UN PALACIO CON HISTORIA PRESIDENCIAL EN RIO DE JANEIRO

Rio de Janeiro es famosa por sus numerosas atracciones turísticas y playas aunque también como ex capital imperial, alberga importantes edificios históricos, entre otros, el Palacio do Catete, también denominado “Palácio das Aguas” o Palacio del Barón de Nova Friburgo o ex Palacio Presidencial -el actual donde asumió el 1 de enero pasado, está en el Planalto en Brasilia- o Museo de la República.

Diseñado en el siglo XIX, por un arquitecto alemán, a solicitud del Barón de Nova Friburgo -la colonia suiza cercana a la capital carioca-, el ex Palacio Presidencial guarda un interesante eclecticismo porque exhibe varios estilos: grecorromano, renacentista, versallesco y hasta musulmán. Cuenta con una planta y tres pisos además de amplios jardines, con laguitos y estatuas de diferente tamaño. En la actualidad, desde que dejara de ser sede de gobierno en 1960, es visitado por miles de personas por mes y es empleado como parque de descanso para otros tantos ancianos de clase media que viven en el barrio de Catete, uno de los de mejor calidad de vida en Rio, dada su cercanía con el Parque y praia de Flamengo.

El ex Palacio Presidencial tiene tres grandes áreas, que se refieren a otros tantos momentos históricos del pasado lejano y reciente brasileño.

La primera etapa, concentrada en uno de los primeros salones contiguos a la entrada principal, se refiere a la “República Velha” (vieja, traducida del portugués), hasta 1930, en la que la disputas entre gaúchos (oriendos del Estado de Rio Grande do Sul), mineiros (nativos de Minas Gerais) y paulistas (nacidos en Sao Paulo), caracterizaban la política del siglo XIX e inicios del XX.

Con el golpe cívico-militar de 1930, donde intervendrían militares como los “tenientes” (Geisel entre otros) y civiles como el propio Getúlio Vargas, un abogado gaúcho nacido en Sao Borja (limítrofe con la argentina y correntina localidad de Santo Tomé), quien a partir de ese momento y durante 24 años, ocuparía el centro de la escena política democrática brasileña.

En efecto, Vargas concentra buena parte de los espacios del Palacio que él mismo habitó hasta el día de su muerte tan especial. Fue Presidente desde 1934 a 1945 y de 1950 a 1954: el 24 de agosto de ese año, se suicidaría allí mismo, en circunstancia y razones todavía no muy claras-.

Aquí puede leerse el testamento político de Vargas.

En cierto modo, el varguismo fue un fenómeno  semejante al peronismo, una especie de populismo, que terminó con la luchas de las elites cafetera y azucarera, intentando crear un “Estado Novo”, con una legislación laboral demasiado favorable a los trabajadores y un marcado intervencionismo estatal. La muerte de Vargas significó el inicio de otra era: el desarrollismo y la dictadura militar de 1964, protagonizada por algunos de los ex tenientes que lo acompañaron en 1930.

La persecución a opositores comunistas sería otro detalle -y otro parecido con el peronismo inicial- del varguismo aunque la temprana ruptura con el Eje nazi-fascista, con el consiguiente envío de un batallón militar a la II Guerra,  poyando a Estados Unidos en Europa, marcó una enorme diferenciación con el caso argentino, neutral hasta el penúltimo día de la guerra.

Puede afirmarse que la herencia de Vargas es muy variada: desde Tancredo de Almeida Neves, quien fuera su Ministro de Justicia y luego fundador del PMDB en la transición democrática, en la que sería el primer Presidente aunque no asumió por haber fallecido antes; el Partido Laborista Brasileño (PLB), que apoyaría a Fernando Henrique Cardoso pero también a Lula en u primera presidencia; el Partido Democrático Laborista (PDL) de Leonel Brízola, etc. A poco metros del ex Palacio Presidencial, funciona la Fundación Getulio Vargas, verdadero “think-tank” de la política brasileña.

La tercer área del Palacio de Catete, está dedicada a la etapa final de la democracia brasileña: desde 1985 hasta la primera presidencia de Lula. Tanto los cuadros de los ex Presidentes, el nombrado Neves, José Sarney, Fernando Collor, Cardoso y Lula, como las citas de la Constitución de 1988, así lo testimonian.

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Hoy, en estos tiempos tan inciertos para esa misma democracia, como los que reflejan la nueva era Bolsonaro, vale la pena rememorar hasta con cierta nostalgia, el Palacio de Catete.

Acerca de Marcelo Montes

Doctor y Magister en Relaciones Internacionales. Politólogo. Profesor universitario, área Política Internacional. Analista de la política exterior de la Federación Rusa. Investigador. Columnista de medios de comunicación escrita, radial y televisiva. http://consultoriayanalisisrrii.blogspot.com.ar/ https://twitter.com/marceloomontes
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