UNA AMAZONIA BRASILEÑA DIFERENTE

Amazonia, biodiversidad, naturaleza (en portugués, “natureza”) en todo su esplendor. Bañada por la cuenca hidrográfica más grande del mundo, la del Río Amazonas, se trata de la décima parte de todos los bosques que tiene este planeta, la mayor diversidad de especies vegetales y un quinto de todas las especies de aves del mundo. Por ello, sinceramente, esperaba -y ansiaba- encontrar un territorio absolutamente verde, pero selvático, inhóspito, virgen, sin infraestructura alguna, con animales salvajes surcando las rutas.

Claro, al mismo tiempo, resultó triste ver la desertificación y sojificación de la Amazonia, proceso que empezó hace décadas: fue continuo, persistente, hasta inexorable y ni siquiera el Partido Trabalhista con Lula y Dilma en el poder, pudieron evitar a pesar de sus banderas ecologistas.

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PERU: DONDE LOS HOMBRES NO LLORAN

Aunque nos haya aturdido toda una madrugada, descubrimos una noche de brisa marina, una hermosa canción de la novedosa cumbia peruana (no muy diferente de la argentina, ya sea bonaerense o santafesina), “Porque los hombres no lloran”, en un recital público en la playa de Chala (en la región de Arequipa, provincia de Caravelí). Además de verificar allí la forma especial -y diferente respecto a los brasileños- de vivir su alegría, nos percatamos que esa actitud de afrontar y resistir de una forma honorable y hasta orgullosa, era no sólo machista, sino identitaria del propio ser peruano.

Bien justifica entonces, servir de titular para estas reflexiones acerca del presente de tal país, luego de haber estado allí varias semanas este inicio de año, tras nuestra primera visita en 2016. Adicionalmente, nos sirve para describir al pueblo peruano, de una manera diferente a la usual como la conocemos en Argentina -y España-, a través de personajes como Mario Vargas Llosa, que hace tiempo, ha dejado de ser un peruano genuino, para convertirse en un trotamundos cosmopolita, que pasea de vez en cuando por Miraflores, el barrio más coqueto y europeo de Lima.

Aquí, precisamente, les presento la versión musical de la canción citada por parte de “Los Caribeños de Guadalupe”, que de manera increíble, he descubierto, también interpretan canciones como la genial “El embrujo” del grupo cumbiero argentino (santafesino) “Los Palmeras”. Lo paradójico es que la canción, la más escuchada en las radios peruanas en 2017, fue interpretada por primera vez, por Esaud Suárez, el cantante oriundo de Iquitos, que lideraba la banda peruana, hasta su partida a “Los Tigres de la Cumbia”. Suárez escuchó tal canción por primera vez en portugués, durante una estadía en Brasil y decidió llevarla a Perú, donde empezó a interpretarla en español, en forma de bachata. Todo ello revela lo integrados que estamos los pueblos latinoamericanos a partir de la globalización musical, no obstante que permanezcamos cerrados o autárquicos en otros campos.

A Perú, ingresamos el sábado 27 de enero por la tarde, tras atravesar la frontera oriental del país incaico con Brasil. Acabábamos de dejar atrás Assis, en el Estado de Acre, con unos 7.000 habitantes, la localidad brasileña limítrofe con Iñapari, el pueblo peruano del Departamento de Madre de Dios, con unos 1.500 habitantes. Ambas están ubicadas en pleno corazón de la Amazonia, aunque ya a esa altura, la densidad verde y fluvial de ésta, disminuya sensiblemente. Por allí, pasa la Carretera Interoceánica Sur (también denominada Transoceánica o 30C), que une Sao Paulo, la megalópolis brasileña con Lima, la histórica capital peruana.

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