LA MUSICA BRASILEÑA YA NO ES LO QUE FUE

Mientras viajábamos con mi novia Ekaterina este verano de 2018, escuchábamos las radios brasileñas, omnipresentes a lo largo y a lo ancho del país. Pero he aquí mi sorpresa cuando en vez en escuchar canciones de viejas glorias como Roberto Carlos, Gilberto Gil, Chico Buarque, Caetano Veloso, María Bethania, Gal Costa, Toquinho, Milton Nascimento, Beth Carvalho y tantos otros de la llamada «Bossa Nova» (mix de samba y jazz), o para venir más cerca en el tiempo, a Richie con su «Mi niña veneno», Rita Lee con «Lanzaperfume», la popular «Lambada» o la propia Xuxa, sobre todo, cuando no se lucía para «los más bajitos», otros ritmos hegemonizaban las frecuencias.

Aquí les presento lo más escuchado a lo largo del viaje. «Traidor» de Paula Fernandes, con un ritmo más tipo folklore brasileño; «Hear me now«, de uno de los DJ más famosos hoy del mundo, un tal Alok y, algo más movido, «Pesadao«, interpretado por la voluptuosa Iza, acompañada por Marcelo Falcao.

Brasil ha cambiado tanto en estas últimas décadas que dicha transformación se ha trasladado al terreno cultural, sobre todo, en el ámbito musical. Lo paradójico es que, lejos de aislarse y crear algo propio, acorde con su propia identidad, se ha globalizado.

LA MUSICA DE LOS «MILLENNIALS»: O EL REINO DESOLADOR Y GRIS OSCURO

Atravesamos varios países latinoamericanos este verano sintonizando varias radios FM y demasiadas canciones de varios géneros. Aún en Brasil, donde el 90 % de la música es en portugués aunque ya no se escuche la vieja y tradicional «Bossa Nova«, nos topamos con el mismo fenómeno. Para no hablar del «reggaeton» latino (Fonsi, Shakira, Enrique Iglesias, Ricky Martin, Maluma, Bad Bunny y Daddy Yankee, entre otros), la mayoría de las canciones «extranjeras», en idioma inglés, estaban hegemonizadas fuertemente por la música de tres solistas: el británico Harry Styles (ex integrante de la banda «One Direction«),  el DJ anglo-noruego Alan Walker y la australiana Sia Furler, estos dos últimos, fieles representantes de la electronic music.

Esto significa que entre los tres tercios en que se divide el mercado consumidor radial del sur de América, dos de los cuales, están claramente globalizados, con la excepción de Brasil, donde la producción propia y en idioma portugués, es dominante, hay una franja básicamente demandada por los jóvenes «Millennials«, a quienes atrae el estilo de esos tres cantantes, con voces agudas y de gran impacto virtual -y visual-, a través de You Tube, donde sorprende la cantidad de millones de visitas que día a día reciben.

Si bien su música es impactante y pegadiza, tampoco puede obviarse el pesimismo y lo poco gratificante de la letra de sus canciones, sobre todo en la cuarentona Sia Furler y el joven Alan Olav Walker, quien a los 20 años, en poco tiempo, saltó a la fama, emergiendo de la comunidad de «videogamers» y difundiendo sus productos entre los «youtubers», tras recibir una fuerte influencia de compositores de bandas sonoras de películas como el genial Hans Zimmer.

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26 AÑOS SIN FREDDIE MERCURY

Prefiero recordar a Mercury por su música, su voz, su liderazgo en Queen y su enorme despliegue físico en un escenario, que por el SIDA, su pareja al momento de morir, su origen africano en la ex colonia británica de Zanzíbar, su infancia en esa paradisíaca isla, donde se mezcla lo indio con lo persa. A diferencia de estos tiempos, donde la prensa amarilla se regodea con esos detalles y termina banalizando a los cantantes, los de mi generación que convivimos con las letras y canciones de Queen, la banda legendaria que lideraba Mercury, privilegiamos seguir atados o influidos por lo artístico, lo cultural pero sobre todo, la impronta y el legado de algunos que demostraron ser imprescindibles. Claramente, no hubo más Queen sin Mercury, no hubo más INXS sin Hutchence ni Police sin Sting. Eso demuestra que si bien, nadie es irremplazable en este planeta, una vez más, hay excepciones a tal regla.

Quedémonos con sus canciones, las personales y las de la banda británica. Yo me quedaré personalmente, con el recuerdo imborrable del primer recital al que fui en mi vida, el 6 de marzo de 1981, en el Estadio Mundialista de Rosario Central, en el barrio de Arroyito en la ciudad de Rosario, donde fui testigo del gran show de Queen en Argentina. Para los no memoriosos, éste se produjo casi un año antes del conflicto militar con los británicos por las Islas Malvinas, en ocasión de desatarse una absurda ola nacionalista cultural que censuraría a Queen y toda otra música británica de las radios argentinas, por varios meses.

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LA CANCION QUE ME IDENTIFICA COMO NINGUNA

Poeta, bohemio, golfo, que se conforma con nada, todo o más; capitán de un velero que no tiene mar; que vive buscando un lugar; que sueña con la libertad; vagabundo y cantor de silencios que no vive en paz; Quijote de un tiempo que no tiene edad, porque viene de un «mundo que está más allá».

Con dos miedos especiales: la facilidad con la que se va el tiempo y también a los charlatanes y vocingleros.

Adaptable, flexible, tanto que soy feliz con un vino y un trozo de pan pero también con caviar y champagne.

Pero tengo tres diferencias con Julio: no me presumo español (para nada, no es modelo de país ni cultura), no tengo tantos hijos (apenas tres y es más que suficiente)  y además, ya no busco ninguna Dulcinea, porque la encontré, no en España, sino en Rusia: se llama Ekaterina.

DOS GENIOS DE LA MUSICA DE PELICULAS: ZIMMER Y MORRICONE

Qué decir de estos dos grandes talentosos creadores de tantas banda sonoras de filmes? Más que nada, antes de emitir comentario alguno, vale la pena escuchar sus brillantes, valoradas y recordadas piezas musicales.

Aún así, vale la pen, al menos brevemente, recordar quiénes son. Hans Zimmer es un brillante compositor alemán, de origen judío, que durante la semana pasada, más precisamente, el 12 de setiembre, cumplió 60 años, siendo un pionero de la mezcla de música electrónica con arreglos orquestales que han sonado realmente de manera extraordinaria. Si bien ganó un sólo Oscar en 1994, por la banda sonora de «El Rey León», ha estado nominado en numerosas ocasiones y sí se ha llevado premios en certámenes como los Globo de Oro, BAFTA, Emmy y Grammy, entre otros. Sus trabajos son innumerables, pero me vienen a la memoria, por ejemplo, las bandas sonoras de «Rain Man» (1988), «Lluvia negra» y «Conduciendo a Miss Daisy» (un año más tarde), «Días de trueno (199o), «La roca» (1996), «Mejor imposible» (1997), «La delgada línea roja» (1998), la ultrapremiada «Gladiador» (2000), Pearl Harbour (2001), «El último Samurai» (2003), la saga de «Batman» (2005-2008), «El Código Da Vinci» (2006), «Frost-Nixon» (2008), «Sherlock Holmes» (2009), «Inception» (2010), «Interstellar» (2014), la bélica «Dunkirk» (este año) y por supuesto, entre tantos éxitos, la saga de «Piratas del Caribe» (2003-2017), que aquí recordamos.

Ennio Morricone es un veterano italiano de 88 años, mucho más clásico, participando en más de 500 películas, muchísimas de ellas, premiadas en diferentes certámenes, aunque haya sólo ganado un Oscar, recién el año pasado con «The Hateful Eight», tras su honorífico una década antes. Desde sus «spaghetti western» y «gángsteres», donde podía combinarse lo mejor del cine italiano del gran director Sergio Leone, como «Por un puñado de dólares» (1964) y «Erase una vez en América» (dos décadas más tarde) con los guiones a medida de sus composiciones musicales, pasando por «Los intocables de Elliot Ness» (1987) y «Cinema Paradiso» (1988) hasta Malena (2000), con la voluptuosa Mónica Bellucci, Morricone lograría bandas sonoras célebres y recordadas para siempre. Aquí presentamos en primer lugar, su afamada y premiada «La Misión» (1986), filmada en nuestras bellas Cataratas del Iguazú, en recuerdo a las misiones jesuíticas de los indios guaraníes, en medio de la puja entre portugueses y españoles por Colonia de Sacramento en el siglo XVIII.

En segundo lugar, el emotivo final con «Chi Mai» en la película «El profesional» (1981) protagonizada por el gran actor francés Jean Paul Belmondo.

Eso transmiten con su música, estos dos colosos: cientos de escenas que a lo largo de décadas, han sido acompañadas de manera sublime, por acordes que reflejaban esos  sentimientos profundos de amores, pasiones, dolores, alegrías, desencantos y tantas más emociones, que llegan hasta el alma, por eso, ambos merecen su sitial aquí.

USANDO EL PENSAMIENTO LATERAL: DOS CASOS

No hay que leer demasiado al psicólogo maltés Edward De Bono, el gurú del «pensamiento lateral» en los años noventa, para tomar conciencia de que siempre hay salidas, opciones, alternativas a las sombras o dificultades que se ciernen sobre la vida.

Dos filmes británicos, ambientados en 1984, en la ruinosa y decadente situación de las minas de carbón, industria a punto de extinguirse y a la que la Premier Margaret Thatcher le detonó el tiro final, ilustran con la debida cuota de emoción, tales posibilidades. En ambos casos, fue la música, acompañada en uno de ellos, por la danza, la que permitió a sus protagonistas, eludir la dimensión problemática, de sus entornos familiares, grupales o laborales, plagada de amenazas: desocupación, huelgas, piquetes, prisión, represión, traiciones, alcoholismo, drogas, infidelidad matrimonial, desalojos, intentos de suicidio, la enfermedad o muerte de seres queridos. Así, se decidieron a forjar sus propios destinos, mucho más halagüenos, de la mano de sus vocaciones, talentos o capacidades artísticas. Poco a poco, sus vidas no terminaron de irradiar hacia las otras: el tiempo dedicado a actividades vanas, fue cediendo a energías mejor usadas en pro de lo que a ellos les gustaba o sencillamente amaban, dejando atrás esa realidad ominosa y agobiante para todos.

En «Tocando el Viento» o «Brassed Off» (estrenada en 1996), protagonizada por Ewan Mc Gregor, Pete Postlethwaite, Jim Carter y Philip Jackson, entre otros brillantes actores británicos, la banda musical de un pueblito minero imaginario del condado de Yorkshire -Grimley- (en realidad, se trata de la Grimethorpe Colliery Band), pudo llegar a la cima musical de Londres, el Royal Albert Hall, sepultando así las divisiones y el drama entero de la comunidad de trabajadores del carbón.

En «Billy Elliot: Breaking Free« (estrenada en el año 2000), donde sobresalen Julie Walters (la misma actriz de «Educando a Rita») y un Jamie Bell preadolescente, el hijo de un minero en huelga, sólo preocupado por la pérdida de su fuente de trabajo, en el condado de Durham, rechaza boxear como su padre ansiaba por su naturaleza machista y se dedica contra viento y marea, a iniciar su carrera de bailarín de danza, apenas apoyado por una profesora (Georgia) -excedida en peso y fumadora compulsiva- y un amiguito homosexual (Michael).

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