En Borgholm, tras un par de videos filmados en tiempos del suceso de MTV, la dupla que había nacido en 1986, pudo ganar fama mundial, sobre todo al alcanzar los principales charts norteamericanos y británicos, a fines de lo ochenta y comienzos de los noventa.
El recuerdo de aquella música pegadiza, con baladas inolvidables, que marcaron años hermosos de mi vida, como el trienio 1990-1993, pero también de toda la generación X, se torna inevitable ahora, al saber que ya no podremos contar más con la presencia física en un escenario de la cantante principal, fallecida tras una larga enfemedad, la semana pasada. La misma que se animó a cantar descalza en Borgholm.
Claramente, «las cosas ya nunca más serán lo mismo».
Cuando hoy leía la noticia de que, luego de una década, los integrantes de «Carta Abierta» decidían cerrarla, porque se había acabado la «resistencia» al gobierno de Macri que mañana termina, no dudé en recordar el papel de otros dos intelectuales de otro tiempo y lugar, que contrastan notoriamente con la actitud de aquéllos. Mientras los argentinos citados, adoptan antes que nada, el rol de «militantes», los dos que mencionaré, cada uno bajo las circunstancias que les tocó vivir, asumieron compromisos manifiestos, con sus convicciones o saberes primero, con sus sociedades o sus países o el mismo mundo después, aunque no necesariamente con sus gobiernos. Es más, hasta podría decirse que tuvieron una enorme valentía, porque además de enemistarse o ser incomprendidos por muchos de sus pares, también se convirtieron en enemigos de esos gobiernos que alguna vez dijeron cobijarlos.
Los casos que quiero recordar, son los de Alan Turing (1912-1954) y Hannah Arendt (1906-1975).
No fue el nacionalismo hoy tan de moda en el Reino Unido del «Brexit» de Johnson ni la retribución a Churchill, quien lo apoyaría incondicionalmente, sino la vanidad, el orgullo y en todo caso, el amor a su precoz pareja masculina (Christopher Morcom), los que motivaron a Turing para tal hazaña. Precisamente, enterado el gobierno británico de tal condición de homosexual, lo castigó con dureza, a la castración química y en tal circunstancia de humillación y desamparo, Turing, con apenas 41 años cumplidos, podría haberse suicidado, algo que no resulta totalmente claro aún.
Por ello, Arendt fue denostada por los lectores del New Yorker, pero también por la mayoría de los cuerpos académicos de la Universidad de Princeton (1959-1963), la Universidad de Chicago (1963-1967) y la New School of Social Research de New York (1967-1975) donde trabajó y sobre todo, por sus amigos, muchos de ellos judíos sobrevivientes e intelectuales como ella. Incluso el propio Estado de Israel la atacó y agravió, a ella que había sido una sionista desde el inicio. Apenas fue defendida por el editor William Shawn y sobre todo, su tercer marido, el profesor de Filosofía, Heinrich Blücher-como antes con Turing, su «esposa por contrato», Joan Clarke-.
Arendt creía firmemente en la relevancia de la voluntad individual, incluso para elegir en situaciones extremas como las que impone un régimen totalitario. Por eso, no escatimó críticas a los «consejos judíos» que colaboraron con los nazis, en los campos de concentración, escogiendo previamente a los prisioneros, para salvarlos o no en las cámaras de gas, aunque fuera «políticamente incorrecto» para su época. Justificar el juicio y la condena a Eichmann, no significaba que no se pudiera entender la lógica de su accionar pero a su vez, también, desnudar la conducta cómplice de los líderes de su propio credo, tan aberrante en términos morales, como la de aquel burócrata que todas las noches dormía con su familia, después de jornadas criminales enteras.
Los casos citados demuestran que cuando un intelectual descubre, racionaliza o simplemente piensa, porque ésa es su principal razón de ser (o pasión), sin terceras intenciones, llegando a conclusiones no necesariamente complacientes con alguien, una catarata de diatribas seguramente recibirá, al extremo de terminar con las vidas de los involucrados. Turing no soportó la presión o tal vez, la soledad sin su amado; Arendt siguió viviendo pero en una suerte de ostracismo o vacío del establishment académico, aún cuando ella siguió defendiendo sus posturas con hidalguía pero sobre todo, valentía. Pero ambos, tildados injustamente de soberbios o vanidosos, eran espíritus inquietos, a quienes les llamaba la atención lo que al común de los mortales, no les atrae: en el caso de Turing, con una enorme dificultad desde pequeño para comunicarse oralmente, con los demás, la criptografía era una fórmula adecuada para disimular tal carencia.
Quizás esos valores escaseen hoy en todo el mundo. Hay demasiada complacencia con el poder de turno, demasiado interés profesional, demasiada vocación de arribismo, cero convicción, cero compromiso con la verdad, cero principismo. El mejor homenaje que les podemos hacer a los Turing y a los Arendt y a tantos «incómodos», «curiosos», «locos» o «anormales»que se jugaron la vida por el arte de pensar muy diferente, tanto en sociedades «libres» -en el caso de ambos- como en totalitarias o autoritarias -muchos otros-, es no renunciar jamás a nuestras convicciones, a nuestras ideas, a nuestras presunciones, a nuestros descubrimientos, incluso aunque parezcan caprichos. Es la única manera de sacudir la modorra, el letargo, la levedad en los que se mueven las nuevas generaciones, sólo habituadas a la pasividad y comodidad que le imponen las tecnologías en continua evolución, lo cual las convierte en fáciles presas para el poder.
Algunos, como los ex «Carta Abierta» ya han renunciado a tales propósitos.
Estados Unidos exhibe hace tiempo, grandes virtudes sociopolíticas y económicas, que la condujeron a ser una superpotencia mundial, como por ejemplo, el talento emprendedor e innovador de tal sociedad; la habilidad para importar cerebros haciéndolos sentir mejor que en su país de origen; el notable federalismo tan arraigado en la conciencia del norteamericano medio; la temprana independencia familiar de los hijos; la escasa y hasta negativa valoración que tiene el Estado en el plano público; la fortaleza institucional de un presidencialismo, original, inédito en su época, a prueba de magnicidios, de Roosevelt y hoy, del propio Trump, la enorme confianza en los terceros no familiares (capital social), que permite como decía Tocqueville, una admirable vocación de crear organizaciones privadas y voluntarias.
Claro, cada una de esas mismas virtudes pueden asumir costos no deseados o mostrar ciertas contracaras no demasiado positivas. El desarraigo familiar, cuando no deriva en una mayor responsabilidad individual, puede conducir a un elevado y creciente consumo de drogas entre los adolescentes. El nulo estatismo mental del norteamericano medio, tal vez, se relacione con una sociedad que se autoorganizó desde su origen en el siglo XVII incluyendo la desmonopolización del uso de la fuerza, es decir, la libre portación de armas, lo cual se traduce en recurrentes epidemias de violencia. Tanta democracia e institucionalidad, aún con -o gracias al- voto voluntario como praxis sociales, los estimula erróneamente a creer que todo el mundo puede ser democratizado o democratizable como ellos, omitiendo diferentes trayectorias históricas, culturas, etc., todo lo que luego, alienta el intervencionismo militar sin siquiera medir intereses geopolíticos.
La mafia se inscribe dentro de estos claroscuros. Al ser -antes, no ahora- una sociedad tan abierta al foráneo, tan receptiva al emigrante, venga de donde venga, sobre todo, insisto, desde su origen, porque así se fundó, como una tierra de peregrinos que escapaban de la opresión, la persecución y los privilegios de sangre, uno de los fenómenos quizás indeseables, que vino en los barcos, fue la mafia -la italiana, la china, la irlandesa, la judía, la católica-.
Por eso, Hollywood también ha rendido tributo desde hace tiempo a esta peculiar forma de hacer negocios vía el crimen organizado, aprovechando la gran cantidad de directores y actores de sangre italiana que ha reclutado a lo largo del tiempo, para mostrar la particular y ominosa forma de vida de los Corleone, los Soprano y Cía, ya sea con un tinte biográfico o desde la mirada de los agentes de la ley y el orden. Por eso, no sorprendió el pasado fin de semana, el extraordinario éxito del estreno -cuándo no vía Netflix– de la última película del director y productor neoyorquino Martin Scorcese y otros tres «peso pesado» de la talla de los septuagenarios legendarios Robert De Niro, Al Pacino y sobre todo, Joe Pesci -en otra memorable actuación-, en «The Irishman» («El irlandés»).
Esa película describe a lo largo de tres horas, la vida de Frank Sheeran, un americano de origen irlandés que habiendo tenido una traumática experiencia en Italia en la Segunda Guerra Mundial, sirviendo a las órdenes del polémico General Patton -rabioso anticomunista- y matando a oficiales y soldados nazis ya rendidos, cuando regresa a Estados Unidos, tras manejar un camión de reparto de carne ovina, escala rápidamente de la mano del siniestro Russell Bufalino (mafia siciliana). «El irlandés» se convertirá pronto en chofer, guardaespaldas, confidente y sicario del todopoderoso jefe del sindicato de camioneros, los «Teamsters», Jimmy Hoffa. El guión elegido por Scorcese es demostrativo de cómo, sobre todo en estos tiempos de Millennials pragmáticos, tanta vida de holgura y poder está asociada a la muerte desde el inicio hasta el fin, matando en vida al propio mafioso, cargado de culpas por haber derribado el muro entre lealtad y traición pero también alejándolo de una forma u otra, de quienes dijo «proteger» -sus familiares-, condenándolo a la peor de las prisiones en la vejez: el olvido en la soledad.
Claro, salvando las distancias, existen algunas sutiles diferencias entre las mafias de Estados Unidos y Argentina.
Allá, los mafiosos son condenados efectivamente a purgar sus buenos años a la cárcel, porque la justicia existe y no es «camelo». Además, los dirigentes delictivos prefieren usar la Quinta Enmienda para no no autoincrimnarse cada vez que llegan a la instancia judicial oral. Luego, directores y guionistas valientes difunden la historia a través del cine y ganan dinero por ello.
Aquí, mientras tanto, difícilmente terminen sus años en la cárcel porque usan los fueros legislativos para evitar ir a prisión o, suelen ser convincentes con sus alegatos victimizándose y rotulando a los jueces como sus verdugos al servicio de intereses oscuros. Conviene trabajar para ellos y no morir asesinado «aunque parezca que fue un accidente», denunciando sus negociados.
Mientras, en un país se intenta plasmar la igualdad ante la ley aún con dificultades, en el nuestro, reina una impunidad y la desconfianza en la justicia.
Además de la compra de Alaska al poco visionario Zar ruso en 1867, la adquisición de la Louisiana a los franceses, por parte de Jefferson en 1803, al oeste del Río Mississipi, fue decisiva para estimular la colonización de miles y miles de americanos, además de gentes de otras latitudes (chinos, japoneses, judíos, hindúes, hasta chilenos y peruanos). Incluyendo la mítica batalla del Alamo (1836), el triunfo sobre los mexicanos en el bienio 1846-1848, permitiendo anexar Texas, California, Arizona y Nuevo México -equivalente a la pérdida del 50 % del territorio para el país vecino-, le dio mayor certidumbre al horizonte del proyecto colonizatorio al que se le sumó la «fiebre del oro» (1848-1849). En cualquier caso, fue el «America First» del siglo XIX, porque semejante empresa civilizatoria, se hizo con la anuencia del Estado americano, pero por cuenta y riesgo de los propios colonos: tal aventura implicaba, priorizar la territorialidad americana, ampliándola, urbanizándola, conectándola vía el ferrocarril. Ello explica por qué y a diferencia del resto del continente, Estados Unidos pudo plasmar el sueño hamiltoniano de una industria nacional fuerte y pujante, «protegida», sí, pero naturalmente, por la gran expansión de su geografía habitable y cultivable.
Esa conquista del «Far West» no fue nada sencilla. El cine de Hollywood ha hecho innnumerables reconocimientos a tal proeza humana. Tal vez de manera edulcorada y un tanto nacionalista ostentosa, «for export» luego de la II Guerra Mundial: Gary Cooper, James Stewart, John Wayne, Robert Mitchum, Richard Widmark, Henry Fonda, Anthony Quinn, Clint Eastwood y tantos otros actores han protagonizado recordadas películas donde personificaban a los vaqueros, pistoleros, «cowboys», incluso «sheriffs» y «marshalls», que con sus caballos y revólveres inventados por Samuel J. Colt, se batían en duelos memorables, aquellas formas nobles de dirimir reyertas, venganzas, «cazar recompensas» o cobrar viejas deudas pendientes entre sí o con forajidos, deseosos de asaltar las caravanas de miles de migrantes que surcaban las praderas hasta poder instalarse y fundar poblados.
Muchos de los colonos eran sectas religiosas, como los mormones, lo cual les permitió avanzar en grupos fervorosos, autoorganizados y solidarios, lo cual les permitió continuar y afrontar con estoicismo la larga travesía, plagada de obstáculos: los robos a las carretas y diligencias, el cuatrerismo (hurto de ganado), la amenaza india y las enfermedades mortales como la disentería y el cólera. La trata, o sea, la compra y venta de mujeres para la prostitución, ya era común por aquellos años, considerando la gran cantidad de hombres dedicados a actividades económicas como el trabajo en las minas, el cultivo de cereales, la cría de ganado vacuno o la instalación de vías férreas o postes de telégrafo. Ellas eran clave para los burdeles y saloons, donde también los hombres montaban casas de apuestas. Pero la «otra mujer», la de la familia, tenía un doble papel: en el hogar estrictamente, con el cuidado de sus hijos pero sobre todo, a cargo de la educación pública, civil y religiosa. Las viudas que se habían convertido en pioneras y las amerindias, también eran protagonistas de la vida civil en los nuevos asentamientos. Las condiciones climáticas y sobre todo, los inviernos, tampoco eran muy estimulantes para aquellas primeras sociedades del «Lejano Oeste».
Todo ese tipo de adversidades pero también epopeyas, construyeron el mito del esfuerzo y sobreesfuerzo americano, personalmente responsable, arrollador, exitoso, capaz de lograr lo imposible y desde esa autoestima colectiva, se fueron construyendo los pilares de una nación que luego en el siglo XX, sobre todo, en su segunda mitad, lideraría el mundo.
La pregunta que cabe hacerse es si el entusiasmo de Trump por esa idea del «America First» es justificado, considerando que el mito del «Far West» tuvo algún componente racista pero al mismo tiempo, implicó una aceptación y hasta una búsqueda deliberada de la nación americana, aún con su propio camino -expansionista- por un lugar en el mundo. Precisamente, no parece ser ésa la intención del discurso trumpiano, más inclinado a retraer o replegar el espíritu americano hacia dentro y así, tornarlo incompatible y hasta confrontativo con el resto del globo.
De bajo perfil mediático, a menudo hermético, lo cual le granjeó pocos amigos en un país como Argentina, donde hay que abrir la boca hasta cuando redunda, Riquelme era un jugador algo cuestionado por su frialdad y hasta «lagunas mentales» en el juego, especialmente por su forma displicente de desplegar su fútbol. Pero nadie jamás pudo dudar de su inteligencia extraordinaria para mirar la dinámica del partido, colocar preciosas asistencias de gol y cuando no, potentes y precisos remates al arco desde media distancia o tiros libres. Era muy difícil -o imposible- arrebatarle la pelota: sacaba de quicio a sus marcadores, dejándolos siempre al borde de la tarjeta amarilla o la expulsión. Con un físico muy particular -y raro para un «enganche» de su categoría-, aunque tampoco fuera un 10 normal, Riquelme sabía como pocos, esconder el balón y sacar pases filtrados, que descolocaban a los defensores rivales.Como si tales talentos no le alcanzaran, dominaba mentalmente el juego, supliendo la disciplina táctico-física con su dominio mental.
Aquí lo vemos lucirse jugando para la selección argentina dirigido por Peckerman y Bielsa contra el Brasil campeón mundial de 2002, en 2005 y el Chile de Bielsa en 2007, respectivamente. En ambos partidos, Riquelme sería la figura central, marcando hermosos goles contra sendos rivales poderosos.
A nivel de clubes, Riquelme jugó también en el Barcelona (2002) pero sin destellar como lo haría en el pequeño Villarreal de España (2003-2006), llegando a una semifinal de la Champions League, cobrándose revancha de su experiencia anterior. Volvió a Boca Juniors (2007-2013), su verdadero lugar en el mundo aunque se retiró donde había comenzado: en Argentinos Juniors (2014).
Admirado y respetado por los hinchas de River, me despido con los goles que Riquelme le marcó a mi Colón: lo tuve que padecer pero al mismo tiempo, disfrutar y envidiar sanamente, a menudo, jugando en contra.
Es un circuito europeo muy especial pero mucho más lo es la carrera que se desarrolla allí año a año, a pesar de que que haya perdido cierto fulgor de antaño, de la mano de la modernización tecnológica. Cerca de la localidad -comuna de 143.000 habitantes- de Le Mans, Francia, sede de la fábrica de Renault, más exactamente en el circuito de La Sarthe, cada mediados de junio, se pone a prueba en un día entero, corriéndose de noche, la resistencia de pilotos avezados y autos, con velocidades que pueden oscilar entre 300 a 405 km/hora. Por eso, el cine le ha rendido su merecido tributo, tanto en los años setenta como en la actualidad, tal vez recordando aquellas épocas donde el hombre hacía rendir a la máquina y no al revés.
Hace apenas algunos días, se estrenó otro filme«Contra lo imposible», dedicado a una experiencia épica que rodeó a Le Mans, pero en 1966. Ferrari, la marca italiana, que fabrica pocos pero exquisitos modelos al año, incluyendo de competición, ganaba la carrera consecutivamente desde 1961 a 1965. Ford, la gran marca americana, gracias al entonces gerente comercial y creador del modelo Mustang, Lee Iacocca (décadas más tarde, salvador de la quiebra de Chrysler y fallecido en julio de este año), decide ingresar al mercado de las competencias automovilísticas en Europa y por lo tanto, desafiar a Ferrari, luego de haber intentado comprarla en apenas 10 millones de dólares. Lo que eran decisiones estratégicas comerciales, puramente racionales, en realidad, encubrían enormes pasiones humanas. El orgullo de Don Enzo Ferrari «Il Commendattore«, mancillado por la ignominiosa oferta de Henry Ford II y la no menor vanidad de éste, quien buscaba una manera de emular y opacar a su abuelo y su padre juntos, fueron los motores empresariales de la nueva aventura.
La película recién estrenada, también es un canto a la deportividad, otro jalón que se ha ido deteriorando a lo largo del tiempo. Decisiones de equipo, tomadas en nombre del contrato o del dinero o del prestigio de la marca, por las cuales un piloto menos destacado aunque coyunturalmente ganador en la evolución de una carrera, debe ceder su lugar al número uno del equipo, terminan afectando la credibilidad de la competencia, además de lesionar vínculos entre los mismos corredores. Así como Miles en 1966, a lo largo del tiempo, en F1, Peterson, Reutemann, Raikkonen, hoy Bottas, Leclerc y tantos otros, han tenido que padecer situaciones semejantes, desafiando o no, las órdenes desde boxes y pagando altos costos en los casos de no mostrar docilidad u obediencia debida, exigidas por la letra fría de contratos.
Cabe recordar que aquellos tiempos de Le Mans, donde marcas como Ferrari, Ford, las británicas Jaguar y Aston Martin y la francesa Matra-Simca, han quedado muy atrás. Hoy, se disputan el cetro allí, desde 1979 en adelante, los alemanes de Porsche (15 veces ganador) y Audi (13 triunfos, 9 de los cuales catapultaron al danés Tom Kristensen), muy superiores a los franceses de Peugeot (3 victorias, la última hace una década), los japoneses de Toyota (ganadores en las ediciones 2018 y 2019, de la mano del español ex campeón de la F1, Fernando Alonso) y Mazda (una sóla vez), más Bentley, Sauber, BMW, Mc Laren y Rondeau, entre otros.
Era una final de dos clubes que jamás alcanzaron un título. Una final de «pobres», pero con premios multimillonarios y promesas de futuro increíbles. Pero todo el amor a un club (Colón) con 114 años de historia frente a otro, Independiente del Valle (ecuatoriano), con apenas una década, no fue suficiente para torcer la historia. Ni siquiera los 35.000 hinchas que puso el primero en el Estadio «La Olla» de Cerro Porteño de Asunción del Paraguay, más los 5.000 en el fan fest, contra los 600 plateístas del novel equipo andino. Fue, seguramente, el récord Guinness de masivo éxodo de hinchas de un país al extranjero, superando incluso a europeos pero tampoco alcanzará para mitigar el dolor del regreso. Ni siquiera el mérito para un equipo que llegó lejos, no mostrando demasiado, con un planteo táctico discutible, algo desarticulado en sus líneas, con algunas individualidades descollantes en partidos anteriores pero que hoy, incluyendo lesiones clave, un penal errado y una lluvia torrencial que cambió el curso de la historia, tampoco pudieron contra un digno campeón, carente de hinchas aunque genuino representante de un proyecto deportivo claro y consistente, con jugadores jóvenes y veloces. No es un reproche porque este grupo dejó todo a lo largo de todo el torneo, pero sí pretende ser la descripción de un equipo que no es tal, ni siquiera en el campeonto argentino, donde navega en mitad de tabla hacia abajo, más cerca del descenso que de la punta.
Yo prefiero neutralizar o moderar ese dolor, tan parecido al de julio de 1989 o junio de 1993 o mayo de 2014, de otra manera, recordando las imágenes de aquella gente que hace grande a mi club. Los hinchas que sin contar con ingresos abultados, hicieron el enorme sacrificio para arribar hasta Paraguay. de cualquier forma: en auto, en 350 buses, en casas rodante, hasta en moto y en bicicleta. Ellos y ellas que postergaron una boda por estar en esta final; el abuelo de 75 años; el hijo que perdió a su padre que hubiera viajado; el que retrasó el transplante de riñón; el soltero que se vino de Australia; el otro casado con familia y todo desde Israel; el verdulero que delira con Colón hasta en la góndola; el ex campeón mundial de boxeo que viajó y cruzó la frontera, como un simpatizante más; el «loco» que ploteó entera su camioneta; el aún más «demente» que se tatuó la espalda con el «Cementerio de los Elefantes»; el comerciante que decidió regalarse un feriado para sí; los cientos que vendieron pertenencias para poder decir «presente» en un acontecimiento, una ilusión, que prometía ser el parteaguas de la vida de un club sufrido pero también de sus propias historias anónimas, incluyendo el cobro de una, un hombre de 61 años.
No importa si los hinchas de Unión, el clásico archirrival, o los de Rosario Central o Talleres de Córdoba que fueron los únicos campeones de la Copa en disputa, están felices con nuestra desgracia. Tampoco importa si la final y el éxodo masivo de colonistas fue ignorada o cubierta parcialmente por los medios nacionales; el saldo positivo económico, los 2 millones de dólares que engrosarán las arcas de un club que estaba hace 3 años, al borde de la quiebra. Menos importa si el flamante campeón es un especialista en amargar a clubes argentinos en instancias definitorias (Boca, River, Independiente, San Lorenzo, Unión) o en que en poco tiempo (3 años), ya logró jugar 2 finales internacionales, ganando ésta. Cualquier lamento o consuelo servirán de poco a esta hora, la del regreso triste, desolador, en silencio hasta la capital provincial.
Pero es cierto tambén que Colón y su hinchada son grandes por esa misma historia, pletórica de alegrías puntuales, efímeras y muchas angustias, tal vez profundas, habiendo renacido una y otra vez. Este tipo de experiencias que nos permitieron vivir uno de los años más emocionantes de nuestras vidas como seguidores del club, peleando cuatro torneos al mismo tiempo, tres en instancias definitorias, cuando en febrero-marzo pasado, nada lo hacía presagiar, viajando a cinco países del continente, haciendo conocer al continente y al mundo, «la marca Colón», seguirán alimentando el mito, de un club chico que se va agrandando cada día más, quizas no tanto por los logros deportivos, sino por el corazón de sus simpatizantes tan pasionales. Los que han demostrado una vez más, contar con un amor inconmensurable hacia los colores rojo y negro, la «sangre y luto», la de los «Negros», la «Raza», la de los humildes pescadores del Río Salado.
Porque el fútbol da revancha y Colón tiene una hinchada que es campeona hace largo tiempo. Algún día tendrá un equipo que sea acorde a ese amor que le tributa su fiel tribuna. Ese día, cuando pueda borrarse este sinsabor del 9/11/19, logrará el título tan deseado por tantas generaciones. Sueño y me pellizco, quizás no sea en territorio ajeno y sí en el propio Cementerio de los Elefantes, su propia casa, donde cayeron tantos grandes del país y el mundo. Un título nacional u otro internacional, con muchos jugadores nacidos en el club. Con un técnico con una propuesta más ofensiva que los recientes y el actual. Ojalá lo pueda vivir.
Te quiero mucho Colón, gracias por todo lo que me has brindado en esta vida. A levantarse una vez más.
«Si realmente estamos enamorados, debemos animarnos a todo» (Alain Delon)
Aquella era otra época, tal vez, de la mano de la ausencia del cambio tecnológico, tal como lo conocemos hoy. Me crié, rodeado de dos hermanas mucho mayores, una de las cuales sentía devoción, adoración, fascinación por un hombre mayor, de cabello negro, realmente bello, que a través de posters que exaltaban su figura, adornaban la totalidad de la habitación. Creo que hasta el día de hoy, estaría «enamorada» de ese hombre y hubiera corrido hasta él, a buscarlo a París, si tenía la oportunidad de hacer realidad la frase que él mismo acuñó.
Ese hombre, era Alain Fabien Maurice Marcel Delon, actor, cantante y empresario francés, uno de los tantos «bon vivant» y sexies galanes glamorosos de los años sesenta y setenta. Claro, hoy comprendo lo fácil que es enamorarse de un poster, de una foto, de una imagen que estéticamente luce impecable. Lo importante es hacerlo desde adentro, allí, en las profundidades del alma del otro u otra. Ya volveré al final al reflexionar sobre esto. Pero primero, vayamos al comienzo «feliz».
Delon fue siempre un burgués conservador. Adoraba en aquellos años mozos, la «buena vida»: romances, trabajo, alcohol, viajes, lujo, placer y más placer. Lo rodeaba el glamour. Tal vez, eso hizo que nunca tuviera grandes reconocimientos por su cine. Estuvo 7 veces nominado en el Festival de Cannes pero nunca ganó.
Las décadas pasarían, el tiempo no avanzaría en vano sobre su físico, sus amores morirían, sus amigos idem, él se divorciaría, sus dos hijos varones se distanciarían, había confesado que ya se resignaría a morir sólo, con su perro.
Claro, Delon estaba comprobando hasta abril de este año que su estrella se estaba apagando irremediablemente, incluso mucho antes de su vida. Europa está llena de inmigrantes, ya no hay lugares para tipos como él, su compatriota Jean Paul Belmondo, el inglés Roger Moore y tantos otros que alardeaban y conquistaban con su machismo.
Pero claro, suele ocurrir que cuando estamos al borde de caer rendidos, aparece alguna luz reivindicatoria. El Festival de Cannes, decidió premiar en vida a Delon, otorgándole la Palma de Oro honorífica en abril pasado. Unas 26.000 firmas se juntaron por parte de la organizaciones feministas, para impedir la ceremonia, pero los organizadores del Festival hicieorn caso omiso a la presión. Anouchka, la hija comprensiva del actor, sí, una mujer, aceptó subir a entregarle el premio. Delon habló y lloró de la emoción, pero sobre todo, agradeció a las mujeres de su vida, particularmente a las que ya no puede ver en vida.
No sabemos en qué condiciones pero hoy llegó sus 84 años. El final de una era no pudo terminar con la vida de este gladiador, quien detrás de tanta belleza, nos mostró como pocos, por enésima vez, lo vulnerables que somos como seres humanos. Quizás tampoco los jóvenes de hoy se hayan criado con la ingenuidad o inocencia con la que se criaron mis hermanas aunque no me extrañaría que les falte cierta «sal en sus vidas», cuando atraviesen el umbral hacia la adultez. La misma con la que intentó vivir Delon, quien hoy reposa tratando de recuperarse junto a su hija: una mujer. El, que hizo lo que le gustaba y por eso, merece mi reconocimiento.
Pero también los propios anglosajones han rendido homenaje a Franciay París. Russell Crowe (neozelandés) en 2006, Michael Caine en 2013, pero sobre todo, Kristin Scott Thomas, Kevin Kline y la nonagenaria Maggie Smith, estos tres últimos con «Mi vieja y querida dama» (2014), han expuesto como nadie, el sufrimiento discreto de los franceses, siempre sutil, -a menudo exageradamente sutil-, por ejemplo, a través de una situación que hoy se ha hecho común pero que hace décadas no lo era tanto: la infidelidad de dos parejas y la desolación de sus hijos que sufrieron tales amoríos sin saberlo o en silencio. De paso, a través de dicha película, los que no somos franceses, conocimos el viager, esa institución milenaria gala, por la cual se alquila con opción a compra hasta que la persona muera, o, como en la misma película se cita sarcásticamente: «si la persona muere pronto, es el destino reemplazarla y si no, pagarle para que pueda vivir».
También Argentina tiene vínculos con Francia. Desde la Revolución de Mayo, nacida bajo el influjo de la invasión napoleónica a España, pasando por Carlos Gardel, el comercio mutuo y la enseñanza del idioma francés a generaciones enteras a través de la Alianza Francesa. Pero el mayor shock lo tuvimos avec Ekaterine cuando al caminar por las calles parisinas, nos pareció estar haciéndolo por algunas aceras de Buenos Aires, como los barrios de Recoleta y Palermo. Resulta algo trillado esto de la semejanza entre París y Buenos Aires, porque además se ha escrito bastante acerca de ello, en materia arquitectónica pero el impacto me resultó llamativo considerando la lejanía o enorme distancia física e histórica entre ambas urbes.
Claro, hoy, también hay que relativizar lo francés y lo parisino, en un mundo con tanta globalización y por ende, inmigración-. Ver la Torre Eiffel blindada contra atentados terroristas y con una enorme fila de turistas chinos pretendiendo subir a ella por ascensor gigantesco como «ganado» -la misma sensación que tuve en el ascenso al Empire State en New York en 1990, también es shockeante. Máxime cuando en la gran fuente que mira a la Torre, un mediodía de pleno verano, era significativa la cantidad de africanos e iraníes con sus burkas, los que se bañaban con sus niños, con la sola excepción de una par de danesas y nosotros dos.
Así como en cada lugar del mundo, hay un rinconcito argentino, también los hay rusos. Ellos llegaron por primera vez a la capital parisina de la mano del ejército victorioso del Zar Alejandro I sobre Napoleón y mientras algunos de sus oficiales regresaron y protagonizaron -sin éxito- la única revolución liberal en el viejo Imperio, la «decembrista», otros se quedaron y aprendieron a respirar la libertad individual, discutiendo en los bares sobre asuntos públicos, como nunca antes lo habían hecho. Tuvieron descendientes y éstos, como buenos rusos, se dedicaron a la alta gastronomía, en lugares coquetos de París.
Idem la música rusa, con Rachmaninoff a la cabeza, también presente en París.
Otros lugares bellos de la capital francesa, dignos de fotografiar.
La despedida es con un video alusivo a la romántica grand chanson de Pierre Bachelet, «Emmanuelle» (1974).
Como refleja el video en clara consonancia con la canción, llena de amor, belleza, deseo, corazón pero también decepción, o sea, vida humana plena, ésta en París asoma por completo placentera, una sensación parecida a la experimentada en Viena. Quizás se trate de ciudades bendecidas por la «buena vida», que es claramente, la guiada por la pasión.
Hasta hace algún tiempo atrás, el Puerto de Rotterdam en Países Bajos, era el más grande del mundo. Pero los profundos cambios del comercio global, han provocado que haya sido superado por algunos puertos asiáticos y hoy, el que fuera el verdadero «rey de la industria marítima», ocupe el puesto 10 en importancia portuaria.
Aun así, sus estadísticas son impresionantes. En el año 2017, se movilizaron por él, 467,4 millones de toneladas de carga y 13.734.334 contenedores. Allí trabajan 180.000 personas (entre operarios y administrativos) y su infraestructura ha sido destacada por el Foro Económico Mundial como la mejor del mundo, por sexta vez consecutiva.
Lo pudimos conocer con Ekaterina, gracias a un idea original de ella: realizar el célebre Spido Harbor Tour, en los emblemáticos barcos o catamaranes de la centenaria empresa holandesa Spido.
Rotterdam desde el Río.
Aquí, a partir de esta foto, empieza a visualizarse el Puerto como tal, por la mayor presencia de cargueros.
Ubicado en un punto de confluencia de los ríos Rin y Mosa, el Puerto de Rotterdam, que incluye 80 terminales y un complejo industrial dentro de sus instalaciones, se extiende por una superficie aproximada de 12.426 hectáreas a lo largo de los 57 Kms. del canal de navegación.
Gestionado por la Port of Rotterdam Authority (PoRA), es el único Puerto en el noroeste de Europa que ofrece un acceso sin restricciones a los buques más grandes del mundo conocidos hasta la fecha, con calados de hasta 24 metros, y sin ningún tipo de restricciones en cuanto a eslora o manga, como los petroleros, los mineraleros y buques porta-contenedores.
Como curiosidad, llegan anualmente al Puerto, unos 30.000 buques de ultramar y unas 110.000 barcazas, haciendo uso de sus instalaciones, es decir, una media de 383 barcos por día, unos 80 cargados o descargados de mercadería, cada 24 horas. Aproximadamente, las autoridades del Puerto deben guiar un barco cada 6 minutos por jornada. Hace una década, se calculó que a un ritmo de casi 10 millones de contenedores con un peso aproximado de 387 millones de toneladas que pasaron por el Puerto, si todos ellos se pusieran en linea recta, se podría dar la vuelta al mundo.
En el año 2018, el Puerto de Rotterdam tuvo un tráfico total de 469 millones de toneladas, lo que representa la mejor marca histórica del primer enclave europeo.
El transbordo de contenedores, volvió a ser el motor de tal crecimiento, con un aumento del 4,5% en tonelaje. En números absolutos, el aumento fue del 5,7%, hasta un total de 14,5 millones de unidades, lo que representa también otro récord para el puerto holandés. Esto refuerza la posición del puerto número uno de contenedores de Europa en un segmento de mercado de una importancia estratégica.
Uno de los aspectos más destacados de 2018 fue la evolución del tráfico de GNL, que se dispara un 163,6%, debido principalmente a los transbordos procedentes del yacimiento ruso de Yamal, con destino final principalmente, a Asia.
El balance económico del puerto registró una facturación de 707,2 millones de euros en 2018, casi cinco millones menos que en el año anterior, debido a los descuentos aplicados por la autoridad portuaria. Por su parte, el resultado neto sin impuestos ascendió a 254,1 millones de euros, unos siete más que en 2017, «debido principalmente a la reducción de los intereses». El año 2018 se caracterizó por un alto nivel de inversión, cerrando el curso con un desembolso de 408,1 millones de euros (91% de incremento). La mayor parte de esta inversión se corresponde al proyecto de accesibilidad logística del Puerto de Rotterdam y a la reubicación de líneas ferroviarias.
A nivel comparado, el Puerto de Rotterdam recibe más toneladas de mercancías al año que entre todos los puertos españoles. Es la puerta de entrada al mercado europeo más utilizada y desde donde llegan la mayoría de los productos que utilizan y consumen 350 millones de consumidores.
La región ofrece una gama completa de empresas especializadas
en el almacenamiento y el transbordo, transporte, transformación industrial y
de servicios auxiliares. En Rotterdam también hay muchos proveedores de
servicios de negocios tales como bancos, compañías de seguros y casas comerciales.
La concentración excepcional de las instalaciones, el know-how y experiencia en un único ámbito ofrecen la mejor garantía
posible de los niveles de servicio óptimos y soluciones personalizadas.
En definitiva, el Puerto de Rotterdam constituye un verdadero hub global que obtiene el 60 por ciento de su carga contenerizada gracias a las conexiones terrestres con muchos países del norte de Europa y del Mediterráneo. Su hinterland se ha expandido considerablemente debido a la formación de una sólida red intermodal, donde los operadores de transporte multimodal han integrado de manera eficaz los ferrocarriles y el autotransporte con el Puerto.
Pero esto no es suficiente para el Puerto holandés, que quiere convertirse en el más inteligente y limpio del planeta. Para conseguirlo, requiere de otra gran transformación. Por eso, la terminal adopta la innovación y ha invertido en tecnologías disruptivas.
Por ejemplo: ¿qué pasaría si las piezas de repuesto industriales estuvieran disponibles justo en los lugares y las ciudades donde son requeridas? La fabricación aditiva (impresión 3D) tiene el potencial para permitir esa disponibilidad, a gran escala, de piezas de metal certificadas a pedido. Hace un año, la compañía Ramlab dio a conocer la primera hélice de barco impresa en 3D aprobada en el mundo. Este es el primer paso hacia un nuevo y atractivo futuro para las piezas de repuesto. Pero existe un paso adicional: Blocklab. Hace tan sólo un año, el Puerto de Rotterdam, la Alcaldía de la ciudad e InnovationQuarter lanzaron esta iniciativa de blockchain para energía y logística. Esta tecnología tiene un considerable potencial para cambiar el manejo de las cadenas de abastecimiento.
Al mismo tiempo, la transición de energía es uno de los
grandes desafíos del Puerto de Rotterdam y del mundo. Los especialistas afirman
que en un futuro el mercado de energía sostenible dependerá del intercambio
descentralizado, y esa flexibilidad será un elemento clave para el nuevo
sistema. La tecnología blockchain
puede cumplir un papel fundamental en esta transición. Con alianzas de
ingenieros, desarrolladores, y usuarios finales, BlockLab realiza casos de uso de múltiples partes interesadas en
ambos dominios y ya ha despertado un gran interés internacional.
Es más, en 2015 se fundó PortXL, el primer acelerador portuario y marítimo en el mundo. Más de 1.000 startups a nivel mundial han sido encontradas, 36 ya arrancaron y se han firmado alrededor de 100 contratos para realizar pruebas piloto con socios industriales. El año pasado, PortXL abrió sus filiales en Singapur y Amberes.
Dentro de este esfuerzo por impulsar la innovación y convertirse en el puerto más inteligente del mundo, no hay que dejar de mencionar el papel del Fondo del Puerto de Rotterdam. Es un fondo de capital de riesgo que comenzó esta organización portuaria, el Banco NIBC, InnovationQuarter y algunos emprendedores locales, que se concentran en invertir directamente en promesas innovadoras del sector. El eslogan de la ciudad es “Haz que suceda” o Make it Happen: seguramente, el Puerto de Rotterdam será el más inteligente del mundo.
Qué relevancia tiene Rotterdam para América Latina? Incluso para la Rusia de Ekaterina, dentro de la misma Europa? Muchísima. Por ejemplo, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sostiene que nuestra región se ha convertido en el mayor exportador neto de alimentos del mundo, tanto que para 2024 el comercio neto de productos agrícolas de Latinoamérica alcanzaría los US$ 60.000 millones, tres veces el valor registrado en 2000. Uno de sus principales destinos de estos productos es Europa. Precisamente, un reporte del Centro de Promoción de las Importaciones desde Países en Desarrollo (CBI), de Holanda, señala que América Latina es uno de los principales proveedores de frutas y vegetales frescos del Viejo Continente, al representar casi el 20% de todos los alimentos que importó de países en vías de desarrollo en 2014, seguida de países como Sudáfrica (4%), Turquía (1%) y Costa de Marfil (1%). Holanda es un hub clave para las exportaciones de América Latina y de Rusia y el espacio postsoviético, ya que se encuentra en un lugar estratégico –logísticamente hablando– de Alemania, Francia y el Reino Unido, las tres principales economías de la región.
En Holanda existen varias localidades con importantes centros de distribución, siendo Barendrecht –ubicada apenas a 20 kilómetros al sur de Rotterdam– y Venlo, cerca de la frontera con Alemania y a solo 167 kilómetros de Rotterdam, las más relevantes en estos momentos para el comercio de productos perecibles. Esto hace que Alemania sea el principal mercado atendido desde el Puerto de Rotterdam.
El Puerto también se conecta por el Mar del Norte con países como el Reino Unido, Finlandia, Suecia y Noruega mediante barcos que sirven de alimentadores. Por ejemplo, desde el Puerto de Rotterdam hacia el Reino Unido, hay tres servicios diarios.
Esto explica por qué más del 60% de la carga que llega a Holanda tiene como destino final los países de la Unión Europea, pero también justifica la inversión extranjera que hay en el rubro logístico en este país. Dicha inversión procede de diversas compañías del mundo, como las estadounidenses y japonesas, por citar algunas, para manejar su carga de una manera eficiente. Incluso, muchos productores latinoamericanos con sus cámaras respectivas, se han instalado en Rotterdam.
Además, el Puerto de Rotterdam ha firmado un joint venture con la compañía brasileña TPK Logística para desarrollar en el Estado de Espíritu Santo, en el centro de la costa brasileña, un complejo de aguas profundas que pueda captar la carga agrícola, petróleo, gas y minería, y así servir a las rutas comerciales con el mundo. Este tipo de alianzas estratégicas ya han sido establecidas por el Puerto de Rotterdam en otras latitudes del planeta, tal como el puerto de Mundra, en la India; el de Kuala Tanjung, en Indonesia, y el de Chemport, en Turquía.
Enviar un contenedor desde el puerto peruano del Callao hacia Rotterdam puede tomar unos 19 o 20 días. Luego de ello, a la carga le tomará entre uno y dos días adicionales para llegar a su destino final, en caso que éste sea un país distinto a Holanda. En tanto, desde el aeropuerto limeño Jorge Chávez, la aerolínea franco-holandesa KLM Cargo opera un vuelo diario directo hacia Ámsterdam en el que transporta 15 toneladas de vegetales frescos a esta ciudad holandesa, desde donde los consignatarios retiran su embarque y lo llevan a distintos países de Europa.
Aquí, ya estamos volviendo al embarcadero del catamarán.
Continúo con la importancia del Puerto, ahora, para la propia economía holandesa. Un nuevo estudio, realizado por la Universidad Erasmus de Rotterdam (EUR), reveló que el 6.2% del valor agregado de los Países Bajos se debe al Puerto de Rotterdam.
Según el mismo, el Puerto citado, contribuye dos veces más al PBI que el calculado previamente: la importancia económica del Puerto es el doble de lo calculado anteriormente. Tradicionalmente, al determinar la importancia económica del Puerto, solo se medía el empleo directo y el valor agregado, incluidos los llamados efectos indirectos hacia atrás. Estos efectos atrasados son el valor agregado que es una consecuencia de las inversiones que realizan las empresas portuarias al comprar en otros lugares de la economía holandesa.
Además de esto, el estudio EUR también analizó los efectos
indirectos del Puerto de Rotterdam, que son las actividades económicas que se
hacen posibles en los Países Bajos debido a la presencia del Puerto de
Rotterdam, como la reexportación a través de la logística y la distribución.
El informe también encontró que la capacidad de ingresos futuros del Puerto es saludable, con grandes posibilidades de crecimiento para la industria de fabricación marítima y los servicios comerciales marítimos en Rotterdam, considerando el contexto de la digitalización y la transición energética. También se demuestra las sólidas oportunidades de crecimiento de la futura capacidad de ingresos del puerto. Ambos de los principales resultados de la investigación subrayan la relevancia de Mainport Rotterdam.
Un video de despedida del Puerto más grande de Europa.
-Choque de civilizaciones
-Diario de una pasión
-Doctor Zhivago
-El Conde de Montecristo (Alejandro Dumas)
-El Señor de Ballantrae (Robert Louis Stevenson)
-La sociedad abierta y sus enemigos (Karl Popper)
-Motín a bordo
-Reflexiones sobre la Revolución Francesa (Edmund Burke)
-Robinson Crusoe (Daniel Defoe)
-Shakespeare enamorado
-The Last of The Mohicans (Fenimore Cooper)
-The silence of the lambs
-The peacemaker
-Facundo: civilización y barbarie (Domingo Faustino Sarmiento)
FRASES PARA RECORDAR
– «The only thing necessary for the triumph of evil is for good men to do nothing» (EDMUND BURKE)
-«Once we accept our limits, we go beyond them» (ALBERT EINSTEIN)
– «Rien n´est plus puissant qu´une idée dont l`heure est venue» (VICTOR HUGO)
– «No hay edad para vivir un amor intenso, así como creo que el amor es lo único que importa. Todo lo demás son plumas del pavo real, modas para seducir, como cuando un tipo se compra un auto fabuloso. Y el drama es que muchas veces el asiento de al lado va vacío, o con una mujer que no le gusta. No se necesita un Porsche para que una mujer te quiera. Hasta Adam Smith tenía esto claro: la razón por la cual la gente busca la riqueza es para salir del anonimato de la masa y ser querida» (ARTURO FONTAINE TALAVERA)
– «Our patience will achieve more than our force» (EDMUND BURKE)
– «Ahora la vida es mucho más riesgosa e incierta, aunque, al mismo tiempo, mucho más entretenida. No tengo ninguna nostalgia por el mundo de nuestras abuelas, donde las mujeres se casaban y tenían siete u ocho hijos y quedaban bastante encajonadas en una vida donde había muy poca posibilidad de cambiar De vida, porque no trabajaban» (ARTURO FONTAINE TALAVERA)
– «To read without reflecting is like eat without digesting» (EDMUND BURKE)
– «Your time is limited, so don’t waste it living someone else’s life» (STEVE JOBS)
– «Todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son» (ABRAHAM LINCOLN)
– «Have the courage to follow your heart ad intuition» (STEVE JOBS)
– «Al final, lo que cuenta no son los años de tu vida, sino la vida de tus años» (ABRAHAM LINCOLN)
– «Si eres neutral en situaciones de injusticia, es porque estás del lado opresor» (ARZOBISPO DESMOND TUTU)
– «Casi todas las personas son tan felices como preparan sus mentes para serlo» (ABRAHAM LINCOLN)
-«In Italy, for 30 years under the Borgias, they had warfare, terror, murder and bloodshed, but they produced Michelangelo, Leonardo da Vinci and the Renaissance. In Switzerland they had brotherly love, they had 500 years of democracy and peace – and what did that produce? The cuckoo clock» (GRAHAM GREENE)
«Sólo el que ha conocido el extremo del infortunio puede sentir la felicidad suprema. Es necesario haber querido morir, para saber cuan dulce es la vida» (EL CONDE DE MONTECRISTO)