ESTOICISMO Y DEPRESION

Hoy es el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, el severo flagelo que seguramente existió en toda la historia humana, pero que en tiempos postmodernos, se ha tornado, en la principal causa de discapacidad a nivel mundial, a través de suicidios o muertes inducidas por psicofármacos, superando a los infartos, accidentes cerebrovasculares, cáncer, diabetes, etc.

A quienes nos gusta la Historia, podemos imaginar la depresión de poderosos como el Rey Jorge III cuando el profundo bajón anímico que le supuso enterarse de la pérdida de las colonias americanas del Norte tras la rendición de Yorktown, le deparó la llamada porfiria o la de Napoleón cuando fue confinado a Santa Helena, en donde moriría, más tarde -envenenado o no por los británicos-. Más tantos otros. Pero en cualquier caso, la depresión, si no se asume, tampoco puede curarse de modo antinatural o a fuerza de medicación invasiva y con daños colaterales. Tal vez, haya que estimular un verdadero cambio de hábitos desde en el plano de la dieta como en otras dimensiones, que primero frenen semejante malestar emocional y psíquico y luego, lo reviertan hacia una actitud más positiva que derrame en favor de la reconstrucción moral de la persona que sintió tocar fondo.

Precisamente, la sensación de caer tan bajo se asocia a una mezcla de agobio, desasosiego, inconformismo absoluto, un sinsentido de la vida e impotencia, lo cual combinados, generan un coctel explosivo que puede terminar en la autoeliminación. No siempre porque afortunadamente para avanzar en tal plano siempre desaconsejable, porque conduce a un sinsentido mayor y derrama en mayor dolor para los que quedan, no todos tienen el coraje para afrontar tal «salida». Pero aún así, sobrevivir se convierte en una especie de «tumba en vida». Cabe deducir que no vestirse, alterar la dieta, generar trastornos en el sueño, aún permaneciendo postrado, con total desgano, sin ver siquiera la luz del sol, caminar como un zombie, con el mero transcurso del tiempo, consumiendo días, meses o años, enferma y hasta gravemente, llevándonos también al cementerio.

En cualquier caso, sin ánimo de confrontar con quienes saben porque se han dedicado a estudiar y perfeccionarse en el conocimiento metódico de estas problemáticas contemporáneas, que difícilmente afecten a un joven africano que camina decenas de kilómetros por día para buscar agua para su familia, sencillamente porque no tiene tiempo para deprimirse, pero sí puede hacerlo en una mujer británica cuarentona que vive divorciada sin hijos en el barrio de Kensington, puedo sugerir la aplicación de una filosofía más bien estoica para evitar el flagelo.

En estos días, a modo de ejemplo personal, circuló el video de José «Pepe» Mujica, ex Presidente uruguayo, que se está muriendo de cáncer de esófago y se ha resignado a sobrellevar sus últimos días, con serenidad admirable, cuidando de su granja y rodeado del cariño de su compañera de toda la vida, la ex senadora y Vicepresidenta Lucía Topolansky. Qué mejor salida que esperar el fin de nuestros días mientras nuestro cuerpo se autoconsume, con semejante grado de conformidad «con la labor cumplida». El «otoño del Patriarca» es la la asunción no del poder y la vanidad, sino de la falibilidad y al mismo tiempo, la sabiduría, que son virtudes humanas. No hay desesperación, no hay ansiedad, no hay insultos por doquier maldiciendo el momento y el lugar, no hay egoísmo destinado a torcer lo inevitable. Hay resignación tranquila, no morbo, aunque en mi caso, tal vez, buscaría una salida al disfrute, para no morir en una cama sino de pie: al estilo del mensaje del film de 2007, «The Bucket List» -con Morgan Freeman y Jack Nicholson-.

Otro estoico, en la otra vereda ideológica, es Mariano Grondona. Intelectual, que desde hace tiempo, 13 años exactamente, rodeado de sus afectos familiares, lucha contra los efectos de un ACV que lo ha afectado visiblemente en su motricidad. Pero conociéndolo personalmente en los noventa en la Fundación Libertad de Rosario, dudo que el gran Mariano no lo soporte si no es siguiendo los dictados de Marco Aurelio. Con la serenidad con la que ponía coléricos -junto a Bernardo Neustadt- a sus entrevistados políticos en «Tiempo Nuevo», con la reflexión necesaria sobre la vida y la muerte, mirando TV, con la disciplina de intentar mejorar la condición física a pesar de las dificultades crecientes, con la mirada de afecto hacia quienes lo cuidan y miman día a día, sean familiares o empleadas al efecto.

En cualquier caso, a izquierda y derecha, hay muchas razones para deprimirse. Para percibir como el tenista ruso Andrey Rublev, que ya no existe motivo alguno para creer en el sentido de esta vida. Con Dios o sin Dios, la pregunta existencial sólo puede ser respondida viviendo. Porque aún con todos los dolores y sufrimientos que afrontemos, aún los más crueles, como una enfermedad terminal o la pérdida de hijos o amores cercanos, la gama de alternativas que ofrece el trayecto humano por este planeta, en éste universo, vale la pena.

Porque en última instancia, esta vida es un suspiro, es un punto más en ése universo y la muerte, sólo es sinónimo de olvido. O recuerdo permanente, en el corazón de quienes quedamos aquí y seguir en la rueda. Aquellos que sólo necesitamos agradecer por gozar del privilegio de despertarnos, respirar y amar. Por el contrario, entonces, qué sentido encuentra deprimirse?

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– OBESIDAD, BAJA AUTOESTIMA Y DEPRESION

– ENFERMEDAD, STRESS Y DEPRESION: EL CASO DE ALEJANDRO SANZ

– UNA PAGINA ACONSEJABLE DEL MCLEAN HOSPITAL

– EDWIN SCHEIDMAN, GRAN TEORICO DE LA DEPRESION Y EL SUICIDIO

– LA PAGINA DE DAVID BURNS Y SU «FEELING GOOD»

Acerca de Marcelo Montes

Doctor y Magister en Relaciones Internacionales. Politólogo. Profesor universitario, área Política Internacional. Analista de la política exterior de la Federación Rusa. Investigador. Columnista de medios de comunicación escrita, radial y televisiva. http://consultoriayanalisisrrii.blogspot.com.ar/ https://twitter.com/marceloomontes
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