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Un comentario
MARCOS MUNDSTOCK (1942-2020)
Les Luthiers, el grupo humorístico-musical es una de las grandes originalidades que pudo generar Argentina, gracias a esa enorme diversidad cultural que supo construir desde fin del siglo XX, como ningún otro país latinoamericano.
Pude ver en vivo y en directo a estos grandes creativos, que usaban instrumentos excéntricos, inventados por ellos mismos, en dos ocasiones: en octubre de 1987 en el Teatro Coliseo en Buenos Aires y en el invierno de 1991, en el Teatro El Círculo en la ciudad de Rosario.
En un tiempo en el que supuestamente importa más la salud que cualquier otro ámbito de la vida, habría que valorar el aporte de ellos, en favor del humor fino, delicado, inteligente sin golpes bajos, con diálogos extraordinarios por el cuidado en el lenguaje y el uso del vocabulario sin emplear palabras soeces o sin caer en la chabacanería. Así, se ganarían mi admiración temprana y aquellas virtudes los conduciría a tener éxito en la propia España, incluso en la comunidad latina de Estados Unidos
Para muchos argentinos, Daniel Rabinovich era el predilecto. Para mí, lo era Marcos Mundstock, santafesino como yo, pero hijo de judíos-polacos de una región (Galitzia) que está hoy en Ucrania. Prácticamente, él era el líder del grupo, tal vez no tanto por su talento musical como los restantes miembros, sino por su dicción perfecta, su voz inigualable -típica de su previa experiencia coral-, su capacidad de guionista y sus condiciones actorales de histrionismo y carisma, las que expondría de manera manifiesta por ejemplo, en la TV -junto a otro judío, «Tato Bores– y el cine -sugiero «El cuento de las comadrejas»-.
Hoy nos dejó de manera física, tras afrontar una dura enfermedad, que no era el Covid-19. Probablemente, Mundstock, una gran «gerente de la ironía», como buen descendiente judío, si amaba la libertad como yo, eligió -como todos lo hacemos- el momento justo para morir y burlarse así de esta pandemia que tanto teme la mayoría de los humanos en el mundo de este tiempo.
Rabinovich y Mundstock en un diálogo plagado de malentendidos.
ANOTHER «DARK AGE»?
Todos recordamos -y criticamos- el optimismo ingenuo de Fukuyama cuando anticipó el «fin de la historia» en «The National Interest» en 1989. Pero al mismo tiempo, en esa ocasión, el célebre pensador también pronosticó algunos de los flagelos que podrían difundirse de la mano de la globalización, entre otras, las pandemias, ocasionadas precisamente por la libre circulación de personas (viajes por todo el mundo).
La llegada del coronavirus (COVID-19) el 21 de enero de este año a China y su expansión al resto del mundo, nos remite a aquella advertencia. Al igual que el SARS (2003), la gripe A (2009), el Ebola -más vinculado a Africa- (2014) y otras epidemias globales desde los años noventa, el nuevo virus ataca poblaciones de ancianos, en países con escasas defensas sanitarias donde se entra en pánico, apenas los gobiernos -como el argentino- que sobrestimaban el problema, empiezan a ser reaccionar tardíamente.

Mientras China y Corea del Sur, con culturas colectivistas, por ideología o cultura, pudieron sobreponerse a los fracasos iniciales, España e Italia mostraron sus debilidades estructurales y Reino Unido, en una muestra más de alarde nacionalista, exhibió una conducta díscola fomentando «la inmunidad del rebaño», evitando medidas extremas como las de la mayoría: confinamientos tipo cuarentenas, restricción de circulación, cierre de fronteras, inactividad forzada, suspensión de espectáculos públicos, delación de incumplimientos individuales.

Cualquiera sea la duración del problema, el impacto económico global es notorio: caída de bolsas, depreciación de activos. Pero más allá de ello, lo que cuenta, a la hora de evaluar conductas morales, es el efecto psicológico. Quizás estemos en el momento bisagra de la pandemia: o se detiene o se agudiza aún más, con consecuencias impredecibles.
Pero el miedo, por las lecciones que recogemos de la historia, no trae buenas noticias. Por el contrario, cuando las sociedades son atacadas por ese «otro mal», se exageran los costos y el problema original, lejos de acotarse, se expande. La desconfianza se espiraliza y se sobrecarga la labor estatal, sin alcance ni margen suficientes para resolverlo. Como en muchos otros órdenes, por ejemplo, la guerra contra el terrorismo, a partir de 2001, el pánico no fue buen consejero. Algunos demonios novedosos aparecieron y aún es muy dificultoso extirparlos.
Tampoco creer que apelando al llamado a la solidaridad o la «conciencia social», utilizando recomendaciones de políticas compulsivas sobre la población, como si todos fuéramos orientales, podrá ganarse en eficacia, es caer en otra ingenuidad. El «yo me quedo en casa» puede generar problemas adicionales, como los contagios intrafamiliares o mayor debilidad inmunizatoria.
Es que a diferencia de hace un siglo atrás, la viralización de la información gracias a las nuevas tecnologías, nos permite estar mucho más atentos y ágiles para reaccionar ante un «enemigo invisible» para el cual todavía no hay vacuna. Mientras tal difusión no se convierta en psicosis contraproducente, el equilibrio en materia de prevención, sin caer en sobreactuación, puede tener externalidades más positivas.
EL BASQUET ARGENTINO Y UN BAÑO DE REALISMO
El excelente resultado que acaba de lograr el seleccionado argentino de básquet, nada más ni nada menos que un subcampeonato, el segundo en 17 años, en el Mundial de China, no sólo ha devuelto relevancia a dicho deporte, uno más en las preferencias colectivas de los argentinos, sino sobre todo, ha inaugurado un nuevo debate acerca de la ejemplaridad de aquel equipo sobre la actual hora de decadencia y grieta, contexto natural de la política en estas tierras. Un artículo del productor televisivo y ex actor Adrián Suar en el Diario Clarín, detonó tal discusión que ya se venía perfilando días antes a medida que el equipo argentino volteaba rivales con una personalidad y eficiencia que asombraba a propios y extraños.

Claro que la comparación inmediata con el fútbol, otro gran deporte, privilegiado por las juventudes argentinas a lo largo de las generaciones, compañero inseparable de la política (dirigentes partidarios, sindicales, empresarios procedentes de allí, subsidios estatales en cuantía a clubes, financiamiento de barrabravas o «hooligans» criollos), posibilita que ahora el básquet emerja con sus virtudes, como la gran contracara para explicar el gran fracaso como país.
Ciertamente, razones sobran. Mientras en el básquet argentino, hay continuidad, hay proyecto de largo plazo, en el fútbol y la política, sobra la improvisación y el cortoplacismo. Los equipos surgen de clubes de barrio o ciudades, pero juegan en un torneo auténticamente federal, como es la Liga Nacional ya desde hace décadas, una obra gestada por el «Ruso» León Najnudel (1941-1998), el visionario dirigente judío de Ferro Carril Oeste, un club que también lo es de fútbol, en el barrio de clase media, llamado Caballito en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En el deporte de los Messi y Maradona, en cambio, los torneos se arman y desarman cada cierto tiempo, según los caprichos de los dirigentes alineados con el gobierno de turno.
Mientras la Liga Nacional permitió el acceso de jugadores extranjeros de buen porte y calidad, como los norteamericanos ya hace largos años, para enseñarles a los nativos, cómo jugar a nivel competitivo y foguearlos para grandes lides, el fútbol argentino, se nutre sólo de vecinos paraguayos, uruguayos, colombianos, algún chileno o peruano exportando a temprana edad a nuestros juveniles a Europa.
La dirigencia basquetbolística es semiamateur pero ha logrado un esponsoreo diverso e importante y lo administra de manera inteligente; los «caciques» del fútbol son impresentables, con raras excepciones y siempre el dilema -falso-, es profesionalismo con clubes privatizados o amateurismo sin fines de lucro.
Hasta el periodismo que rodea a ambos deportes es sustancialmente diferente. Hay muy pocos periodistas formados y que entienden y transmiten el básquet. Abundan los futboleros y así son sus ingresos y poder de influencia, sobre jugadores, técnicos, árbitros y fans. Comparar la actitud de unos y otros a través del Mundial de Rusia del año pasado y éste de China, ya es elocuente. Negativa y sectaria en el caso del fútbol, de bajo perfil y desinteresada, mostrando amor auténtico por el deporte, en el del básquet. José Montesano es un verdadero ejemplo, una «isla» en su empresa TyC, el canal privado de deportes, que acaba de cumplir 25 años.
Pero esas diferencias se trasladan al campo de juego. Técnicos que son exitosos, que juegan roles de maestros potenciadores de talentos, queridos como si fueran padres, como Sergio»Oveja» Hernández, Rubén Magnano o Julio Lamas, jugadores que también demuestran talento, humildad y compromiso, como el cordobés Facundo Campazzo (número 3 de la Liga española) o el bahiense Emanuel Ginóbili (número 1 retirado de la famosa NBA), otros que no se quieren retirar como el porteño Luis Fabián Scola, ya bordeando los 40. En el fútbol, las individualidades brillantes que hemos tenido y seguimos fabricando no alcanzan para construir equipos hiperganadores: en los últimos 26 años, apenas una Copa América lograda, dos subcampeonatos también en tal plano y otro a nivel mundial. El básquet venía muy desde atrás, desde 1950 y en estas dos últimas décadas, ha nivelado al fútbol en éxitos significativos.

Ahora bien, aún reconociendo que el básquet es un deporte reivindicable para las generaciones presentes y futuras, como deporte y allí hay mucho aún por mejorar, por ejemplo, vis a vis con quien hoy nos ganara -España y su promoción pública del deporte, al igual que lo logrado por el fútbol y el tenis de la Península Ibérica-, donde me resisto a ponerlo en un sitial de ejemplaridad que le excede, es en la política.
Claro que el deporte es una actividad que ojalá despierte interés y pasión de los más chicos, les quite espacio a las drogas, el celular o el sedentarismo, pero de allí a afincarlo en un lugar modelo para nuestra castigada clase política, me parece no sólo exagerado sino inapropiado. Por razones de tamaño, jerarquía social, responsabilidad y hasta liderazgo colectivo, la política amerita encontrar nuevos formatos y dirigentes capaces de sacarnos del marasmo y la decadencia, en su propio campo y no afuera. El básquet tiene su propia esfera y está muy bien que haya mejorado y siga haciéndolo en ella. No es bueno, exigirle roles, funciones ni tiempos para los cuales no está preparado. La mochila sería demasiado pesada y lo distraería de su misión primordial y específica. La ficción o el atajo mágico a los que somos tan propensos los argentinos, volverían a imponerse sobre la cruel realidad.
Párrafo final para una inquietud alejada del tema de debate pero que me acechó a medida que pasaban los partidos de una selección compacta, solidaria e invicta, hasta hoy. Cómo explicar que mientras el país vivió muy pocas luces y muchas sombras a nivel macro, estos chicos que nacieron, se socializaron, se educaron y jugaron a su deporte preferido en estas dos décadas y media, excepto el ya nombrado veterano Scola, pudieron mantenerse al margen de dichos avatares -o no- pudiendo construir sus destinos venturosos que hoy muchos disfrutamos, incluso aquellos que los ven triunfar a nivel individual en otras latitudes. Puede tenerse éxito cuando la infraestructura y el progreso macro ayudan como el caso español pero también a pesar de ello o, sin tenerlo tan en cuenta, como quizás explica este triunfo argentino, porque aún recalcando lo que ya dijimos, de cómo la buena organización del básquet local ayudó a él, el aporte decisivo lo brinda la voluntad individual. Fueron ellos, desde Córdoba, Bahía Blanca, Mar del Plata, Concordia, La Banda, Gálvez, Sunchales, Cañada de Gómez, Marcos Juárez, Junín, General Roca y tantas otras ciudades de Argentina, los que llegaron hasta allí, tan lejos como sólo ellos se lo propusieron.

ESPAÑA: MURCIA
Allí estuve en setiembre de 2011, en ocasión de un Congreso de AECPA, para exponer sobre Rusia.
Murcia es una ciudad del sur de España que cuenta con más de 445.000 habitantes -y más de 650.000 habitantes en la zona metropolitana-, algo similar a mi Santa Fe natal. Se halla situada en la Comunidad Autonómica de la Región del mismo nombre, siendo el séptimo Municipio más poblado de España.
Es una genuina zona productora de alimentos de gran calidad por lo que se la llama la «Huerta de Europa».
La ciudad tiene un origen musulmán, pero luego, durante la integración española, logró notoriedad en el siglo XVIII con el Conde de Floridablanca, un noble progresista y benefactor que fuera un alto funcionario de los Reyes Borbones, Carlos III y IV. Murcia se levantaría durante el cautiverio del último monarca, contra las tropas napoleónicas, adhiriendo a la Constitución liberal de Cádiz en 1812.























Costanera del Río Segura.




Hay que recordar que el joven cadete correntino José de San Martín, se integró al Regimiento de Granaderos de Murcia, con asiento en Málaga, combatiendo en Africa y también en Francia. En Toulón, llegó a conocer al mismísimo Napoleón Bonaparte, a quien le llamó la atención el uniforme celeste y blanco del Regimiento murciano. Aunque no hay registro alguno de que él mismo estuviera en Murcia, nuestro Libertador tiene el nombre de una calle en la ciudad.

TOLEDO: LA CAPITAL DE LA ESPADA
La Alianza de Civilizaciones fue una iniciativa impulsada por la ONU y alentada por el ex Presidente del Gobierno español, el socialista Rodríguez Zapatero, con el fin de neutralizar el famoso «choque entre culturas» de Huntington, por lo que tanto intelectuales españoles como rusos se sumaron y organizaron un seminario sobre el tema en junio de 2010, en la histórica ciudad de Toledo, ubicada a media hora en tren de alta velocidad de la ciudad capital española, Madrid.






Al borde del Río Tajo, Toledo, con una población de 85.000 habitantes aunque creciendo por la incesante llegada de pobladores de Madrid, fue capital imperial en la época de Carlos I, además de ser conocida por ser una ciudad de tres culturas (cristiana, judía y musulmana). Desde la época del Imperio Romano, Toledo se destacó por ser un centro neurálgico de la industria metalúrgica y en especial, de la espada, la mejor de Europa entre los siglos XV a XVII.
Tras haber sido bombardeada durante la Guerra Civil Española, hoy, Toledo es la capital de la Comunidad Autonómica de Castilla-La Mancha. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad, por la UNESCO en 1986.











ESPAÑA AL SUR: GRANADA
Asistiendo al Congreso de Seguridad Internacional en el sur de España, en noviembre de 2010. El centro urbano elegido fue Granada, la famosa ciudad de Andalucía, que alberga a la Alhambra, Patrimonio de la Humanidad, según la UNESCO en 1984 y que se halla orillas del Río Genil.
De notorio influjo histórico musulmán, la ciudad de Granada es habitada por unas 233.000 personas, aunque suma más del doble, al incluir la zona metropolitana. La población se incrementa año a año, con los estudiantes europeos de la Beca Erasmus (UE) y con los turistas de todo el mundo, que la visitan, sobre todo en invierno, para esquiar y escalar la Sierra Nevada.
Anexa a su Catedral, se halla la Capilla Real, donde están enterrados los Reyes Católicos, Juana I «La Loca» y Felipe I «El Hermoso».

















ESPAÑA: VALLADOLID
Junio de 2010. Llegando a la citada Ciudad (300.000 habitantes), para iniciar mi estancia de investigación en la Universidad del mismo nombre. El llano se verá más verde que al sur.






Valladolid, donde se casaron los Reyes Católicos el 19 de octubre de 1469, fue ciudad capital del Reino español entre 1601 y 1606, por decisión de Carlos I. Allí nacieron Felipe II (1527), Felipe IV (1605) y Ana de Austria (1601), Reina de Francia en la época de «Los Tres Mosqueteros». En esta ciudad castellana de tanta alcurnia, Cervantes terminó de escribir su «Don Quijote» en 1604.













Santa Iglesia Catedral Metropolitana de Nuestra Señora de la Asunción


Mi residencia universitaria.



El moderno transporte público.


A 500 AÑOS DE LA PROEZA DE MAGALLANES
A menudo pienso que si no fuera por las mentes inquietas, este mundo sería el reino de la monotonía. Pero la imaginación requiere de la acción para plasmarve o ser llevada a cabo. En el Día del Inventor -en Argentina-, a las mentes inquietas las estimo en gran forma pero mucho más a los exploradores, a aquellos que se animan a romper con paradigmas de conocimiento e intentan ir más allá de lo aceptado. Los Américo Vespucio, los Cristóbal Colón, los Marco Polo guardan para mí, una gran admiración pero mucho más aquellos navegantes como el capitán inglés James Cook (1728-1779) que emprendieron rutas alrededor del globo, incluo muriendo en el intento.
Aquí, muestro una escena dramática de la película «Capitán de mar y de guerra» (2003), del director australiano Peter Weir, basada en el libro del mismo nombre, donde se ilustra el siempre difícil cruce del Cabo de Hornos, en una nave británica de inicios del siglo XIX, que competía con un buque francés en el contexto de las guerras napoleónicas.
Cuatro siglos antes de este cruce -que por aquél siglo XIX se había hecho habitual- y para que los británicos de la Royal Navy (holandeses, franceses o italianos) no se lleven todos los premios o halagos por sus hazañas marítimas, y este año, se cumplen 500 años de una de las más grandes proezas: la circunnavegación por mar, del globo. La encabezó un portugués y la terminó de concretar un español.
En efecto, un 20 de septiembre de 1519 partía de Sanlúcar de Barrameda, la expedición liderada por el portugués Fernando (o Hernando) de Magallanes y patrocinada por la Corona española —entonces, a cargo de un joven Carlos I (también Carlos V)—, compuesta por cinco naves, 239 tripulantes y un objetivo comercial: encontrar un paso por el sur de la recién descubierta América para llegar a las islas de las especias.
El resultado del viaje de 28.000 km. es de sobra conocido: sólo una de las embarcaciones, La Victoria, y apenas 18 hombres salvos (aunque no sanos), lograron regresar a Sanlúcar, tres años después. Magallanes murió a manos de indígenas en la isla de Mactán (Filipinas) y al frente de la famélica expedición venía un piloto de Getaria llamado Juan Sebastián Elcano. Tuvieron que ser ellos, los primeros hombres que circunnavegaron la tierra demostrando para la ciencia —aunque no era su objetivo inicial— que en efecto vivíamos en un planeta redondo.
Hoy se pueden cruzar esos 565 km. de largo del hoy famoso Estrecho de Magallanes -sin saberlo- en apenas 24 horas pero el gran navegante lusitano y su flota necesitaron 36 días. Durante siglos, bien conocido y cartografiado ya el Estrecho, las naves de vela tardaban mucho más por la complejidad del escenario, por las dos angosturas que casi los estrangulan y por los fortísimos vientos que baten la zona. A García Jofré de Loayza le costó cuatro meses atravesarlo en 1526. El célebre capitán francés Louis Antoine de Bougainville, nada sospechoso de impericia marinera, necesitó 52 jornadas en 1767. Solo un marino lo hizo más rápido y ostentó el récord de la travesía hasta que se inventaron los barcos de vapor: Francis Drake —sir para unos; pirata para otros—, que en 1578 lo atravesó como el rayo en solo 16 días. Tal vez, la codicia por el oro ajeno daba alas a los corsarios.
Claro, la celebración del 500º aniversario de la primera circunnavegación de la Tierra, y el protagonismo de España y Portugal, parece que ha provocado algunos roces diplomáticos entre los dos países, aunque solo sea por la forma en que han encarado el proyecto.
El aniversario de la gesta ha traído a la actualidad que la Historia se puede escribir de muchas maneras, pero que aún hay más variantes a la hora de enseñarla. Si para un escolar español, la vuelta al mundo la dio el vasco Juan Sebastián Elcano (Guetaria, España, 1476-Océano Pacífico, 1526); a un colegial portugués, el protagonista de la aventura fue su compatriota Fernando de Magallanes (Portugal, 1480-Filipinas, 1521). Hasta la Wikipedia, ya sea en su versión española o portuguesa, le da crédito a uno u otro héroe. Obviamente, se trata de discusiones postmodernas carentes de sentido.
Lo cierto es que gracias a Elcano y sus 17 marinos, desagregados en cuatro griegos, dos italianos, un portugués, un alemán y diez españoles (vascos, gallegos, andaluces, extremeños y cántabros), pudieron llegar al «fin del mundo» y a la postre, relatarlo y difundirlo, gracias a lo cual, pudimos conocerlo.
Lo que más lamento es que tal espíritu de desafío y aventura se haya perdido tanto en España y Portugal y que por culpa de su propia desidia, en gran medida, influida por el catolicismo dogmático, monópolico y rampante y por consiguiente, el empobrecimiento mental y la escasa propensión a una ética del trabajo, ambas naciones hayan atravesado una oscura decadencia por siglos, sólo interrumpida recientemente con el ingreso a la Unión Europea en los últimos 40 años.
LES LUTHIERS EN EL CONGRESO INTERNACIONAL DE LA LENGUA
Córdoba, Argentina. VIII Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE). Ya pasaron los Reyes de España, Macri, Vargas Llosa y demás célebres escritores, poetas, filólogos y representantes de la Real Academia Española, la guardiana del buen uso del idioma español o castellano, de tan rico vocabulario. Pero también estuvo allí, al menos indirectamente, online, Marcos Mundstock, ese talentoso escritor argentino -santafesino como yo- y de origen escocés, que lidera hace más de 5 décadas, el grupo musical y humorístico, también exitoso en la «Madre Patria», Les Luthiers.
Aquí les dejamos su -como casi siempre- hilarante exposición.
Con ironía, empleando al máximo las sutilezas que permite el idioma español, generando personajes históricos ficticios y sobre todo, combinando artísticamente la música -emanada de sus originales instrumentos de creación propia- con el humor fino, delicado, sin golpes bajos, Les Luthiers ha llenado escenarios teatrales, incluso parques al aire libre, deleitando a multitudes, demostrando, que lo popular no necesariamente debe ser chabacano y, que además de granos y vacas, Argentina puede exportar cultura de primer nivel.
