LA F1 DE LUTO: NIKI LAUDA

La máxima categoría del automovilismo mundial, es decir, la Fórmula Uno, está atravesando una de sus horas más aciagas, no sólo por su momento de cierta monotonía, por la hegemonía de Mercedes Benz, sino por la muerte de uno de su ex campeones- ícono, el austríaco Nicolaus Andreas “Niki” Lauda, ayer en Zurich (Suiza). Para colmo, el 19 de mayo se cumplió un nuevo aniversario del cumpleaños -el número 91- del también ya fallecido -en 1982-, genial diseñador, constructor y hacedor de una de las marcas más gloriosas de la F1 -Lotus-, el británico Colin Chapman.

Pero volvamos a Lauda, insisto, tres veces campeón (1975, 1977 -ambos con Ferrari- y 1984 -con Mc Laren-), subcampeón en 1976 y dos veces cuarto (1974 y 1978). No estoy de acuerdo con la mirada al estilo de la película “Rush: pasión y gloria” (2013) donde se construye una imagen del austríaco como un piloto fino, pero sobre todo frío, racional, calculador, en constraste con el aventurero y siempre audaz británico James Hunt.

Tal vez, la imagen grabada en nuestras retinas del abandono de Lauda el día de la carrera de Fuji (GP de Japón) en 1976, por condiciones adversas en la pista, debido a la copiosa lluvia, cediéndole el trofeo de campeón a Hunt, algunas carreras después del propio terrible accidente que sufriera en Nürburgring (GP de Alemania), haya contribuido a dejarnos esa falsa representación.

Pero más allá de qué factor influyera en esa polémica decisión, está claro que toda la extraordinaria trayectoria de Lauda antes y después de ese accidente, su increíble recuperación, quedando desfigurado para toda la vida, volviendo a salir campeón mundial de pilotos ocho años después y hasta emprendiendo nuevas actividades fuera de la F1 pero en otro campo tanto o más peligroso pero excitante, como la aviación comercial civil con “Lauda Air”, “Niki” y “Laudamotion”, en su país natal – poco afecto al emprendedorismo capitalista-, demostraron sobradamente que el gran Niki, era tanto o más orgulloso, luchador, perseverante pero también audaz, arriesgado y veloz que cualquier colega top, escribiendo una de las páginas más gloriosas y épicas del automovilismo global.

Terminaría sus días antes de tener sus recientes complicaciones de salud que lo llevarían a su deceso en Suiza, como asesor en los boxes de Mercedes Benz, donde se cansó de ver los triunfos de Lewis Hamilton. Seguramente, este gran vencedor británico, no muy querido a escala mundial, ha recibido más de un consejo del gran ex piloto nacido en Viena.

A pesar de que, al igual que Senna y Vettel, nunca fue mi ídolo -por su puja con el mío, Carlos Alberto Reutemann-, mucho más tarde, reconocí su grandeza. Con esta página, creo saldar esa deuda pendiente. Sus coterráneos, pero sobre todo, los simpatizantes en el mundo de Ferrari, Mc Laren y Brabham, entre otros también pensarán lo mismo. QEPD Nicki.

LOCURA EN MONZA

El domingo 11 de setiembre de 1978, estando yo con mis padres en un barrio porteño donde vivía una familia amiga, fui testigo por TV, del mortal accidente que se llevara la vida del veloz piloto sueco Ronnie Peterson, a bordo de un Lotus, acabando con una riquísima historia de la marca británica de Colin Chapman, plagada de triunfos que sólo retornaría años después de la mano de Ayrton Senna y Kimi Raikkonen. Ese drama se vivió sobre la pista italiana de Monza, en el parque del mismo nombre, cerca de la majestuosa Villa Reale, sobre la salida de la recta principal, allí donde yo mismo pisaría el pasado domingo 2 de setiembre casi por casualidad, sin haberlo jamás previsto y hasta posaría al lado de una bandera de los pocos hinchas suecos que quedan, recordando aquel brillante pero desafortunado corredor.

Pero además de tal recordatorio triste, Monza, cuyo Grand Prix siempre se corre a inicios de cada setiembre, es sinónimo de otras circunstancias más excitantes. Por ejemplo, allí los autos remontan casi vuelo, a una velocidad promedio superior a los 300 km/h. Se trata además de la carrera más emocionante de la F1, dado que año tras años, cuando termina, cientos de miles de aficionados de todo el mundo, se lanzan junto a los tifosi italianos, mayoritariamente ferraristas, a su recta, para festejar el podio de los tres triunfadores. Por eso, cuando este año, me hice presente allí, sin pagar un euro, rodeado de otro medio millón de fanáticos, a los que vimos abuchear a Lewis Hamilton, el ganador más odiado de la historia y ovacionar a mi ídolo, Kimi Raikkonen, por su entrega y sacrificio para Ferrari y su compañero Vettel, siendo ésta su última carrera con el equipo del Cavallino Rampante, en tierras italianas, para terminar su carrera en el suizo Sauber, el mismo team que lo vio debutar hace 17 años.

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MUSEO DE FERRARI EN MARANELLO (ITALIA)

Hace una semana, comenzó la temporada de F1 este año en Australia y volvió al triunfo, después de un año y medio de “sequía”, la tradicional y gloriosa escudería italiana Ferrari. Prestigiosa marca que ha hecho de la fabricación casi artesanal de sus autos y prototipos, su sello distintivo a lo largo del tiempo, mantiene millones de hinchas y simpatizantes (“tifosi”), no sólo en su país de origen sino también a lo largo y ancho del mundo.

Tuve la oportunidad en octubre del año pasado, de recorrer su fábrica en Maranello, cerca de las ciudades de Módena y Bolonia, además del circuito de pruebas en Fiorano, cuyo récord de vuelta todavía ostenta el gran y hoy convalesciente de su grave accidente de esquí, el septacampeón Michael Schumacher y, el Museo de la marca.

Todavía llevo grabado en mi oídos, el sonido atrapante de los motores de los autos sport que sacan a las calles a diario, los empleados de la fábrica para probarlos y acelerarlos en la tranquila ciudad de Maranello.

Este es un bus que suele llevar a los turistas extranjeros e italianos, aunque no precisamente a un precio bajo.

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