«CRIMEN EN EL CAIRO»: EL TRIUNFO DEL MAL

Es un buen filme sueco de Tarik Saleh con una historia descorazonadora en un Egipto que fue Imperio y ahora pena por la «normalidad» desde hace algunos siglos. Un país norafricano más del mundo subdesarrollado y oriental, que empero, se ha acostumbrado a la anormalidad. La de la inestabilidad institucional crónica, la del militarismo, la de los autócratas como Gamal Nasser (1954-1970), Anwar El Sadat (1970-1981), Hosni Mubarak  (1981-2011)y el emergido del último golpe de Estado, Abdel-Fatah Al Sisi (2013 hasta la actualidad), la de las esperanzas destrozadas como «la Primavera Arabe» con la «Hermandad Musulmana» (2011-2013), es decir, con muchas oscilaciones políticas pero sin cambios de fondo, reales, que democraticen la sociedad egipcia en serio y terminen con la impunidad, la desigualdad económica, la inequidad, la frustración juvenil y la falta de horizontes.

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MUNDIAL 2018 EN RUSIA

Será el mejor Mundial de fútbol de la historia? Eso es lo que se proponen los rusos, que siempre organizan todo «a lo grande».

En este mundo globalizado, la organización de un Mundial, sobre todo, para una potencia que se precia de tal, como Rusia, puede constituir una inmejorable oportunidad para mejorar su imagen de país, muchas veces vilipendiada por la prensa y gobiernos occidentales, a partir de las crisis en Ucrania y Siria, entre otras. Forma parte de una política de «soft power» («poder suave») que en cierto modo, a través de la transmisión de su cultura eslava, compensa la imagen belicista y agresiva que suele irradiarse de tal potencia.

Ya unos 12.000 argentinos han comprado sus tickets en los sitios de la FIFA online, por lo que se esperan muchos más que viajarán sin entradas.

Faltan menos de dos meses.

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DUBAI O LA VIDA MISMA

Es lujo, más que calidad; es capricho más que excentricidad; es abundancia más que riqueza.

Es modernidad dentro de la era de la postmodernidad actual. Es globalización a pesar de que se halla en el corazón del mundo musulmán. Allí en el núcleo de las conexiones aéreas del mundo, arribando a su aeropuerto, unos 15 millones de turistas por año, además de algunas categorías exóticas del automovilismo internacional o los top-ten del tenis, que se desplazan a esta capital con alguna frecuencia y se suman a sus 3 millones de residentes habituales. A lo largo de toda su historia, desde el siglo XVIII cuando era un protectorado del naciente Imperio Británico, fue confluencia de viajeros de toda Asia, merced a su estratégica ubicación en el Golfo Pérsico y sus relaciones comerciales con China, India y Pakistán.

Al mismo tiempo, también es carencia. No había oro ni hormigón ni tampoco trabajadores allí. Pero se exportaron en grandes cantidades, gastando fortunas. Claro, trabajando 14 horas por día, con un sol abrasador, una temperatura de 55 grados a la sombra y unos 90 euros por mes. Tampoco hay agua y éste sí es un grave problema. El agua adecuada para beber, al tener gusto a sal porque no está bien purificada, es cada vez menor. Por el contrario, la arena está omnipresente, provocando tormentas que dejan la ciudad excesivamente sucia. Estos problemas crónicos conllevan la necesidad de conseguir agua a un altísimo costo. Uno de los últimos proyectos en ciernes, es la de transportar bloques de hielo («icebergs») desde la propia Antártida.

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UNA AMAZONIA BRASILEÑA DIFERENTE

Amazonia, biodiversidad, naturaleza (en portugués, «natureza») en todo su esplendor. Bañada por la cuenca hidrográfica más grande del mundo, la del Río Amazonas, se trata de la décima parte de todos los bosques que tiene este planeta, la mayor diversidad de especies vegetales y un quinto de todas las especies de aves del mundo. Por ello, sinceramente, esperaba -y ansiaba- encontrar un territorio absolutamente verde, pero selvático, inhóspito, virgen, sin infraestructura alguna, con animales salvajes surcando las rutas.

Claro, al mismo tiempo, resultó triste ver la desertificación y sojificación de la Amazonia, proceso que empezó hace décadas: fue continuo, persistente, hasta inexorable y ni siquiera el Partido Trabalhista con Lula y Dilma en el poder, pudieron evitar a pesar de sus banderas ecologistas.

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OMAR SHARIF Y «DOCTOR ZHIVAGO»

Nació en Alejandría, Egipto, un 10 de abril de 1932, lo cual implica que hace dos días hubiera cumplido 86 años. Aquejado por el Alzheimer, falleció a los 83, hace un lustro, el 10 de julio de 2015 en la capital egipcia, El Cairo. Si bien se hizo famoso por su protagónico en «Lawrence de Arabia», filme de 1962, con el que ganó un Premio «Oscar» de la Academia de Hollywood, aquí lo recordaremos por su consagrada actuación como «Doctor Zhivago» – en ruso, «Доктор Живаго»(1965)-, esa genial obra literaria, en forma de drama épico, escrito por Boris Pasternak, tantos años censurado en la ex URSS. Ese médico ruso, desgarrado por dos amores, uno de ellos a Lara Antípova, en el contexto de la caída del zarismo y la llegada del comunismo soviético, que obligaría a muchos a relegar su vida privada en favor de la entrega total al Partido.

Es paradójico que el nombre y apellido de Omar Sharif, un egipcio, esté tan indisolublemente asociado a esa historia y esa película. Para muchas generaciones, incluyendo los muchos argentinos que visitarán Rusia dentro de dos meses en ocasión del Mundial de Fútbol, estoy seguro que vinculan el nombre de ese país y parte de su grandiosa historia, a lo conocido a través de «Doctor Zhivago» y sus personajes: los ya citados del médico y poeta Yuri y su amante, la enfermera Lara Antípova (representada por la indo- británica Julie Christie), sino también los de Tonja Gromeko (la esposa de Zhivago y personificada por Geraldine Chaplin), Yevgraf Zhivago -el hermano de Yuri (el también británico Sir Alec Guinness)-, el inescrupuloso y pragmático Komarovsky (Rod Steiger), Pável «Pasha» Antípov o bajo su nombre revolucionario -«Strelnikov» (Tom Courtenay), entre otros.

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LA MUSICA BRASILEÑA YA NO ES LO QUE FUE

Mientras viajábamos con mi novia Ekaterina este verano de 2018, escuchábamos las radios brasileñas, omnipresentes a lo largo y a lo ancho del país. Pero he aquí mi sorpresa cuando en vez en escuchar canciones de viejas glorias como Roberto Carlos, Gilberto Gil, Chico Buarque, Caetano Veloso, María Bethania, Gal Costa, Toquinho, Milton Nascimento, Beth Carvalho y tantos otros de la llamada «Bossa Nova» (mix de samba y jazz), o para venir más cerca en el tiempo, a Richie con su «Mi niña veneno», Rita Lee con «Lanzaperfume», la popular «Lambada» o la propia Xuxa, sobre todo, cuando no se lucía para «los más bajitos», otros ritmos hegemonizaban las frecuencias.

Aquí les presento lo más escuchado a lo largo del viaje. «Traidor» de Paula Fernandes, con un ritmo más tipo folklore brasileño; «Hear me now«, de uno de los DJ más famosos hoy del mundo, un tal Alok y, algo más movido, «Pesadao«, interpretado por la voluptuosa Iza, acompañada por Marcelo Falcao.

Brasil ha cambiado tanto en estas últimas décadas que dicha transformación se ha trasladado al terreno cultural, sobre todo, en el ámbito musical. Lo paradójico es que, lejos de aislarse y crear algo propio, acorde con su propia identidad, se ha globalizado.

BRASIL: RIO GRANDE DO SUL

Avanzando más hacia el sur de Brasil, rumbo hacia el Estado de Rio Grande do Sul, con lluvias copiosas y elevada humedad.

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OTRO BRASIL: EL SUR

Enero de 2017. Estado de Santa Catarina do Sul. Desde Joinville (520.000 habitantes, el Municipio más grande de dicho Estado), lejos del mar, hasta Itajaí, por la BR101, existen algo más de 88 km. Ya habíamos dejado atrás, siempre en dirección de regreso a Argentina (vía Uruguayana), los Estados de Sao Paulo y Paraná. Itajaí. municipio y puerto (el cuarto de Brasil) con 184.000 habitantes, preferentemente descendientes de portugueses y alemanes, fundado en el siglo XIX, es la puerta de acceso a los balnearios más deseados por los argentinos: Camboriú, Itapema, Bombinhas y Florianópolis.

Cabe recordar que hace una década, en el mes de noviembre, Itajaí fue asolada por una terrible inundación que impactó sobre el 90 % de la población y murieron 100 personas. Esta zona del país es tremendamente húmeda y lluviosa, sobre todo, en primavera.

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HACIA UN BRASIL POST LULA?

La grandiosidad territorial de Brasil, tiene una estrecha relación con su historia, nada parecida a la Argentina, a pesar de que aquí, muchas veces se ha abusado de las comparaciones entre sus procesos procesos (Perón-Getulio Vargas, dictaduras militares, Kirchner-Lula, Cristina-Dilma). Sin ser ambos países nada revolucionarios, desde su propio origen, Brasil, el último país occidental en abolir la esclavitud, nació a la vida «independiente» producto de una decisión de la corte portuguesa, que instaló a Pedro en el cetro imperial de Río de Janeiro. Esto coloca al país en un situación absolutamente diferenciada del resto del continente. La gestación como Estado-Nación tuvo una naturaleza monárquica y su raíz fue una de las realezas más conservadoras del mundo europeo. 

Que Tiradentes en el siglo XVIII, levantando a los mineros o el obrero metalúrgico Lula Da Silva haya provocado cierta resistencia obrera a la izquierda un siglo más tarde, no mueven demasiado el amperímetro. Brasil fue un país conservador, con una dictadura militar (1964-1985), larguísima y cruel, con fazendas casi al borde del latifundio sobre todo el norte y con poderes fácticos, como los industriales de Sao Paulo, la banca carioca y los oligopolios de los medios de comunicación como O Globo, que tienen poder de veto y hasta influyen en quienes osan desafiar ese «establishment«. Más cerca en el tiempo, se sumó la judicatura que empezó a ser independiente paradójicamente con Lula y ahora le paga a él, con su cárcel por 12 años. El cambio fue y es posible en Brasil, pero sólo por esa vía y al ritmo de ese poder de hecho.

Como lo comprobé en mis viajes desde 2015 a Brasil, tras 4 décadas de ausencia, los pragmáticos -ya lejos de la izquierda ortodoxa-, Lula y Dilma y casi todo un PT corrido hacia el «centro», produjeron mejoras indudables en la calidad de la vida -inicialmente muy baja- del pueblo brasileño, bajaron la pobreza, mejoraron la infraestructura, armonizaron más sus otrora diferencias regionales, pero pactaron con «el diablo»: negociaron y congeniaron con aquella elite. Sin embargo, al hacerlo, tuvieron que entrar en la lógica y redes de tráfico de influencia y corrupción que durante décadas caracterizó a aquélla. En lo sustancial, ambos se beneficiaron por el escaso nivel educativo de la sociedad brasileña, influida por su etnicidad -ahora profundizada por su elevada religiosidad-.

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