol de Rusia 2018, si no tiene un buen resultado (ganar o empatar) y si alguno de sus «hermanos» latinoamericanos no la ayudan con sus finales respectivas. Eso significaría el cierre de un largo ciclo desde 1970, en el que el país estuvo participando siempre en los Mundiales, ganando dos de ellos, siendo subcampeón en otros dos y habiéndose destacado en varios de ellos, como candidato previo. Sin embargo, esa racha tan positiva, no obstante su declive económico notorio a lo largo de décadas y que pocos países han logrado, está asociado a varios nombres rutilantes, pero sobre todo, a uno, Diego Armando Maradona, «el mejor jugador de todos los tiempos», «el mejor jugador del siglo» y «el mejor jugador de toda la historia de los Mundiales».
En el mundo nos conocen por él, hasta podría decirse que el fenómeno Barcelona empezó cuando él fue contratado por el club catalán y ni hablar de Boca Juniors, el club argentino que lo catapultó a la fama global, el insignificante Nápoli (italiano meridional) al que hizo campeonar y el más minúsculo, Argentinos Juniors, una entidad barrial de Buenos Aires, donde debutara profesionalmente y al que hizo subcampeonar. Todos saben de sus éxitos, de sus goles, de su carrera, pero hoy los más jóvenes, lo identifican por sus peleas de la vida, con drogas, el fisco, mujeres, hijos (reconocidos o no) y ex managers, de sus declaraciones siempre polémicas, con sus variados posicionamientos políticos, con su manifiesta incapacidad para lidiar de modo razonable con la fama, aunque pocos conocen sus orígenes y cómo fue posible, que a partir de ellos, tan adversos, él llegara tan lejos. Porque en efecto, quien hoy vive en Dubai, con ex esposas y amantes, con hijos aquí y allá, con una vida cuasi fastuosa, ganando petrodólares, dirigiendo un equipo mediocre de una liga más que discreta, empezó su vida en una tal Villa Fiorito, un poblado pobre aunque digno, en la localidad de Lomas de Zamora, en el sur del Gran Buenos Aires, un 30 de octubre de 1960.
De sangre gallega, croata e indígena, era el quinto (y primer varón) de 8 hermanos, viviendo con sus padres y abuela, hacinados en una casa muy humilde. Desde pequeño podía exhibir su talento con los pies, en los «potreros» de su barrio, a pesar de que en su casa, dicho por él mismo, «se comía cuando podía» -lección primera para quienes hoy en el mundo, son tan compasivos y complacientes con la pobreza-. Su padre que jamás se quejó de la «exclusión», ni siquiera conocía ese término, se encargaba de llevar al pequeño en bus, a entrenar y jugar los más de 150 partidos (136 invictos) que jugaría su equipo de inferiores de su primer club (Asociación Atlética Argentinos Juniors), los «Cebollitas», un conjunto de niños felices que jugaban al fútbol deleitándose a pesar de sus orígenes sociales marginales y a contramano del estilo futbolístico imperante en la época, el famoso «cattenaccio» italiano, tan proclive a la preocupación por obstruir al oponente y no en desplegar el talento propio. Sugiero mirar respecto a esta infancia poco conocida de Maradona, un programa de TV española, llamado Informe Robinson -Michael Robinson es un jugador británico de los años ochenta que jugó y se encariñó con España y se radicó allí-.
Hay situaciones en la que pierden relevancia los finales. Cuando se desencadenan ciertos procesos, como una bola de nieve, precipitan otros y más aún, por lo que, cuál es y dónde y quiénes llegan a la línea de llegada, pierde interés. El problema es previo: se fue gestando, se fue incubando, se fue moldeando, hubo actores que lo detonaron, hubo errores, apresuramientos, contradicciones, consecuencias no deseadas. Asimismo, ya habrá tiempo para elucubrar las causas. Hoy, están de moda los «cisnes negros» pero éstos siempre ocurrieron, la vida está llena de ellos. La historia cambia todos los días.
Ocurre que la academia, conservadora como pocas otras actividades, permanece aferrada a las viejas verdades como temiendo las nuevas. La de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, no es la excepción. Por eso, con alguna excepción, imbuidas de una nefasta y soberbia pretensión de universalismo miope, no vio venir la caída de la URSS, tampoco el 11S, Al Qaeda, ISIS, la crisis ucraniana, el Brexit, los separatismos primero de Europa Oriental en los noventa y los de Escocia y Cataluña hoy. Sí, nada de lo importante que ocurrió en los últimos 26 años.
Si se llena la Plaza Central de Cataluña en Barcelona; si ganó el Sí abrumador a la nación catalana, para su independencia de España; si hubo 800 a 1000 heridos; si se judicializará todo el proceso; si habrá nuevas elecciones tanto en Cataluña como en toda España; si ruedan o no, las cabezas de Rajoy y Puigdemont; si la UE apoyará a España -y lo que quedará de ella-; si el País Vasco no demorará en reclamar por lo suyo; si toda Europa eclosionará o si, Macron intentará proponer algo para refundarla, es lo de menos. Importa la dinámica del cambio a futuro, su ritmo, su vertiginosidad, pero sobre todo, el reconocimiento que la España de hoy es completamente diferente a la de ayer, que incluso, la Unión Europea de hoy es radicalmente diferente ya de la que fue hace apenas una semana, cuando los fundamentalistas europeístas volvían a su autoconvencimiento autista, con los triunfos de Rutte, Macron y Merkel, como si «todo estuviera marchando viento en popa».
Todos sabíamos del enorme enfado de las clases medias europeas, por el cínico salvataje a los bancos por parte de los líderes occidentales, tras la crisis financiera de 2008-2009, que sepultó las ilusiones de progreso y bienestar de millones de ciudadanos, tan de a pie, como los catalanes de hoy. Todos conocíamos que la crisis griega fue silenciada con miles de millones de euros, al igual que la de España, Irlanda y Portugal, poniendo al frente de ellas, a tecnócratas o políticos complacientes con la troika. Nadie escuchó, nadie se hizo cargo: las consecuencias están a la vista. Los botes ya estaban preparados para escapar del naufragio del gran buque insignia. Faltaban los primeros ocupantes. Una parte del «malestar del bienestar» se canalizó a través de los «indignados», Podemos y Syriza, pero la mayor franja, encontró en los nacionalismos, la puerta abierta a la fuga hacia adelante.
Desde donde se la mire, Rio de Janeiro es una «cidade» extraordinaria, por la gran gama o variedad de rincones, colores y matices, humanos y materiales. La combinación de mar, sol, verde y montaña, hacen de este entorno paisajístico, una de las mayores bellezas que he visto en mi vida.
Las fotos que aquí presento, son interminables pero reflejan esa gran diversidad. Ojalá las disfruten como lo hicimos nosotros.
Yendo hacia la famosa Copacabana. Les advierto que en este ciudad, no todo es praia.
Un 25 de setiembre de 1973, la organización terrorista Montoneros, asesinaba al sindicalista metalúrgico y Secretario General de la CGT, José Ignacio Rucci. Hasta el momento, 44 años después, a pesar de que se conocen hasta detalles del plan para asesinarlo, por parte incluso de sus instigadores y ejecutores, no hay ninguno de ellos, condenado ni preso, demostrando una vez más, la ineficacia que caracteriza al régimen judicial argentino. Se han escrito artículos, publicado investigaciones y hasta libros novelescos como el famoso «Operación Traviata» de Ceferino Reato, pero la impunidad, ese cáncer argentino que no se inició con las causas de Nisman ni Santiago Maldonado, con el crimen de Rucci, llegó para quedarse.
De allí en más, se desataría una ola de violencia política inusitada, incluyendo la propia génesis siniestra del terrorismo de Estado, decidido y ejecutado, a través de la tristemente célebre organización parapolicial de extrema derecha, la «Triple A», por el propio Juan Domingo Perón, un líder auténticamente conservador y su lugarteniente, el ex cabo de la Policía Federal Argentina, José López Rega, también dedicado al ocultismo y la brujería.
Paradójicamente, un desconocido Perón, había venido a pacificar el país y al encontrarse con este verdadero «pase de facturas» por parte de la rama más izquierdista juvenil del movimiento que también lo había apoyado en sus dos décadas de exilio en Paraguay, Panamá y España y en su regreso al país, decidió derechizarse al extremo de encarar una embestida total contra tal sector. Esa guerra de bandas peronistas fue el triste epílogo de la célebre «lealtad peronista»: el asesinato de Rucci es el momento bisagra de una grieta mucho peor que la de kirchneristas y antikirchneristas, por la cual, «para un peronista, no hay nada peor que otro peronista», a la inversa de lo expresado históricamente por el líder justicialista, para quien, el sindicalista asesinado, no era un «burócrata sindical», como pensaba la cúpula montonera, si no, casi como «un hijo», el varón que no tuvo.
Qué decir de estos dos grandes talentosos creadores de tantas banda sonoras de filmes? Más que nada, antes de emitir comentario alguno, vale la pena escuchar sus brillantes, valoradas y recordadas piezas musicales.
Aún así, vale la pen, al menos brevemente, recordar quiénes son. Hans Zimmer es un brillante compositor alemán, de origen judío, que durante la semana pasada, más precisamente, el 12 de setiembre, cumplió 60 años, siendo un pionero de la mezcla de música electrónica con arreglos orquestales que han sonado realmente de manera extraordinaria. Si bien ganó un sólo Oscar en 1994, por la banda sonora de «El Rey León», ha estado nominado en numerosas ocasiones y sí se ha llevado premios en certámenes como los Globo de Oro, BAFTA, Emmy y Grammy, entre otros. Sus trabajos son innumerables, pero me vienen a la memoria, por ejemplo, las bandas sonoras de «Rain Man» (1988), «Lluvia negra» y «Conduciendo a Miss Daisy» (un año más tarde), «Días de trueno (199o), «La roca» (1996), «Mejor imposible» (1997), «La delgada línea roja» (1998), la ultrapremiada «Gladiador» (2000), Pearl Harbour (2001), «El último Samurai» (2003), la saga de «Batman» (2005-2008), «El Código Da Vinci» (2006), «Frost-Nixon» (2008), «Sherlock Holmes» (2009), «Inception» (2010), «Interstellar» (2014), la bélica «Dunkirk» (este año) y por supuesto, entre tantos éxitos, la saga de «Piratas del Caribe» (2003-2017), que aquí recordamos.
Ennio Morricone es un veterano italiano de 88 años, mucho más clásico, participando en más de 500 películas, muchísimas de ellas, premiadas en diferentes certámenes, aunque haya sólo ganado un Oscar, recién el año pasado con «The Hateful Eight», tras su honorífico una década antes. Desde sus «spaghetti western» y «gángsteres», donde podía combinarse lo mejor del cine italiano del gran director Sergio Leone, como «Por un puñado de dólares» (1964) y «Erase una vez en América» (dos décadas más tarde) con los guiones a medida de sus composiciones musicales, pasando por «Los intocables de Elliot Ness» (1987) y «Cinema Paradiso» (1988) hasta Malena (2000), con la voluptuosa Mónica Bellucci, Morricone lograría bandas sonoras célebres y recordadas para siempre. Aquí presentamos en primer lugar, su afamada y premiada «La Misión» (1986), filmada en nuestras bellas Cataratas del Iguazú, en recuerdo a las misiones jesuíticas de los indios guaraníes, en medio de la puja entre portugueses y españoles por Colonia de Sacramento en el siglo XVIII.
En segundo lugar, el emotivo final con «Chi Mai» en la película «El profesional» (1981) protagonizada por el gran actor francés Jean Paul Belmondo.
Eso transmiten con su música, estos dos colosos: cientos de escenas que a lo largo de décadas, han sido acompañadas de manera sublime, por acordes que reflejaban esos sentimientos profundos de amores, pasiones, dolores, alegrías, desencantos y tantas más emociones, que llegan hasta el alma, por eso, ambos merecen su sitial aquí.
Un gran primer impacto que viví ese día, fue el 11S de 1973, el día del golpe militar del General Pinochet contra el gobierno constitucional de Salvador Allende Gossens en Santiago de Chile. Me llamó la atención el carácter cruento de la asonada, los bombardeos sobre el Palacio de la Moneda y sus alrededores, los mismo en lo que años más tarde caminé y recorrí en auto, de día y de noche; la muerte de Allende en el mismo acto, su suicidio honroso y digno, inmolándose como alguien fiel a sus ideas -nunca más vi la misma actitud en alguien que comulgase su socialismo-; los fusilamientos en el Estadio Nacional, al cual siempre sentí especial rechazo en visitar, viviendo en ese país en 1995 y viajando varias veces, etc. Luego, experimenté el régimen militar chileno de una manera especial, apreciando todo el proceso de transformación económica pero rechazando el rasgo autoritario férreo del pinochetismo, aunque también indagando y criticando mucho la inédita experiencia allendista de la UP.
El segundo hecho fue el atentado a las Torres Gemelas en New York en 2001. Un edificio imponente al que también me negué a conocer en agosto de 1990, en ocasión de mi viaje a «la Gran Manzana». Fue un hecho que generó sensaciones ambivalentes en mí. Por un lado, en el plano analítico, el sentimiento de vulnerabilidad o fragilidad del gran Imperio victorioso otrora, a manos de un terrorismo «postmoderno»(Walter Laqueur), cultural, no ideológico como antes y por el otro, a nivel personal, la posibilidad de recuperar mi entusiasmo intelectual y profesional con las Relaciones Internacionales, luego de una década demasiado economicista como la del noventa a nivel global. Fue en ese mismo momento en que decidí emprender mis estudios de postgrado, volver a Rusia como foco de estudio y hasta viajar por Europa como me había decidido al final de mi carrera de grado.
Setiembre tiene un sabor especial y contradictorio para mí. Es el mes de la primavera en el hemisferio sur, las flores encierran un particular encanto para mí, conocí en persona a mi novia en Rusia, nació mi primera hija, es el aniversario de Sarmiento, el golpe de Allende y el atentado a las Torres Gemelas que no conocí pero que recuerdo aquí mismo, pero también es el aniversario de mi madre, ya sea el 5 (creímos todos que ésa era su fecha de cumpleaños) o el 10 (como fue anotada en el Registro Civil), uno de sus tantos misterios, como todo ser virginiano. Ahora será un mes a recordarla de manera permanente, porque se nos fue de la vida, en julio pasado, no pudiendo cumplir su 88 aniversario.
En Estados Unidos
En Italia
Prefiero recordarla como a ella le hubiera gustado. Nunca la vi acostada en la cama, llorando o deprimida por algún motivo, aunque no le hubieran faltado las razones. Siempre la vi de pie, orgullosa, altiva, con fuerza, con una sed de ambición y obsesión por el progreso, que me contagió toda la vida. Sus traumas del pasado, que tenían relación con su pobreza en la infancia, allá, en el barrio María Selva, de Santa Fe Capital, a pesar de haber nacido en la diminuta Obispo Trejo, del norte de Córdoba, lograba disimularlos hábilmente con su primer trabajo en Bonafide, para poder alimentar a sus padres y hermana. Nunca mostró resentimiento alguno por ese tipo de situaciones. Sufrió un engaño duradero, nunca disimuló su encono pero una y otra vez, se levantaba y continuaba. Exponía su enojo pero también mostraba sentido del humor, el mismo de su padre tan seductor y «caramelero» con el sexo opuesto. Me dejó un legado inconmensurable que nunca pude transmitirle en términos de agradecimiento directo, quizás, éste sea el momento y el espacio para retribuirlo, si es que puede leerlo donde esté.
En Mendoza, su Córdoba natal y Brasil, diferentes épocas
Su gran objetivo era que sus hijos tuvieran un título universitario. Esa parecía ser su gran frustración con sus padres por lo que proyectó en nosotros tres, ese gran logro. Pagó todos sus créditos, de lo cual también se enorgullecía, en virtud de cómo era reconocida en una ciudad adoptiva, como Rosario. Me formó en la perseverancia, aún admitiendo errores o fracasos temporales, me instaba a enfrentarlos, corregirlos y superarlos. Nunca se conformaba con notas mediocres. Siempre me estimulaba a sortear más y más las vallas. Una vez, me defendió del «bullying» -cuando éste ni siquiera era conocido así- de mis compañeros de inglés en una academia privada, llamada IATEL, donde debía soportar las rivalidades entre los Maristas -curiosamente, el colegio al cual terminaron yendo mis tres hijos en Mar del Plata- y nosotros, los provenientes del Sagrado Corazón de Jesús, es decir, la Congregación de los Padres Bayoneses. Una y otra vez, me sugería no hacer caso a las diferencias de clase ni de posesión del dinero ni status: yo podría superarlas sólo a fuerza propia o a través de mi exclusivo mérito personal. Ese carácter meritocrático lo llevo en la sangre hasta que me muera.
Desde el día en que mi abuelo materno, un furioso peronista me advirtió que era «un loco», como un niño siempre callado pero curioso, me interesé en investigar su biografía, sus numerosos y variados aportes, sus claroscuros, sus obsesiones, sus «culpas» (la muerte de su hijo «Dominguito», tal vez), sus pasiones, incluyendo la femeninas, sus «locuras».
Como todo en Argentina, una sociedad recurrente en la formación de «grietas» muchas veces, artificiales, tuve maestros y profesores que lo ensalzaban y otros que lo defenestraban, jamás un punto intermedio, especialmente, considerando que mi educación primaria y secundaria, la viví en un colegio católico.
Luego, a la hora de recorrer la historia argentina, por supuesto, entendí por qué los liberales (aunque no todos, sobre todo, los laicistas) lo amaban y los revisionistas lo odiaban.
En la Facultad de Ciencia Política en la UNR, donde conocí a mi gran amigo, Marcelo Fretes, sanjuanino como él, quien me atrapó con su gran amor de coterráneo, a Sarmiento.
Finalmente, al entrar a la UNVM como docente, menos entendí cómo profesores nacidos, viviendo y trabajando en la ciudad de Villa María – y su aledaña Villa Nueva, a las que algún diputado de la época de la presidencia del propio Sarmiento imaginó algún día, como territorio federal único y capital de la República y el sanjuanino vetó, «hijas» de la «Pampa Gringa», también en su enorme mayoría, lo cuestionaban, arguyendo posiciones semejantes a las de los historiadores revisionistas como fanáticos antisarmientinos que yo había escuchado hasta el cansancio, en mi adolescencia.
Hasta los niños desde el año 2003 hasta 2015, fueron «adoctrinados» en el canal de TV oficial Paka-Paka, por un personaje indiecito «Zamba», encargado -desde el poder- de destruir la figura de Sarmiento. Fue recién muchos años después, en 2006, cuando me tocó ver a José Ignacio García Hamilton en el Teatro Verdi de Villa María y en el año 2009, en San Juan, la cuna del gran Domingo Faustino, al mismo escritor y periodista tucumano que moriría poco tiempo después, quien reivindicó públicamente a Sarmiento y su legado, ante un auditorio que parecía reaccionar por fin, de tanta anestesia premoderna.
-Choque de civilizaciones
-Diario de una pasión
-Doctor Zhivago
-El Conde de Montecristo (Alejandro Dumas)
-El Señor de Ballantrae (Robert Louis Stevenson)
-La sociedad abierta y sus enemigos (Karl Popper)
-Motín a bordo
-Reflexiones sobre la Revolución Francesa (Edmund Burke)
-Robinson Crusoe (Daniel Defoe)
-Shakespeare enamorado
-The Last of The Mohicans (Fenimore Cooper)
-The silence of the lambs
-The peacemaker
-Facundo: civilización y barbarie (Domingo Faustino Sarmiento)
FRASES PARA RECORDAR
– «The only thing necessary for the triumph of evil is for good men to do nothing» (EDMUND BURKE)
-«Once we accept our limits, we go beyond them» (ALBERT EINSTEIN)
– «Rien n´est plus puissant qu´une idée dont l`heure est venue» (VICTOR HUGO)
– «No hay edad para vivir un amor intenso, así como creo que el amor es lo único que importa. Todo lo demás son plumas del pavo real, modas para seducir, como cuando un tipo se compra un auto fabuloso. Y el drama es que muchas veces el asiento de al lado va vacío, o con una mujer que no le gusta. No se necesita un Porsche para que una mujer te quiera. Hasta Adam Smith tenía esto claro: la razón por la cual la gente busca la riqueza es para salir del anonimato de la masa y ser querida» (ARTURO FONTAINE TALAVERA)
– «Our patience will achieve more than our force» (EDMUND BURKE)
– «Ahora la vida es mucho más riesgosa e incierta, aunque, al mismo tiempo, mucho más entretenida. No tengo ninguna nostalgia por el mundo de nuestras abuelas, donde las mujeres se casaban y tenían siete u ocho hijos y quedaban bastante encajonadas en una vida donde había muy poca posibilidad de cambiar De vida, porque no trabajaban» (ARTURO FONTAINE TALAVERA)
– «To read without reflecting is like eat without digesting» (EDMUND BURKE)
– «Your time is limited, so don’t waste it living someone else’s life» (STEVE JOBS)
– «Todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son» (ABRAHAM LINCOLN)
– «Have the courage to follow your heart ad intuition» (STEVE JOBS)
– «Al final, lo que cuenta no son los años de tu vida, sino la vida de tus años» (ABRAHAM LINCOLN)
– «Si eres neutral en situaciones de injusticia, es porque estás del lado opresor» (ARZOBISPO DESMOND TUTU)
– «Casi todas las personas son tan felices como preparan sus mentes para serlo» (ABRAHAM LINCOLN)
-«In Italy, for 30 years under the Borgias, they had warfare, terror, murder and bloodshed, but they produced Michelangelo, Leonardo da Vinci and the Renaissance. In Switzerland they had brotherly love, they had 500 years of democracy and peace – and what did that produce? The cuckoo clock» (GRAHAM GREENE)
«Sólo el que ha conocido el extremo del infortunio puede sentir la felicidad suprema. Es necesario haber querido morir, para saber cuan dulce es la vida» (EL CONDE DE MONTECRISTO)