DUBAI O LA VIDA MISMA

Es lujo, más que calidad; es capricho más que excentricidad; es abundancia más que riqueza.

Es modernidad dentro de la era de la postmodernidad actual. Es globalización a pesar de que se halla en el corazón del mundo musulmán. Allí en el núcleo de las conexiones aéreas del mundo, arribando a su aeropuerto, unos 15 millones de turistas por año, además de algunas categorías exóticas del automovilismo internacional o los top-ten del tenis, que se desplazan a esta capital con alguna frecuencia y se suman a sus 3 millones de residentes habituales. A lo largo de toda su historia, desde el siglo XVIII cuando era un protectorado del naciente Imperio Británico, fue confluencia de viajeros de toda Asia, merced a su estratégica ubicación en el Golfo Pérsico y sus relaciones comerciales con China, India y Pakistán.

Al mismo tiempo, también es carencia. No había oro ni hormigón ni tampoco trabajadores allí. Pero se exportaron en grandes cantidades, gastando fortunas. Claro, trabajando 14 horas por día, con un sol abrasador, una temperatura de 55 grados a la sombra y unos 90 euros por mes. Tampoco hay agua y éste sí es un grave problema. El agua adecuada para beber, al tener gusto a sal porque no está bien purificada, es cada vez menor. Por el contrario, la arena está omnipresente, provocando tormentas que dejan la ciudad excesivamente sucia. Estos problemas crónicos conllevan la necesidad de conseguir agua a un altísimo costo. Uno de los últimos proyectos en ciernes, es la de transportar bloques de hielo (“icebergs”) desde la propia Antártida.

Es tradición. Su cultura está fuertemente influenciada por el Islam, y la sociedad árabe y beduina,​ lo cual queda reflejado en las normas de etiqueta y vestimenta, la literatura, la gastronomía y el arte. Hay sectores y barrios enteros que parece, estuvieran detenidos en el tiempo, en los que la gente vive como han vivido sus ancestros por miles de años, con esos camellos surcando las arenas del desierto por doquier y los príncipes y nobles de la corte, con sus túnicas blancas, a pesar de que es probable que sean al mismo tiempo, dueños de casinos, hoteles, aerolíneas y demás empresas en Europa Occidental. La ciudad también se rige por la sharia (ley islámica), por lo que existen crueles castigos: los besos pueden ser causa de deportación y la homosexualidad, calificada como un delito grave, puede conducir a la pena de muerte.

La ciudad fue y es posible también gracias al petróleo. Ya desde los años setenta, con el primer gran “boom” del crudo, semejante riqueza derramó para que los jeques construyeran semejante megapalacio urbano y de esa manera, un oasis afloró lejos de las geografías paupérrimas del Medio Oriente y Palestina. Esos mismos intereses petroleros que les permiten a los emires, jugar indistintamente para “Occidente” o el terrorismo de ISIS o Al Qaeda, según la ocasión o conveniencia de la coyuntura.

De todos modos, no todo se explica por el petróleo. Si bien la economía tuvo un auge importante a partir del desarrollo de la industria del crudo,​ los sectores que generan más ingresos en el emirato, son la construcción, el comercio -incluyendo el practicado en la zona franca- y los servicios financieros. La capital de los emires alberga varias construcciones y obras de infraestructura notables como los hoteles de lujo Burj Al Arab y Burj Khalifa —el más alto del mundo, con 828 m de altura—, los puertos de Mina Rashid y Jebel Ali, y el conjunto habitacional de islas artificiales The World y The Palm Islands. La baja tasa de desempleo ha atraído a una gran cantidad de extranjeros a mudarse al emirato en búsqueda de mejores oportunidades laborales.

En ella, rodeado de lujos y en una mansión con acceso directo al mar, vive Diego Armando Maradona.

Es Dubai, la capital de Emiratos Arabes Unidos: de ella se trata. Este programa de la TV francesa la muestra en toda su plenitud. En efecto, aquí les mostramos un programa del Canal France 4, “El pleno de sensaciones” (en francés, “Le plein de sensations”), que vimos estando en Brasil este verano, pero que data de mediados del año pasado. Nos entregó una imagen bastante completa y seria acerca de Dubai, aún con ciertas aristas no tan conocidas.

Dubai, con sus claroscuros tan notables, se asemeja a la vida misma. Ojalá podamos disfrutarla algún día.

VER TAMBIEN:

EL COSTO ABSURDO DE LA CONSTRUCCION DE DUBAI

EL LADO OCULTO DE DUBAI

Acerca de Marcelo Montes

Doctor y Magister en Relaciones Internacionales. Politólogo. Profesor universitario, área Política Internacional. Analista de la política exterior de la Federación Rusa. Investigador. Columnista de medios de comunicación escrita, radial y televisiva. http://consultoriayanalisisrrii.blogspot.com.ar/ https://twitter.com/marceloomontes
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