SOBRE RUSIA Y UCRANIA

Invitados por la Fundación Internacional Bases y su Presidente, Federico Fernández, compartimos un panel con Lars-André Richter, Director de la Fundación Naumann en Argentina, acerca de las presentes graves tensiones entre Ucrania y la Federación Rusa. Richter brindó el punto de vista alemán sobre el conflicto mientras quien suscribe, expuso el ruso.

SOBRE LA CUMBRE VIRTUAL BIDEN-PUTIN

Esta es la entrevista que me hiciera la periodista Ana María Serrano, para la TV colombiana (Cablenoticias), en la noche del miércoles 8 de diciembre. Tema central: el encuentro virtual entre los Presidentes de Estados Unidos y Rusia, Joe Biden y Vladimir Putin, respectivamente, por las tensiones entre la OTAN y rusos a propósito de Ucrania.

«CRY MACHO»

En estas cuatro últimas décadas, he aprendido a admirar a Clint Eastwood por su posicionamiento político y hasta moral, que excede las bases y propuestas del propio Partido Republicano norteamericano, esté quien esté al frente, desde Reagan hasta Trump, pasando por George W. Bush (hijo). Sus ácidos cuestionamientos a «la generación de cristal», la actual juventud, educada en una hipersensibilidad ante los más mínimos obstáculos y hasta criticas, son dignos de mi suprema aprobación. Incluso debo destacar su experiencia política en la gestión pública, como alcalde de Carmel, un pueblo distante a 180 kilómetros de San Francisco, entre 1986 y 1988, donde pasaría a la posteridad por sus obras eficaces que le cambiarían la cara a tal localidad californiana.

Pero el costado artístico de Eastwood también merece halagos y no por ello, de menor jerarquía. Por el contrario, en su labor como actor en más de 70 películas, desde aquellas hoy lejanas, como matón a sueldo en «Harry el Sucio» (1971) y «Magnum 44» (1973), como pistolero implacable en «Por un puñado de dólares» (1964), «For a Few Dollars More»(1965), «The Good, the Bad and the Ugly» (1966) y «Los imperdonables» (1992) y ya del lado de la ley y la defensa del Estado, en «Firefox» (1982), «Heartbreak Ridge« (1986), «Un mundo perfecto» (1993) y «En la línea de fuego» (1993), Eastwood siempre sobresalió por su estilo de protagonista frío, pero con un estilo propio, de mucha sobriedad y hasta delicadeza. Ni hablar como director, destacándose con filmes como «Los puentes de Madison»(1996), «Million Dollar Baby« (2004), «Gran Torino» (2008), «La mula» (2018), «Richard Jewell» (2019) y su último estreno «Cry Macho» (este año), cautivando como pocos, la emocionalidad del espectador.

Porque si hay alguna gran virtud de Eastwood es la de reflejar con crudo realismo, las vicisitudes de la vida, los dilemas morales que plantea para cada uno de nosotros, nuestra opción de dudar y resolver, la posibilidad de afrontar con un temple especial los momentos aciagos, la actitud si se quiere estoica pero abnegada para uno mismo y los demás. No deja de estar presente en las últimas películas, incluyendo la comentada aquí, la especial simbiosis cultural que se da en Estados Unidos de hoy, entre latinos y anglosajones, ya sea por la cuestión drogas, la inmigración ilegal o sencillamente, los problemas de convivencia familiar que se reproducen particularmente en las regiones fronterizas con México.

«Cry Macho» no sólo aborda esa cuestión cultural, sino que además, plantea una relación intergeneracional especial, la que se da entre una ex estrella de rodeo y criador de caballos y un niño casi adolescente, sobre quien, el primero, en un viaje singular, le enseñará todo lo que sus propios padres desastrosos, uno y otro a cada lado de la frontera, no le supieron, pudieron ni quisieron transmitir: cómo ser un buen hombre.

En estos tiempos de tanta anomia y crisis de la autoridad paternal, pero también maternal, no es poco, pensando en cómo las personas adultas podemos todavía seguir siendo útiles para los jóvenes tan habituados a una especie de orfandad singular, cuasi autista, por lo que optan refugiándose en los videojuegos o cualquier otro escapismo virtual, ante la ausencia moral de sus padres, dada la crisis familiar que afrontamos hace décadas.

El valor significativo de las películas de Eastwood es ése: nos ejemplifica con su conservadorismo moral no trasnochado pero sutil, la necesidad de reivindicar esas enseñanzas que son válidas para todas las generaciones y también cualquier tipo de cultura.

HISTORIA DE UN DIVORCIO

Tuve la oportunidad de compartir dos asados en Córdoba Capital, uno el pasado viernes 15 y otro, el domingo 17. El primero, con algunos amigos y otros, no tanto. El segundo, con amigos y colegas de la Universidad. Excepto dos de todos ellos, aún casados, el resto éramos todos separados o divorciados. También un par, mostró facetas totalmente contrapuestas, mientras se hallan en pleno proceso de separación: uno estaba feliz y esperaba tener nuevas oportunidades de conquista en su nuevo departamento; el otro se hallaba moralmente destruido, durmiéndose en un sofá cada vez que lograba escapar de la mesa de discusiones políticas, las mismas que antes le parecían importantes y ahora pueriles.

Es que claramente, excluyendo las reacciones coyunturales y hasta los intentos de reconstrucción personal a posteriori, la culminación de un matrimonio, cualquiera haya sido su duración, es de una de la peores situaciones de la vida, seguramente, junto con la pérdida de un ser querido. Es la destrucción de los proyectos en común, de los sueños de una vida compartida -máxime si hubo hijos-, la frustración, el desencanto con las virtudes del otro/otra, la exaltación de sus defectos, todo aquello que era percibido antes como positivo, admirable, etc. Es la cruel reflexión de lo invertido en energía, salud y química a lo largo de años, esperando que todo conduzca a buen puerto y la horrible conclusión de un resultado opuesto. Es la terrible y temible concreción de la muerte en vida, porque uno parece haber llegado no sólo al final de una etapa, sino a una suerte de precipicio donde no cabe otra alternativa que saltar -sin paracaídas-. Si abajo hay una laguna sin rocas o la altura no es tan grande, habrá posibilidades de salvación. De lo contrario, es el final.

Para colmo, ese sábado 16, en el medio de los sendos encuentros gastronómicos, tuve la oportunidad de ver un film recomendado por una especialista en TV y producción de imágenes, más preocupada por dichos aspectos técnicos que por su guión. El mismo que versaba casual -o no tan casualmente-, sobre una ruptura matrimonial.

«Historia de un matrimonio» (2019), más allá de la genial interpretación de sus dos protagonistas, a cargo de un ignoto (excepto para los fanáticos de «Star Wars«) pero genial Adam Driver (una especie de mezcla física noventosa entre Paul Dano y Jason Schwartzmann) y la siempre carismática Scarlett Johansson, revela mucho más que ese cúmulo nefasto de sensaciones que describí al inicio. Lo que resulta en un comienzo de una suerte de culminación matrimonial consensuada, gradualista, mediada con psicólogo de pareja, terminan derivando en un calvario donde los esposos ven autodestruirse su mancomunión de años, merced en gran medida, a sus propios abogados, la perversa Nora Fanshaw (interpretada por Laura Dern) y Jay Marotta (por Ray Liotta). Hasta la presencia transitoria de un abogado más contemporizador como el personaje del veteranísimo Alan Alda (el mismo de «M.A.S.H.»), fue devorada por esa dinámica legalista que consumió las pocas cenizas que quedaban del languideciente matrimonio.

Precisamente, esa competencia judicial tan afín a la idiosincracia norteamericana desde hace décadas, es la que tan sabiamente critica el periodista Frank Gibney, cuando a fines de los setenta, exaltaba por comparación, el modelo armónico y confuciano japonés, como testimonio del éxito económico y social nipón.

A modo de corolario, siempre combinando dos artes que me apasionan, el cine y la música, les dejo estas tres canciones de ABBA. Sí, el grupo sueco que vivió en pleno apogeo profesional como banda de pop, la propia separación matrimonial de sus dos parejas, después de haber dedicado muchos de sus éxitos al amor y la felicidad. La tristeza del proceso se refleja en sus rostros particularmente, en los ojos de ambas mujeres. A lo largo del tiempo transcurrido, podemos ver así cuál fue el balance físico y de salud que tuvo cada uno de los integrantes tras aquellos sendos divorcios.

La reconstrucción de la vida personal a partir de dicho «big bang«, dependerá del tipo de duelo que cada uno realice y la mejor -o más saludable- forma de salida que elija, aunque muchas veces, la racionalidad juega aquí, un papel limitado. De lo que sí estoy seguro, es que, a diferencia de la trama del film citado, no hay que dejar librado el resultado final a los hombres de leyes.

«SUSPICIOUS MIND»

Elvis Prestley hubiera cumplido hoy 86 años. Tal vez lo hubiéramos disfrutado aún subiendo a algún escenario, ya no para cantar pero sí para rendirle algún homenaje quizás en una ceremonia de entrega de los Grammy’s, incluso vía zoom. Pero dudo que con su naturaleza capricorniana, pragmática y en términos de legado, eso tuviera un efecto satisfactorio en su espíritu inquieto, dinamizador pero nada duradero y hasta autodestructivo.

Yo prefiero recordarlo a través de su música, la misma que dejara una impresionante estela en otros músicos posteriores que fueron popularizando sus canciones grabadas en la época dorada de los Estados Unidos del «baby boom» (años ’50 a ’70), a las generaciones sucesivas, de abuelos a padres y de padres a hijos.

Con una canción como «Suspicious Mind» que no sólo me encanta sino que además me remite a una de las primeras caracterizaciones que hizo de mí, ese ser amado, también de signo capricorniano, que está tan lejos físicamente hoy, a quien extraño horrores, desde que se fue en junio pero que está tan cerca de mi corazón que lo conoce como nadie.

Ese legado que ellos nos dejan, inconmensurable, grabado en las experiencias compartidas, los sentimientos afines y la generosidad no sobreactuada. A los Prestley que aún con sus vidas tan cortas, pero tan rupturistas -en el buen sentido- nos han regalado tanto, no queda más que agradecerles infinitamente. 

«Always on my mind».

Una de sus últimas canciones en vivo, la maravillosa «Unchained Melody«.

LIBERALES O ANTI-IZQUIERDA EN EEUU?

«Separando la paja del trigo».
Hay un fanatismo absurdo de algunos #liberales argentinos con el #trumpismo y el espectáculo circense, cuasi latinoamericano de ayer, confundiendo todo, una vez más. Por ejemplo, reflotando el fenómeno de un supuesto #comunismo en #EEUU.
Pero debe subrayarse que esa doctrina nunca prendió ni alcanzó popularidad alguna en ese país, excepto en algunos campuses universitarios, más para consumo externo que doméstico. Siempre estuvo bajo una matriz muy débil en cierto sector del Partido #Demócrata pero de manera poco o nula influyente. Todos sus candidatos, más radicalizados (Jesse #Jackson, Bernie #Sanders y tantos otros en el pasado) perdieron categóricamente en primarias contra candidatos más moderados. Lo más socialista que tuvo EEUU fue el New Deal -frenado por la Corte Suprema-, el Medicaid y el Medicare.
Hoy en términos de libre comercio global, asociados a #China por supuesto, el Partido Demócrata norteamericano está más a la derecha que el propio #GOP. Esto no significa apoyar a #Biden, mucho más senil y pusilánime que Trump o asumir posturas «liberprogres» u otras patrañas. Pero de ahí a creer que este magnate inmobiliario, QAnon y demás visiones conspiranoides, estilos personalistas-populistas y esquemas comerciales industrialistas o proteccionistas, tengan que ser tolerados en función de una nueva supuesta cruzada anticomunista o sean afines al liberalismo, es absurdo.
Lo que está en juego en EEUU hoy, es la propia supervivencia del sistema democrático tal como lo imaginaron los Padres Fundadores e incluso, la del propio país, porque si se desmadra todo, cada Estado podría hasta separarse de la Unión, o sea, paradójicamente, el fenómeno de la ex #URSS 30 años después. Lo que les preocupa a muchos liberales argentinos, en realidad, es quedarse sin «la gallinita de los huevos de oro» que los ha bancado tanto tiempo.
En cuanto a algo más vernáculo, es interesante este intercambio entre Mariano Grondona y un entonces joven Jorge Lanata, quien se declaraba en aquellos lejanos años noventa, como un «liberal de izquierda».

CRONICA DE UN FINAL ANUNCIADO

Un Presidente, que se había preparado toda su vida para serlo,  miente por el escándalo «Watergate» y finalmente, renuncia, acuciado por la crecientemente poderosa prensa escrita -dos periodistas que lograrían una enorme fama posterior-. El mismo Presidente, un feroz pero incoherente anticomunista, que asesorado por su maquiavélico Secretario de Estado, viajaría a China para lograr desnivelar a favor, la adversa ecuación de poder internacional con la entonces desafiante Unión Soviética.

Logrado el pírrico triunfo por la cumbre global en 1991, no sin antes exhibir cómo otro Presidente optimista, carismático y brillante comunicador, también mintiera sobre el «Irangate», el país alardeó esta vez, ante el mundo, de su poder de manera innecesaria y hasta injustificada. Hasta se dio el gusto de intervenir en la elección del Presidente de su ex archirrival, para impedir el triunfo comunista. Inmoralizó la Casa Blanca con un joven Presidente, ex gobernador de un Estado irrelevante y luego, la ocupó con otro de pasado alcohólico, que venía a saldar deudas con su padre otrora poderoso. Ese Presidente llegó al poder por un sólo voto, en una reñida y ya discutida elección.

Luego, la reivindicación social, como resulta obvio, tardía. Un Presidente negro, pero del establishment, prometió mucho e hizo poco (o nada). Hace cuatro años, un Presidente antiestablishmente, aunque haya crecido gracias a él. Allí se encendieron todas las luces de riesgo. Levitsky y Ziblatt advirtieron sobre cómo mueren las democracias pero no pudieron evitar que el descenso acentuara su trayectoria.

Todo ello describe elocuentemente cómo Estados Unidos hace tiempo ya, venía en caída libre. Un cúmulo de factores que aquí no comentaremos, por razones de espacio, lo hicieron posible, pero sobre todo, la propia sociedad americana y en gran medida, su elite, eligieron recorrer tal camino decadente.

Hoy, con las imágenes de un Presidente perdidoso -aún con fraude no demostrado- incitando a la violencia en la propia Casa Blanca; un Vicepresidente, en nombre del establishment que en noviembre se cobró revancha, aunque también pírricamente, dispuesto a certificar la entrega del poder a Joe Biden y, finalmente, una banda de fascinerosos y violentos, el gran temor lejano de los Founding Fathers, que irrumpieron haciendo todo tipo de tropelías en el propio templo legislativo americano, el Capitolio, en Washington DC, no me voy a burlar de tal patético espectáculo de la #democracia liberal norteamericana, porque me entristece.

Pero sí elijo mofarme de los muchos argentinos, académicos y no académicos, que alardeaban de la supuesta superioridad moral, racional e institucional de #EEUU, por ser #anglosajones, civilizados, hasta superiores moralmente, a los latinoamericanos, musulmanes, rusos y chinos, entre otros, sin releer siquiera a Huntington. Más allá, de que jamás descarté que vivan hasta asalariados de la democracia americana (vía fundaciones, «think-tanks«, etc.). Permítanme «disfrutar», obviamente, con algún dejo de nostalgia.

Hace rato que #EEUU ya no es lo que era y cada vez se asemeja más a #Latinoamérica, lo cual tampoco es un mérito: al contrario. Pero demasiada gente aquí, se negó a verlo.

Independientemente de cómo termine la historia, si Pence se impone sobre Trump o éste sobre el sistema, violando todo, nada bueno se avizora sobre el horizonte. Elija: autogolpe consumado, castigo para un ex Presidente, asunción de otro cuasi senil, por qué no disgregación nacional y hasta guerra civil.