MUNDIAL 2018 EN RUSIA

Será el mejor Mundial de fútbol de la historia? Eso es lo que se proponen los rusos, que siempre organizan todo “a lo grande”.

En este mundo globalizado, la organización de un Mundial, sobre todo, para una potencia que se precia de tal, como Rusia, puede constituir una inmejorable oportunidad para mejorar su imagen de país, muchas veces vilipendiada por la prensa y gobiernos occidentales, a partir de las crisis en Ucrania y Siria, entre otras. Forma parte de una política de “soft power” (“poder suave”) que en cierto modo, a través de la transmisión de su cultura eslava, compensa la imagen belicista y agresiva que suele irradiarse de tal potencia.

Ya unos 12.000 argentinos han comprado sus tickets en los sitios de la FIFA online, por lo que se esperan muchos más que viajarán sin entradas.

Faltan menos de dos meses.

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RUSIA Y EL FUTBOL

En un año, comenzará el Mundial de Fútbol en Rusia 2018 y hoy, precisamente, se inaugura la Copa Confederaciones, que desde hace unos años, se realiza en cada país anfitrión, para ir motivando a la afición local con cierta antelación.

Pero está claro que desde la presidencia del brasileño difunto Joao Havelange hasta la fecha, el fútbol en países no europeos ni latinoamericanos es en realidad, además de un negocio preinstalado por la FIFA, para rodearlo de publicidad e inversión en infraestructura, por una cuestión de nichos de mercado, es una novedad. Rusia no es la excepción. Allí, el fútbol no es el deporte más popular y desde chicos, herencia o no soviética, no sólo el hockey sobre hielo, el básquet, el voley, la gimnasia sino hasta el ajedrez, están mucho más difundidos popularmente como actividades recreativas y lúdicas profesionalizadas colectivas.  Idem el tenis, aunque éste es un deporte individual y que tiene una trayectoria muy diferentes a los otros, dado que los Safin, Sharapova, Kournikova, Myshkina, Kuznetzov, Kafelnikov, Davydenko y tantos otros hipercampeones/as, nacieron y empezaron a practicarlo en Rusia pero contaron con dinero familiar y emigraron al extranjero para formarse y forjarse con entrenadores extranjeros, en el marco de la globalización que vive el mundo y a la que no fue ni es ajena Rusia desde los años noventa.

De todos modos, Rusia, al igual quizás que su enemistada Ucrania, heredó la práctica futbolística de la URSS, habitualmente, con buenos seleccionados y algunos éxitos deportivos singulares, como el campeonato de la Eurocopa en Francia en 1960 y tres subcampeonatos de ésta en España (1964), Bélgica (1972) y Alemania (1988), más las medallas doradas en las Olimpíadas en Melbourne 1956 y Seúl 1988 y algunos logros en juveniles, como el subcampeonato detrás de la Argentina de Maradona en Japón 1979. Tanto rusos como soviéticos han prometido siempre mucho más de lo que realmente lograron pero igualmente, pueden nombrarse una gran cantidad de enormes jugadores, cuyas acciones han quedado en nuestras retinas. Más recientemente, los noventosos Valery Karpin, Aleksandr Mostovoi, Andrei Arshavin y Roman Pavlyuchenko, pero mucho antes, las figuras de la “Araña” Lev Yashin, el guardavallas soviético eternamente vestido de negro, también arquero Rinat Dasaev, la figura de aquel subcampeón de 1988 y el gran goleador, ucraniano de origen, Oleg Blokhin, son muy recordadas para los rusos pero sobre todo, para el mundo, especialmente, Europa.

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