HOLANDA: LA BREVE REPUBLICA LIBERAL DEL SIGLO XVII

Holanda o Países Bajos es famosa por el color naranja de la bandera de la familia Orange-Nassau, por la argentina Máxima Zorreguieta que se incorporó a la realeza europea al casarse con el monarca Guillermo Alejandro, su selección nacional tres veces subcampeona del mundo y una vez campeona de Europa, sus grandes equipos de hockey femenino sobre césped, sus bicicletas gratuitas para recorrer sus ciudades con canales, el “Barrio Rojo” de Amsterdam, los tulipanes, los polders, el apoyo de la Iglesia Protestante a las Madres de Plaza de Mayo, etc. Esa misma experiencia para ganarle tierras al mar, les valió una gran sabiduría técnica para replicarlo en otro países y contar con los capitales en dinero necesarios para ayudar a otros países, como el proyecto que desarrollan con la Hidrovía en el nuestro. Pero para llegar a esa realidad actual tan benigna, positiva y admirada en el mundo, hubo que recorrer un largo y arduo camino.

Es cierto que en algún momento de la historia, Holanda fue potencia marítima mundial, mediando entre España que había llegado a América en el siglo XV e Inglaterra que lo sería a partir del siglo XVIII. Holanda tendría su era de gloria, en el siglo XVII. Una flota con una gran cantidad de barcos y geniales marinos, le permitió explorar nuevas tierras y abrir la rutas comerciales para colocar sus productos. Según el historiador económico Douglass North, Holanda descubrió tempranamente los derechos de propiedad privada y ello incentivó a una mayor productividad de la tierra y el trabajo. Sumado a la gran tolerancia religiosa, el país disfrutó de libertades civiles desconocidas para el resto de uan Europa regada en sangre por las guerras entre católicos y protestantes.

Ahora bien, todo ello fue posible en un momento donde simultáneamente Holanda luchó por su independencia y tuvo república, o sea, reguló hasta semiprohibir la monarquía, con la que hoy tanto se identifica. En efecto, entre 1650 y 1672, Holanda Se convirtió en “Provincias Unidas” (igual nombre al de Argentina, do siglos después) y marginaría del poder al Estatúder, o sea, el rey holandés, instalando los Estados Generales (el Parlamento) un “Gran Pensionario”, una especie de Primer Ministro que administraba la nación de 7 regiones. Algo semejante a lo que había tenido Inglaterra bajo el gobierno parlamentarista del “Lord Protector” Oliver Cromwell, aunque más violentamente, al condenar al patíbulo a Carlos I Estuardo.

Johan De Witt, un burgués afín a los comerciantes y navegantes prósperos, impuso el orden durante dos décadas y media, marginando al Príncipe Guillermo -luego III como Rey- que crecía siendo hijo de María Enriqueta Estuardo y sobrino de Jacobo -luego II como el despótico rey inglés católico derribado en la  “Gloriosa Revolución” de 1688-, con sed de venganza por la muerte de su padre y despreciativo del suelo nederlandés, al que llamaba “ciénaga con pantanos”. Como buen matemático, De Witt pasó a la historia, por su prudencia fiscal, algo poco común en la finanzas europeas de la época con reyes como el nombrado o el propio Luis XIV habituados al despilfarro y lujo.

El mérito de animarse a tener una república en una época donde reinaba la desigualdad desde la cuna y la política se definía por la sangre real, cuyo valor estaba por encima de la patria, es elocuente. Holanda siempre fue codiciada como una potencial provincia de Inglaterra, Francia o España. Las tierras eran piezas de canje en las intrigas palaciegos y los casamientos diseñados a medida. El deber de los príncipes extranjeros como Guillermo de Orange, era con su familia y no con la tierra natal: no importaba si esa familia atentara contra su suelo natal.

Para sobrevivir como república rodeada de enemigos, Johan de Witt debió vencer a ingleses y franceses, junto con los españoles. afrontando cuatro guerras sucesivas. Admirada su escuadra hasta por el Zar ruso Pedro el Grande, la clave de los triunfos radicó en la conducción de la flota naval nederlandesa.

Un hombre, Michiel de Ruyter, de familia numerosa de marineros, heredaría el liderazgo de Morton Tromp, que murió en combate y se transformaría en un almirante popular. Líder carismático, De Ruyter era un genial organizador: aprovechó al máximo, los meses de invierno, para formar y capacitar a sus marineros, innovó las reglas de la marina, con las formaciones de los barcos en línea, ante el fuego enemigo y hasta sacrificó su propia vida personal a pesar de tener su esposa (tercera) y cuatro hijos, uno varón: en 15 años, sólo pudo regalarles un semestre completo de presencia.

De Ruyter fue el primero en preparar en el máximo sigilo, incluso familiar, una fuerza especial de elite, los “Marines”, que con tal de defenderse de los ataques ingleses, osó atacar al enemigo en su propio territorio, llegando hasta la propia Londres, algo que ni siquiera pudieron hacer los escoceses con sus sucesivas rebeliones. De Ruyter y sus hombres, llegaron al estuario del Río Támesis, tomaron una fortaleza, quemaron media flota inglesa acantonada allí, robaron la nave insignia Royal Charles y estuvieron a punto de tomar Londres que entró en pánico. Un humillado y encolerizado Carlos II, tuvo que firmar la paz en Breda en 1667.

Sin embargo, los ingleses no se conformaron y redoblaron la apuesta, ahora jugando la “carta francesa”. Luis XIV le enviaba prostitutas a Carlos II para que lo apoye en el ataque a las Provincias Unidas. Estas quedaron rodeadas por fuego enemigo: franceses en la frontera terrestre, ingleses en la costa y los Príncipes y Duques alemanes de Münster y Colonia, por el este. La corte inglesa no cesaba de conspirar. Influía sobre el Príncipe Guillermo en contra de Johan de Witt pero sobre todo, sobre su hermano Cornelius, que era ayudante de De Ruyter, marginando así al hijo de Tromp, un mediocre marino que sólo acreditaba el antecedente familiar.

Los disturbios aparecerían en la entonces pacífica Holanda. La inestabilidad venía fogoneada desde afuera. Las amenazas de grupos armados y el populacho a la familia de De Ruyter, las decapitaciones de enemigos (traidores que pactaron con Carlos II) de los De Witt, la represión en la famosa Maastricht -cuna del euro como moneda común, siglos después-, todo condujo abrupta pero inexorablemente al desastre (rampjaar en nederlandés): 1672. Ese año catastrófico, es expulsado del poder, dimitiendo Johan de Witt, pero no conformes con ello, los orangistas Johan Kievit y Cornelius Tromp mandan a matar a Cornelius de Witt. Traicionados, el mismo populacho se volvió en contra de los hermanos republicanos, acusándolos de querer matar al Príncipe. Los dos hermanos terminaron muriendo juntos: Cornelius fue torturado en la cárcel y asesinado de un tiro mientras Johan que corría en su defensa, sería linchado. El descaurtizamiento de los cuerpos y posterior exhibición en la plaza pública de La Haya, hoy sede de la Corte internacional de Justicia de la ONU, fueron los testimonios desgarradores del triste desenlace de la breve república holandesa. El filósofo marrano Baruch Spinoza, llamó ese día “el colmo de la barbarie”.

Despojado de apoyos y restituida la monarquía con Guillermo III a la cabeza, De Ruyter se vio obligado a congeniar con Tromp (hijo), pero con el aval del Rey, condujo la flota y una vez más, la resistencia al fuego enemigo anglofrancés, en la batalla de Texel. La paz de Westminster en 1674, sellaba la independencia holandesa que había resistido tres guerras o invasiones.

Sin embargo, no todo terminó allí. Un receloso y mediocre Guillermo III estuvo a punto de condenar a muerte a De Ruyter, por su afinidad con los republicanos y porque el pueblo lo amaba. El Almirante le reprochó el crimen de los De Witt. Encolerizado, el Rey despachó al Almirante a una misión secreta contra los franceses en el Mediterráneo, eufemísticamente, lo condenó a muerte en el mar. A cambio, le garantizó la vida de su joven pero desdichada familia. Enfrentando a los franceses pero unido a los españoles, murió en la batalla de Agosta que no terminó por su desgracia en 1676. Su cadáver, conducido por sus marineros ante una multitud agolpada en Amsterdam, recibió honores de jefe de Estado. Orangistas y republicanos asistieron a su funeral. Producto de su muerte, que paradójicamente unió al pueblo, Guillermo tomó la iniciativa política. Siendo gay, se casó con Ana Estuardo y unió las dos Coronas, con los ingleses. Eso le traería a Holanda, la paz definitiva y su prosperidad.

Se cerraba así una era, el capítulo poco conocido de la construcción de esta nación holandesa liberal. Paradójicamente, los liberales suelen ignorar el proceso de nacimiento y evolución de esa nacionalidad. Holanda fue digna de admiración siempre por sus libertades civiles, por la tolerancia a los judíos, por el fomento de la banca, por la rigidez moral calvinista, que los inducía a esforzarse en el trabajo duro, la creatividad en el arte (por ejemplo, las pinturas de Rembrandt), la primera inmigración desde Leyden al “Nuevo Mundo”, las colonias americanas del norte -recordar que Nueva York fue descubierta por los holandeses y Manhattan se llamó Nueva Amsterdam-.

Sin embargo, todos esos bienes públicos tuvieron un parto muy doloroso y sangriento. La república liberal como nación, estaba rodeada de enemigos externos e internos, pero los hermanos De Witt y el almirante De Ruyter estuvieron allí para torcer la historia. Quizás, Cornelius era más populista y revolucionario que Johan, mucho más contemporizador, ingenuo  y hasta profrancés, a De Ruyter no le agradaba la política, pero antes que nada, lucharon por defender a su tierra y sus familias, en contra de las intrigas de lo de sangre azul que gobiernan hasta hoy.

Sólo Alejandro Dumas en su novela “El tulipán negro” había difundido esta experiencia republicana holandesa. La película “El Almirante” estrenada en 2015, protagonizada por Charles Dance y Rutger Hauer, entre otros, también rescató la figura de De Ruyter. Ojalá este sitio sirva para propagarla más y mejor aún.

Acerca de Marcelo Montes

Doctor y Magister en Relaciones Internacionales. Politólogo. Profesor universitario, área Política Internacional. Analista de la política exterior de la Federación Rusa. Investigador. Columnista de medios de comunicación escrita, radial y televisiva. http://consultoriayanalisisrrii.blogspot.com.ar/ https://twitter.com/marceloomontes
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