OMAR SHARIF Y «DOCTOR ZHIVAGO»

Nació en Alejandría, Egipto, un 10 de abril de 1932, lo cual implica que hace dos días hubiera cumplido 86 años. Aquejado por el Alzheimer, falleció a los 83, hace un lustro, el 10 de julio de 2015 en la capital egipcia, El Cairo. Si bien se hizo famoso por su protagónico en «Lawrence de Arabia», filme de 1962, con el que ganó un Premio «Oscar» de la Academia de Hollywood, aquí lo recordaremos por su consagrada actuación como «Doctor Zhivago» – en ruso, «Доктор Живаго»(1965)-, esa genial obra literaria, en forma de drama épico, escrito por Boris Pasternak, tantos años censurado en la ex URSS. Ese médico ruso, desgarrado por dos amores, uno de ellos a Lara Antípova, en el contexto de la caída del zarismo y la llegada del comunismo soviético, que obligaría a muchos a relegar su vida privada en favor de la entrega total al Partido.

Es paradójico que el nombre y apellido de Omar Sharif, un egipcio, esté tan indisolublemente asociado a esa historia y esa película. Para muchas generaciones, incluyendo los muchos argentinos que visitarán Rusia dentro de dos meses en ocasión del Mundial de Fútbol, estoy seguro que vinculan el nombre de ese país y parte de su grandiosa historia, a lo conocido a través de «Doctor Zhivago» y sus personajes: los ya citados del médico y poeta Yuri y su amante, la enfermera Lara Antípova (representada por la indo- británica Julie Christie), sino también los de Tonja Gromeko (la esposa de Zhivago y personificada por Geraldine Chaplin), Yevgraf Zhivago -el hermano de Yuri (el también británico Sir Alec Guinness)-, el inescrupuloso y pragmático Komarovsky (Rod Steiger), Pável «Pasha» Antípov o bajo su nombre revolucionario -«Strelnikov» (Tom Courtenay), entre otros.

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EL MAS GRANDE DEL FUTBOL NACIO EN ROSARIO

Pero no es Messi. aunque tenga «un gen rosarino». Hasta Maradona habló de él, cuando jugó en Newell´s Old Boys en los años noventa y dijo que «él era el más grande». Juan Carlos Montes que hizo debutar al enorme Diego Armando, también lo tuvo como técnico, en un partido amistoso de abril de 1974, cuando dirigió a un combinado rosarino de lujo y gracias a él, lo vio ganarle y «florearse» contra la propia Selección Argentina antes de jugar el Mundial de Alemania en 1974.

Hay quienes dicen que «ese grande» se llama Tomás Felipe Carlovich. En los años setenta, el apodado «Trinche» jugó mayoritariamente en Central Córdoba de Rosario, era un ocho alto y corpulento y fue dejado libre por el DT Carlos Timoteo Griguol de la primera de Rosario Central, por indisciplina. Carlovich jugaría también en Independiente Rivadavia de Mendoza y también en mi Colón de Santa Fe en 1979, pero pasaría inadvertido para el grueso del periodismo deportivo nacional y mundial.

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26 AÑOS SIN FREDDIE MERCURY

Prefiero recordar a Mercury por su música, su voz, su liderazgo en Queen y su enorme despliegue físico en un escenario, que por el SIDA, su pareja al momento de morir, su origen africano en la ex colonia británica de Zanzíbar, su infancia en esa paradisíaca isla, donde se mezcla lo indio con lo persa. A diferencia de estos tiempos, donde la prensa amarilla se regodea con esos detalles y termina banalizando a los cantantes, los de mi generación que convivimos con las letras y canciones de Queen, la banda legendaria que lideraba Mercury, privilegiamos seguir atados o influidos por lo artístico, lo cultural pero sobre todo, la impronta y el legado de algunos que demostraron ser imprescindibles. Claramente, no hubo más Queen sin Mercury, no hubo más INXS sin Hutchence ni Police sin Sting. Eso demuestra que si bien, nadie es irremplazable en este planeta, una vez más, hay excepciones a tal regla.

Quedémonos con sus canciones, las personales y las de la banda británica. Yo me quedaré personalmente, con el recuerdo imborrable del primer recital al que fui en mi vida, el 6 de marzo de 1981, en el Estadio Mundialista de Rosario Central, en el barrio de Arroyito en la ciudad de Rosario, donde fui testigo del gran show de Queen en Argentina. Para los no memoriosos, éste se produjo casi un año antes del conflicto militar con los británicos por las Islas Malvinas, en ocasión de desatarse una absurda ola nacionalista cultural que censuraría a Queen y toda otra música británica de las radios argentinas, por varios meses.

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