GEORGE BEST, “SIMPLY THE BEST”

Hace 12 años, un 25 de noviembre de 2005, con un transplante renal encima y el marcado deterioro de años que le dejó un alcoholismo crónico al que no pudo gambetear, nos dejaba George Best, un jugador norirlandés de increíble y maravilloso talento.

Contemporáneo del brasileño Pelé, el holandés Cruyff, el portugués Eusebio y el italiano Gianni Rivera, entre otros, pero mucho antes que Maradona, el francés Cantoná, Messi y el lusitano Cristiano Ronaldo, Best se hizo famoso, jugando para el Manchester United de Inglaterra, el mismo gran equipo del inglés Bobby Charlton y el escocés Dennis Law, con quienes compartirían la famosa “Holy Trinity”, “la sagrada trinidad” que ha quedado en la historia del legendario club británico, por sus campeonatos ganados y goles logrados.

Pero sobre todo, más allá de la vida licenciosa de Best, repartida entre mala fama, mujeres y alcohol, terminando sus días de futbolista en los ochenta, en ligas ignotas como la norteamericana (de aquel momento), la sudafricana y la de Hong Kong, sin siquiera ser admitido por el técnico Billy Bingham, para jugar por su selección nacional, el Mundial de España 1982, a sus 36 años, lo cual hubiera sido el digno broche de oro a su gran carrera deportiva, es digno de comentar ese talento de Best.

Gran dribbleador, encarador, una mezcla de la elegancia de Fernando Redondo más la capacidad para llevar la pelota “atada a sus pies” del “Bichi” Borghi, más la rapidez y capacidad goleadora del mismo Maradona, Best se lucía haciendo goles de todo tipo, con jugadas previas donde parecía hacer siempre una de más, pero siempre las terminaba con la pelota adentro del arco. Cuando veo sus videos, me hace recordar al gran Cristian Castillo, ex Atlanta, Colón y Olimpo, un grandioso jugador, que también se perdió una brillante carrera en River y en el exterior, por su vida privada desordenada, pero que jugaba al igual que Best, con su casaca fuera del pantalón, con sus medias bajas, como si desplegara toda su desfachatez en todo el césped de la cancha.

Best jugaría en Argentina, en la mismísima Bombonera, en 1968, en la primera final Intercontinental con el Estudiantes de La Plata de Zubeldía, Bilardo y Malbernat, entre otros, donde fue expulsado quejándose del antifútbol que practicaba el equipo “pincharrata” de la ciudad fundada por Dardo Rocha.  En Irlanda del Norte, jugaría siendo una especie de Gareth Bale en la actual Gales, llevándose siempre el equipo al hombro, durante más de una década, en sus 37 partidos internacionales, aunque sin demasiados resultados positivos, excepto cuatro goles a Chipre y un gol a la misma Inglaterra.

Lo dicho: nunca jugó un Mundial ni tampoco una fase final de Eurocopa, aunque fue Balón de Oro en 1968 y ganó muchos torneos ingleses y europeos de clubes, con un promedio de un gol cada 3 partidos (más de 200 goles en casi 450 partidos internacionales y locales).

Otro factor digno de destacar era la popularidad de Best. Viniendo de un país cuya capital (Belfast), apenas superaba en los años setenta, los 300.000 habitantes, en el marco previo a una guerra civil, de la que aún así, brotarían talentos hasta musicales como los de U2 y The Cranberries, Best permanecería allí buena parte de su vida, incluso cuando se retiró del fútbol, alternando su presencia con la misma Inglaterra. Esto le valió el reconocimiento y el cariño de la población de las Islas Británicas más allá del amor de su entrañable Ulster. Sus entrevistas televisivas, el enorme duelo popular en sus funerales, los recuerdos de los hinchas en Old Trafford y los estadios de los equipos en los que jugó, testimonian lo querido que era y todo ello me hace imaginar el día que Maradona nos abandone físicamente, lo que sería, en comparación con lo que vi de la despedida de Best.

Un enorme talento que eligió autodestruirse pero que siempre guardará para mí, al igual que muchos otros, como James Hunt (también inglés) en la F1, el atractivo de tal misterio: por qué semejantes figuras eligen enterrar su prodigio en algún momento de sus vidas. Es ése su sino o destino? O es ésa su propia decisión deliberada?

Otros dos aspectos me llaman la atención. Hoy, no es muy común ver jugadores talentosos pero desordenados con sus vidas privadas. Si se elige recorrer ese camino, automáticamente los entrenadores o directivos de los clubes excluyen a los jugadores que incurran en esos vicios. Se castiga la falta de profesionalismo como nunca antes: Best seguramente, hoy no tendría lugar en ningún club del mundo. También me asombra el lugar desde donde partió. En un ambiente hostil, con conflictos que no tardarían en llegar, entre protestantes unionistas y nacionalistas católicos, con un clima adverso, húmedo y ventoso, abstrayéndose de ello, Best se dedicaría a entretenerse con una pelota de fútbol. Hay quienes advierten que el talento es hijo o producto de los entornos adversos. Tal vez, Best termina corroborando esa hipótesis.

Aquí les presento una innumerable cantidad de grandes jugadas, muchas culminadas en goles, de este maravilloso jugador, que pocos vieron en vivo y en directo, en los tiempos en que no había TV satelital ni Internet.

Una entrevista autobiográfica para la TV británica en el año 1990.

Acerca de Marcelo Montes

Doctor y Magister en Relaciones Internacionales. Politólogo. Profesor universitario, área Política Internacional. Analista de la política exterior de la Federación Rusa. Investigador. Columnista de medios de comunicación escrita, radial y televisiva.
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