CHARLES CHAPLIN: UN PIONERO DE LA SONRISA

En su Suiza natal, murió un día de la Navidad de 1977, el mismo que alumbró los rostros de millones cuando el cine era mudo, aunque los seguirá iluminando por varios siglos más, aunque nos domine la tecnología de los celulares, You Tube, Netflix y «Soy Germán». Ya lejos de la pobreza que lo vio nacer, pero a la que le dedicó películas como «Vida de perros», «El vagabundo» y «El chico», por esa infancia aciaga que le tocó enfrentar, con un padre que murió joven atrapado por la cirrosis y una madre enferma que terminó con demencia senil y, a la que siempre recordó por ser actriz (Lily Harley). Tuvo varias esposas y la última, la hija del dramaturgo Eugene O’Neill, le dio nada menos que 8 hijos, aunque él ya tenía 70 años.

Por ser el primer cineasta, productor, autor y actor de una era que quedará grabada para siempre en nuestros corazones, tuvo una valoración enorme y global. Fue un gran capitalista que gracias a sus ahorros bien invertidos (en ladrillos) pudo sobrellevar la Gran Depresión de 1929-1930, aunque criticaría la inhumanidad del fordismo en «Tiempos modernos». Sería implacable con Hitler en «El gran dictador» y volvería a ser ácido con el capitalismo en «Monsiuer Verdoux». Los norteamericanos no le perdonarían su complacencia con el papel soviético para derrotar a los nazis durante la II Guerra Mundial, por lo que sería una víctima más del maccarthismo. Como Bobby Fischer y tantos otros, recién sería perdonado al final de su carrera. Sería homenajeado por Hollywood de manera elocuente: es por todos recordado, su largo standing ovation de 12 minutos, en una entrega de los Oscars. A Hitler que lo llamaba un «pequeño judío despreciable», no le perdonó la copia de su pequeño bigote, que era sinónimo de ternura, no de crueldad.

Su reconocimiento es universal, desde la India de Mahatma Gandhi hasta Europa del Este, donde su fama llegaría de la mano o el uso político de la censura americana en plena Guerra Fría. Hasta un genio como Einstein lo consideraba su amigo. Es que como afirmaba el propio «Carlitos» Chaplin, «sonríe, porque tal vez mañana verás el sol brillando sobre tí» o, » la vida es como una gran obra de teatro, donde debes apurarte a cantar, reír, bailar, llorar, antes de que baje el telón y cierre sin aplausos».

FRANCIA, BELGICA Y SUIZA: FUTBOL MULTICULTURAL

No era extraño en un Mundial de Fútbol, ver Selecciones con jugadores extranjeros. De hecho, en los años sesenta, el gran Eusebio, el primer gran jugador que tuvo Portugal, mucho antes de CR7, era oriundo de Mozambique. La lista sería interminable a partir de allí. Sin embargo, la novedad la entrega la gran cantidad de jugadores nacidos en países o naciones diferentes de sus selecciones, incluso fuera de los continentes en los que juegan. Los tres ejemplos paradigmáticos en este Mundial de Rusia, son Francia, con muchos seleccionados de origen africano, sobre todo de Senegal -que además, participa exitosamente en este Mundial, en otro Grupo diferente-, Bélgica, también con numerosos jugadores del continente negro y Suiza, con no pocos jugadores balcánicos, especialmente, albano-kosovares y croatas -Croacia acaba de derrotar a Argentina en el segundo match de su Zona-.

Asimismo, sobre las 32 selecciones clasificadas, hay 13 entrenadores extranjeros, o sea, el 40 % Cinco de ellos son argentinos.

Es interesante ver cómo este multiculturalismo es bastante exitoso en el campo de juego, al menos, hasta ahora. Los resultados para las tres Selecciones han sido óptimos y cuentan con buenos augurios para la segunda fase. Enfrente también hay Selecciones que apelan enteramente a lo propio, como Rusia, Alemania, Brasil, Serbia, Corea del Sur, Irán, Arabia Saudita y las latinoamericanas, con resultados algo dispares, aunque excepto los tres primeros, más bien, negativos. Es una demostración que la mayor riqueza o diversidad cultural contribuye al éxito? Por ahora, es una hipótesis. Tal vez, con la evolución del Mundial hasta el final, lo podremos comprobar mejor.

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EL CLASICO DEL TENIS MUNDIAL DEL SIGLO XXI: FEDERER VS. NADAL

Es mi primer posteo dedicada a mi tercer deporte favorito, tras el fútbol y el automovilismo, aunque es el primero que sigo practicando.

Lo sigo desde lo informes de Juan José Moro en LS5 Radio Rivadavia en los años setenta, cuando cubría los partidos de Guillermo «Willy» Vilas, el primer número 1 (mundial) de Argentina, gracias a quien, muchos adolescentes y niños, empezamos a jugar este «deporte blanco».

Desde fines de esa década y los años ochenta, soy un asiduo espectador, sobre todo, de las instancias finales de los torneos, que se empezaron a transmitir por TV (Wimbledon, primero Forest Hills y luego, Flushing Meadows, los Masters de fin de año, etc.). Posteriormente, a medida que se nacionalizó más aún el tenis, con las participaciones exitosas del país en Copa Davis, con el propio Guillermo Vilas y acompañado por José Luis «Batata» Clerc, la llegada de figuras juveniles que alcanzaron el top-ten como Gabriela Sabbatini, el misionero-rosarino Alberto «Luli» Mancini, el rafaelino Javier Frana, el rufinense Guillermo Coria, el cordobés David Nalbandián y Gastón Gaudio, entre otros, cadenas como la local TyC Sports o globales como ESPN y Fox Sports, nos habituaron a recibir el tenis en nuestros hogares, con casi todos los torneos del mundo, todas las semanas, incluyendo Challengers y juveniles.

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LA ELEGANCIA VIRIL AL MAXIMO: ROGER MOORE

Falleció hoy, martes 23 de mayo, víctima de un breve cáncer, a los 89 años en Suiza, país en el que residía, aunque será enterrado en Mónaco, la misma que lo vio filmar muchos de los capítulos de sus series. Para la mayoría de mi generación, este actor británico que se aprestaba a festejar con todo, sus 90 años, es sinónimo de prestancia, sobriedad, delicadeza, sin resignar un centímetro de masculinidad. En tiempos postmodernos, de mucha confusión acerca de lo que es la naturaleza viril, estos atributos de los personajes de Roger Moore, pocos, pero sumamente recordables, merecen ser valorados.

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