MALVINAS: SIN ESTRATEGIA NI PROYECTO DE PAIS, NO HABRA REGRESO

Hace un año, decía respecto a cómo recuperar las Islas, en lugar de recordarlas con una liviandad facilista (feriados, homenajes no sinceros, etc.), que nos exime de acción concreta y eficaz alguna:

“Recrear una seducción real, no discursiva, al estilo de la existente en los años sesenta, con los vuelos civiles a las Islas, el intercambio académico, los intereses económicos y logísticos, la triangulación de relaciones con otras naciones que pueden apoyarnos en la causa, etc. pueden constituir la llave para esa reconquista pacífica. Habrá que apelar menos a la creatividad en la señalética en las rutas, para convencer a los ya convencidos y usarla en mayor medida en la política pública exterior, para obtener el alma favorable de los “kelpers”.

Completo. Si el país sigue dejando librado a sus interesados -académicos o no-, el tratamiento serio, profundo y a largo plazo, la cuestión Malvinas, sin direccionar sus esfuerzos y haciéndola una de sus tres prioridades reales de Política de Estado (junto a inserción en el mundo e integración regional); si no presionamos al Reino Unido, por vía diplomática y política de otras potencias equivalentes como China, Rusia e India, dejando de confiar ciegamente en lo que haga o pueda hacer o influir su aliado Estados Unidos; si no somos consecuentes en tal sentido, con una lógica de ocupación territorial -en el marco de una geopolítica nacional- y mucho más, con una política de defensa disuasiva que guarde coherencia con la anterior; si manejamos el tema humanitario de la causa (Veteranos y familiares, muertos, suicidios), como si fuera un tema previsional, dejándolo librado a que algún extranjero (oficiales británicos, Cruz Roja Internacional, etc.) brinde su inestimable colaboración desinteresada, etc., no volveremos al archipiélago, excepto para colocar flores en el cementerio de Darwin. 

GUERRA DE MALVINAS: EL AUTISMO DE LA POLITICA EXTERIOR ARGENTINA

Las cientos de veces que cruzamos esos carteles en las rutas argentinas, siempre me recuerdan la pregunta cruda e incisiva de mi novia, proveniente de un país milenario y guerrero que acaba de recuperar Crimea: “y qué han hecho por recuperarlas?”. La respuesta tal vez, lógica, hubiera sido una guerra victoriosa, pero esa opción, que ella conocía, en realidad, apela a que más allá de tanto cartel y discurso nacionalista hipócrita, efectivamente, a lo largo de casi dos siglos, los argentinos no hemos hecho nada concreto ni eficaz, excepto desde el fútil plano discursivo, para que las Islas sean parte del territorio argentino.

La reflexión vale, para estos días cuando se celebran 35 años del desembarco de los conscriptos argentinos en el archipiélago, desalojando por apenas un bimestre, a las escasas fuerzas británicas allí apostadas, custodiando al entonces gobernador Rex Hunt, hecho en el cual, perdiera la vida, el Capitán Giacchino, el primero de una larga lista de algo menos de un millar de desafortunados de los dos bandos, que perecerían en esa absurda guerra.

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