UNA EUROPA EN VILO POR EL TERRORISMO ISLAMISTA

Hoy, en Barcelona, España, en el mismo lugar del atentado del jueves pasado, en la tradicional Rambla, una marcha de neonazis fue interrumpida y cuestionada a viva voz, por ocasionales transeúntes, siempre numerosos en esa zona, ya sea, nativos como turistas extranjeros. Es la imagen típica en la que está partido el mundo desarrollado, aquella zona en la que no se producen la mayor parte de los atentados terroristas ni los muertos causados por ellos, ni tampoco existe tanta inmigración como en otras regiones, pero donde se percibe todo lo contrario: que hay muchísimo terrorismo y éste es de raíz islámica porque la inmigración es mayoritariamente, de dicho origen.

Ocurre que los Moussa Oukabir y tantos otros, chicos jóvenes, de entre 18 a 24 años, los que, ya sea marroquíes o argelinos, del norte de Africa o del Medio Oriente asiático, hijos o nietos de padres y abuelos que se integraron y progresaron en los países europeos, sin jamás protagonizar acto de violencia alguno, quienes actúan y lideran como marionetas de ISIS, ejecutando sus acciones reivindicatorias. Como me decía un alemán amigo, Johannes, es la tecnología la que les permite hallar un sustituto, en este caso religioso, para sus vidas vacías de contenido y con una muy pobre educación que apenas, los contiene anímicamente. No es el Islam ni su supuesta posición de pobreza estructural, las que los impulsa. Son sus cabezas permeables a la manipulación de las religiones y sus jefes, las que los conducen a atropellar con vehículos utilitarios, camiones o apuñalar a diestra y siniestra a multitudes indiferenciadas de más de 30 nacionalidades, como hicieron en estas horas, en Barcelona -España- (15 muertos y más de 130 heridos), en Turku -Finlandia- (un muerto y 6 heridos) y en Surgut, Siberia Occidental -Rusia- (sin muertos y 8 heridos).

Photo published for La Policía investiga los apuñalamientos en Finlandia como un ataque terrorista

Cómo enfrentarlos, cómo morigerar su daño, cómo reducirlos a la extinción, es la gran pregunta o dilema que hoy se plantean millones de personas que quieren transitar libremente por las calles, estaciones de trenes o aeropuertos del mundo, sin sufrir estos flagelos. Mientras en sus países de origen, se bombardea a sus fuentes, éstas se ven acorraladas y se propagan en forma de “lobos solitarios”, absolutamente fuera de control. El diálogo interreligioso, el aislamiento y la condena de sus propias jerarquías religiosas y familias, pero también de nuestro lado, el occidental y cristiano, incluyendo el ortodoxo, el reconocimiento de las tropelías europeas en el pasado imperial de sus tierras de nacimiento y el necesario respeto de su Corán, en contraste con la torpeza de Charlie Hebdo y las caricaturas de Mahoma hace más de una década en Dinamarca, pueden ayudar a neutralizar o cercar o dejar sin excusas a los terroristas, aunque tampoco hay que ilusionarse demasiado. La supuesta superioridad postmodernista con su frecuente juicio moralista en nombre de la diversidad pluralista de las democracias libres, juzgando a lo Pilar Rahola, a “las ideologías del mal”, lejos de moderar pasiones, no hará más que incentivarlas.

En caso de fracasar, no tardarán en consolidarse las soluciones fáciles, a lo Trump o Le Pen: cerrar las fronteras, deportar masivamente a inmigrantes o bombardear a lo Rusia, a diestra y siniestra en territorio sirio e iraquí, pueden ser las alternativas que no conllevarán sino una mayor irradiación del fuego asesino, en nombre de Allah.

Ni los unos ni los otros nos conducen a buen puerto, Ojalá los sensatos triunfen sobre ambos polos.

Acerca de Marcelo Montes

Doctor y Magister en Relaciones Internacionales. Politólogo. Profesor universitario, área Política Internacional. Analista de la política exterior de la Federación Rusa. Investigador. Columnista de medios de comunicación escrita, radial y televisiva. http://consultoriayanalisisrrii.blogspot.com.ar/ https://twitter.com/marceloomontes
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