CARLOS REUTEMANN: UN CUMPLEAÑOS ARGENTINO EN LA FORMULA UNO

Esa madrugada del domingo 12 de abril de 1981, ya con las entradas en la mano, viajamos con mi padre en su Ford Fairlane, en medio de una densa niebla a Buenos Aires. Recuerdo que llegamos al Autódromo Oscar Gálvez de la ciudad de Buenos Aires, en esa época, Capital Federal, a las cinco de la mañana y sin reposeras, como muchos allí, nos dispusimos a formar parte de la larguísima cola de los fanáticos del automovilismo que nos propusimos mirar la carrera de Fórmula Uno.

En realidad, en esa marea humana ansiosa, estaban incluidos los fans, como yo, de Carlos Alberto Reutemann, el argentino, santafesino, que más lejos llegó en la máxima categoría mundial, después del pentacampeón de los años cincuenta y sesenta, Juan Manuel Fangio. Como si todo ello fuera poco, ese día, era el cumpleaños 39 de Reutemann y estaba peleando palmo a palmo, como nunca antes desde su debut en 1971, el campeonato de la F1, con el brasileño Nelson Piquet que ganaría la carrera -y el torneo ese año- y con el australiano Alan Jones, campeón del año anterior. Con éste, Reutemann ya había tenido conflictos en la carrera anterior, bajo la lluvia, en la propia Brasil, por haberla ganado, desobedeciendo las órdenes del equipo, que le obligaban a cederle el lugar a Jones, por ser éste el número uno del equipo. Todo ello, le daba un sabor especial a esa carrera, la única que vería en vivo y en directo, hasta ahora, en mi vida.

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LA LECCION HOLANDESA

Esta semana, la novedad internacional la constituyó el resultado electoral de Holanda. En sus comicios parlamentarios, el oficialismo liberal de Mark Rutte (VVD), volvió a ganar como en 2012, aunque esta vez, sobre el candidato populista Geert Wilders (PVV), el «Trump nederlandés». Este líder político, con su discurso xenófobo y antieuropeísta, había liderado las encuestas hasta las últimas semanas, en las que, producto de algunos errores de campaña, como su silencio ante la prensa, a la que también juzgó como «mentirosa», fue cayendo hasta perder en los votos -aunque haya subido en el número de escaños-.

Pero cuáles son las reflexiones que demanda el caso holandés a esta hora? Así como desde hace siglos, la sociedad de ese país de Europa septentrional, otrora colonia española, fue un ejemplo paradigmático de tolerancia religiosa y hasta sexual, pluralismo cultural y civismo político, resultaba asombroso que también pudiera caer en la red del populismo antidemocrático. Las preguntas serían, en todo caso, qué razones o factores influyeron para que Holanda -un país, con un sistema atomizado de partidos, que no cumplía el mandato completo de su gobierno desde 1998-,  se viera sometida a tal amenaza y por qué finalmente, nunca terminó de plasmarse en un resultado electoral exitoso? Continúe leyendo