VIENA: LA CAPITAL DEL ARTE? O EL INTELECTO?

Muchísimos turistas europeos y chinos recorren las tiendas de souvenirs de la emblemática capital austríaca, donde abundan muñecos, dibujos y regalitos con la figura de la Emperatriz Sissí (inmortalizada en el cine por la malograda Romy Schneider) o Wolfgang Amadeus Mozart, al que también popularizó Hollywood pero más por los celos de su maestro Salieri, por sus extraordinarias dotes musicales. No me olvido de otros músicos como “el padre de la sinfonía” Franz Joseph Haydn o clásicos como Franz Schubert o Johann Strauss (padre e hijo), así como el más contemporáneo Falco (pop) o el gran pintor simbolista-modernista Gustav Klimt. No obstante ello, Viena (con 1,8 millones de habitantes o 2,4 millones si se incluye la zona metropolitana), además de estar situada en la propia línea de fractura entre Occidente y Oriente, advertiría Huntington, fue la residencia de Sigmund Freud (entre 1891 y 1938), quien además le debe a la ciudad, su ámbito de trabajo y, lo más importante, el nacimiento del Psicoanálisis.

Caminando en un agosto calurosísimo pero húmedo, por sus bellas y tranquilas calles, con sus recuerdos del infierno nazi y cerca de un rinconcito “latinoamericano”, donde se halla la Embajada de México y un Instituto de cultura iberoamericana, casi de casualidad, descubrimos la Plaza del genial pero polémico Freud. Como no podía ser de otra manera, con un extraordinario verde, con “duchas” públicas que lanzaban agua vaporizada pero sobre todo, y ésta es la novedad, con reposeras gratuitas para que la gente pudiera elegirlas y sentarse plácidamente en el césped, como si la vida y el mundo fueran puro placer. Y vaya si lo es, o al menos, lo fue en esas dos horas que estuvimos allí, hasta que la crueldad de la necesidad básica del hambre distrajera nuestro cerebro y sentidos, cuando no, una lluvia breve pero intensa, propia del cambio climático que Trump y muchos niegan, nos hizo desistir de todos nuestros planes originales.

Ya sentado en ese paraíso urbano, recordé al Círculo de Viena, esa pléyade de intelectuales brillantes que en 1921, apenas unos años del final de la Primera Guerra Mundial, debatían en los cafés de la ciudad, sobre preocupaciones epistemológicas y filosóficas, como el origen y las formas del conocimiento humano, aunque obviamente, la sombra de Freud sobrevolaba aquellos debates. Todos aquellos positivistas lógicos como su fundador, Moritz Schlick -asesinado por un estudiante nazi en 1936-, Rudolf Carnap, Carl Hempel, Otto Neurath y desde una mirada crítica, Karl Raymund Popper y Ludwig Wittgenstein, quienes desplegarían en las décadas posteriores , toda su sabiduría pero también refutaciones mutuas y mutaciones en sus pensamientos originales en cátedras europeas y americanas -tras la llegada del nazismo-, además de influir sobre la Economía, la Filosofía, la Historia y la Ciencia Política, entre otras disciplinas, cuando no, hasta movimientos políticos, tan contrastantes, como el “Mayo francés” y la llegada del neoconservadorismo thatcheriano y reaganiano al poder en la alianza noratlántica.

El también vienés Friedrich Hayek, era contemporáneo de Popper y varios años más tarde, fue un afamado economista, Premio Nobel y gran influyente en políticas macroeconómicas de no pocos gobiernos de centro-derecha en el mundo, empezando por el de Adenauer-Erhard en la Alemania de postguerra. Genuino representante de la llamada Escuela Austríaca de Economía, Hayek también respiró y vivió aquél aire especial de Viena en la primera etapa de su larga vida (93 años) aunque viviría en Inglaterra y moriría en Alemania. Estoy seguro que gravitó especialmente en su devenir intelectual.


Precisamente, en dicha ciudad, cuando joven, Hayek dudó entre estudiar Economía o Psicología. Al decidir por la primera, jamás abandonó la inquietud social pero sobre todo por “la explicación del principio”: por qué y cómo conoce el hombre. Década tras década, sus análisis de la formación de precios, la función que éstos cumplen, el orden espontáneo del mercado (imperfecto) y el conocimiento disperso que lo sostiene, pero particulamente, los mecanismos de cooperación voluntaria, comparando a la sociedad con “la fábula de las abejas” de Mandeville, mostraría un Hayek permanentemente preocupado por indagar acerca de aquella primera gran pregunta.

Lo que muchos ignoran es que aquel Hayek relativamente maduro escribió en 1952, un libro brillante, como “El orden sensorial: Los fundamentos de la Psicología teórica”. En medio de la ignorancia que existía en la primera mitad del siglo XX acerca de la organización anatómica y fisiológica de la corteza cerebral, Hayek podría intuir genialmente con increíble clarividencia, lo que en Neurociencia cognoscitiva, se verificaría muchos años después.

En efecto, entre 1960 y 1990, en varios laboratorios alrededor del mundo, con nuevos métodos para trazar conexiones nerviosas en el cerebro del mono, se descubrió una enorme gama de conexiones entre las distintas áreas corticales, es decir, la conectividad entre asambleas de neuronas era larga, incluso enlazando áreas distantes. La novedad era que, como advirtió Hayek, había un orden. Había y hay conexiones pero también existe procesamiento de la información y hasta evolución y desarrollo de difeente grado. Así en ese orden autogenerado y autoorganizado, se forman en simultáneo, percepción y memoria, una forma de explicación que se distancia de la Psicología de la Forma o Gestalt. Para Hayek, se trata de un proceso dinámico y en forma de redes o “mapas” neuronales de representación cortical que permiten explicar no sólo el orden sensorial de la percepción y la memoria, sino también la atención, la inteligencia y hasta el lenguaje.

Fue en Viena, donde Hayek se inspiró para su obra, ésta y toda, por las obras psicológicas que leyó entre 1919 y 1920. Tres décadas más tarde, siendo un profano pero inquieto, descubrió el vacío en el tratamiento del tema, seguramente motivado por el desprecio de la ciencia por la especulación y su apego a todo empirismo. Eso aumentaría su inquietud y curiosidad y entonces se dedicaría a escribir sobre la cuestión. El agradecimiento especial a Popper, a John Eccles pero sobre todo, a Ludwig von Bertalanffy, con su teoría sistémica de la organización (1942), revelaría en el Prefacio, sus influyentes especiales. De Bertalanffy, tuve la primera referencia en mi vida, gracias a mi gran profesor de Derecho Administrativo en la UNR, Norberto Quinto Martínez Delfa.

Pero claro, tampoco todo es arte, o ciencia o filosofía en Viena. Hay lugar para la religión. Claro, fue el último bastión cristiano en resistir a los turcos. La célebre Catedral de San Esteban (en austríaco, Stepahansdom), es visitada por miles de turistas a diario. Allí están enterrada toda la familia real Habsburgo.

Postales del Danubio, que no es tan azul y much menos, en un día gris, con una costanera muy especial y hasta un playita “a lo Rodríguez Larreta”..

Como en Bruselas, siempre hay un lugar reservado a ellos, los canes. Pero también los árboles son cuidados con esmero, con advertencias a los transeúntes para caminar con cautela en piso congelado en invierno. Cuándo no, las patinetas eléctricas que aquí se ven por doquier.

El fin del “canillita” -el diariero individual en Argentina-.

Me despido de Viena, con una pregunta existencial y cultural, como no podía ser de otra forma. En qué se diferencian los austríacos de los alemanes? son más puros? son más educados? son más provincianos? menos cosmopolitas? más relajados? Lo dejo a uno de los austríacos más famosos hoy, más allá de los ya nombrados aquí, más otros tan diversos como Hitler, Lauda, etc. que responda a su manera: el actor Christopher Waltz.

Más allá del éxito empresarial más reciente de KTM -famosas motos del Rally Dakar-, Red Bull -en bebidas y F1- y Swarovski, Viena sigue siendo clásica. Bien vale un vals.

Adiós, mi querida capital del mejor Imperio que tuvo la humanidad, el más liberal, pacífico y menos intervencionista: el Austro-Húngaro (1867-1914). Ojalá retorne.


MI “WATERLOO” EN BRUSELAS

Bélgica (11,5 millones de habitantes) es un país pequeño y diverso, cuya capital, Bruselas, también lo es de la Unión Europea.

Un Estado tapón tal vez? al estilo de Uruguay. Me llamó la atención al recorrer la capital, la gran cantidad de monumentos, recordatorios y hasta bares alusivos a los ingleses. Habían sido ellos quienes, tras Waterloo (1815) -localidad de la célebre batalla, a 15 km., a la cual volveré más tarde-, pergeñaron la independencia de este país para neutralizar futuros ataques de los franceses al resto del continente? Considerando sobre todo que en la mitad de Bélgica , la Valonia, se habla el francés; en la otra mitad, la región de Flandes, el flamenco.

Dada esa división lingüística clara, Bélgica es un Estado federal, precisamente para contener semejante tensión. Además de la capital, lucen como relevantes, centros urbanos como el gran puerto de Amberes, la bonita Brujas, -adquirió fama mediática por un film de 2008-, Gante, Gerk, Namur, Charleroi y Mons, entre otros.

Bélgica, es célebre por Tintín. el Manneken pis, la cerveza Stella Artois, los chocolates artesanales, entre otros.

Bruselas es una capital muy especial, una ciudad muy pequeña en términos de población: apenas 181.726 habitantes. En cambio, la región donde se halla la capital, es una de las 3 regiones de este país federal, junto con Flandes y Valonia, sumando más de un millón de habitantes , en apenas 161 km cuadrados. Allí hay 18 Municipios más, entre los que se destacan Anderlecht, Mollenbeek y Schaerbeek,entre otros.

Mollenbeek, con más de 97.000 habitantes, tiene un 40 % de comunidad musulmana, fundamentalmente marroquí, aunque también hay allí polacos, rumanos, turcos y congoleños. Dos grandes responsables de los atentados terroristas en Atocha (Madrid) en 2004 y en la propia Gare Centrale, en junio de 2017, vivieron allí. Schaerbeek, con unos 133.000 habitantes, posee una poderosa comunidad turca.

Aquí vemos algunas fotos de la última comuna mencionada.

Tal riqueza multicultural se observa por ejemplo, en el fútbol: el blanco, europeo y belga puro Eden Hazard convive con Chadli,
Dembélé y Lukaku, entre otros, grandes figuras en el Mundial de Rusia 2018.

Al norte de la región capitalina, se puede divisar el Atomium, uno de los monumentos emblemáticos de la ciudad, construido para la Exposición General de Primera Categoría de Bruselas en 1958, la primera más importante organizada tras la II Guerra Mundial en Europa.

Cabe recordar que este país tan bonito y verde -porque es por demás de lluvioso y húmedo-, estuvo con su régimen parlamentarista, 541 días sin gobierno en 2010-2011 y sin embargo, semejante detalle institucional no causó ningún revuelo en la opinión pública, ni afectó a la economía.

Los canes también tienen su lugar aquí.

Pero claro, este viaje a Bélgica no hubiera tenido mayor atractivo sino se hubiera agregado a él, la insólita experiencia de la pérdida -transitoria- de la pérdida de mi pasaporte. Por qué mi Waterloo propio? Por la forma en que se dio. Al igual que Napoleón, que tenía la batalla ganada y a quien la lluvia copiosa lo empantanó, permitiéndole ganar tiempo al inglés Welleslley (Duque de Wellington), yo tenía todo previsto para viajar a París cómodamente con mi novia, con todo en horario y visitando el Palacio Real de Bruselas como último entretenimiento. Una lluvia imprevista de verano, más los nervios del momento más la mano de un tercero abriédome la mochila para arrebatarme el documento tan importante para poder viajar en continente extranjero, terminó arruinándome o por lo menos, generándonos una gran carga de incertidumbre, que sería subsanado algunos días después cuando sí lograríamos recuperarlo, gracias a la ágil y comprometida gestión de la propia guardia de seguridad del Palacio Real, pudiendo ahora visitarlo por dentro, como nos habíamos propuesto el sábado anterior.

Allí conocimos donde habitó históricamente la familia real belga, la Casa de Sajonia-Coburgo y Gotha (desde 1831), la misma que catapultó al trono, a Leopoldo I (hasta 1865), Leopoldo II (1865-1909), Alberto I (1909-1934) y Leopoldo III (1934-1951), el célebre Balduino (1951-1993) y del actual monarca Felipe -hijo de Alberto II- y su esposa Matilde, quienes entre otros hobbies, tenían por ejemplo, apoyar fuertemente a la ciencia, pero también las investigaciones en el espacio, lo cual me parece insólito, considerando el tamaño y envergadura política de Bélgica.

Hora de despedirnos de la muy cambiante -climáticamente- Bélgica. Camino a Lille, ya en Francia.

UN COLON ENDULZADO?

Así amaneció un negocio esta mañana en la ciudad de Santa Fe, como nunca, en pleno goce.

Fue habitual concebir el triunfo durante décadas, como un producto del sufrimiento, del drama, de la incomodidad, pasajera, pero siempre existente. A lo largo de 114 años, generaciones enteras no pudieron disfrutar más que de triunfos importantes, casi apoteóticos, rachas como invicto, tres ascensos, dos subcampeonatos y varias participaciones en Copas internacionales, donde fue normal tropezar en el penúltimo tramo. Ello explica que los sobrevivientes, por ejemplo, un abuelo de 78 años que viajó sólo 42 horas en ómnibus a Belo Horizonte (Minas Gerais, Brasil), no sean tantos pero disfruten al máximo, este histórico acceso de un club del interior de Argentina, como Colón de Santa Fe, a la final de la Copa Sudamericana 2019, el próximo 9 de noviembre en Asunción del Paraguay, contra otro club que tampoco nunca conquistó nada en su más corta trayectoria: Independiente del Valle, de Ecuador, aunque en tiempo reciente (desde 2014), haya sido verdugo de compatriotas como River, Boca, Independiente de Avellaneda, San Lorenzo y Unión.

Ello explica las lágrimas, los rezos, las promesas de los más jóvenes, incluyendo los jugadores, de los miles de hinchas que imitando largos periplos anteriores a Sao Paulo, Lima, Santiago, Montevideo, Barinas y Zulia, en las 2 últimas décadas, mayoritariamente en este último bienio, dijeron “presente” anoche en el mítico Estadio del Mineirao. La emoción pronto llegó al desborde en las calles santafesinas y hasta en las redes sociales, por un instante, Colón y su intento concreto y cercano de romper el maleficio, encontró una solidaridad global e inusitada, por parte de hinchas de diferentes clubes argentinos y hasta de Latinoamérica, considerando la presencia de colombianos, uruguayos y paraguayos en su plantel.

Un equipo con un técnico que vivieron su propio “Vía Crucis”, hasta hace apenas un mes y medio. Jugadores que fueron tildados de miedosos en público o de no haber ganado nada en la historia, por depender de un club de poca monta; un entrenador joven aunque desde marzo, cuestionado hasta el hartazgo por un prensa muy exigente pero parroquiana; una dirigencia a la que empezaba a criticarse su supuesta longevidad y falta de rotación.

Hasta los periodistas que cubrieron el partido, tanto relatores, como comentaristas y movileros, estuvieron al límite de perder la compostura profesional y emocionados hasta las lágrimas, con las voces entrecortadas, pudiendo apenas gritar los goles, narrar la crónica y reportear a los protagonistas en conferencia de prensa o “zona limpia”. También ellos recordaron a los que ya no están en su gremio, no pudiendo vivir estas horas de gloria.

Me interrogaba si a través de mi propia experiencia no tenía también derecho a sentirme de igual forma. Pude disfrutar de la clasificación en la Terminal de Rosario, rodeado de rosarinos otrora triunfantes y hoy con ambos clubes peleando el descenso, quizás indiferentes ante semejante expectativa popular a escasos 160 km., en la capital de la provincia, que a ellos aún los contiene. En el mismo escenario al que maldije más de una vez, cuando volvía derrotado tras algún partido, como por ejemplo, aquella fatídica tarde-noche de julio de 1989, cuando el clásico rival, nos amargó un ascenso en una final de ida. Podía recordar triunfos pero sobre todo, peripecias, viajes de ilusión a confines del país, para volver amargado, con el sueño destruido, con el dolor de la impotencia, por no poder torcer la historia.

Compartí ese dolor, con mi padre, compañero habitual de aquella épica, mi abuelo que lo seguía y sufría con su radio, sentado encorvado en la mesa de la cocina, tomando mate, como si fuera una liturgia cada fin de semana, en parte explicable porque el fútbol adquiere ribetes religiosos en Argentina. Mi madre me consolaba cuando me encerraba en la habitación amargado y mis amigos, ya cuando tuve mayoría de edad, en algún momento, también me acompañaron ya en los duros años del ascenso (1981-1995). Mis hijos pero sobre todo, mi novia Ekaterina conocen mi historia más reciente, donde el sol empezó a salir por fin, aunque siempre aparecía un nubarrón en última instancia.

Mi propia historia con Colón coincidía, sin saberlo, con la de cientos de miles, por qué no, millones: a la hora de alcanzar lo tan soñado, tal vez, pude descubrirlo. Quien lo sabe, quizás también, haya llegado la hora de dejar atrás el infortunio. No está escrito que haya que sufrir para lograr algo. Puede disfrutarse el doble sí, pero conjeturo que los calvarios no son la única forma de ganar y disfrutar. Podemos aprender de ellos, claramente esta aventura que citamos y describimos, lo demuestra, pero lo mejor es atravesar un proceso que nos deleite, que nos haga sonreír para luego sí disfrutar al máximo, el logro que anhelamos. Ojalá Asunción sea el punto de partida y no de llegada, para los hinchas de Colón y que las futuras generaciones hayan enterrado para siempre, el infortunio, como mecanismo de ascenso, acostumbrándose sin más escala, a ganar y campeonar. Hambre y mística le sobran a este equipo.

Hubo siempre una primera vez para los Grandes y quizás Colón, lo sea, aunque lo haya ignorado a lo largo de décadas. Esa es la historia que el 9 de noviembre, empiece a reescribirse. Los que se fueron este año, grandes glorias, como “Motoneta” López, “Ploto” Gómez, “Poroto” Saldaño, “Huevo” Toresani y “Gato” Andrada, como antes, el “Pampa” Gambier, la “Chiva” Di Meola, “Cototo” Balbuena como el “Enano” Bontemps, desde algún lugar, seguirán apoyando. El padre del “Pulga” Rodríguez como el hermano del formidable guardavallas uruguayo Leonardo Burián, también.


HAMBURGO, EL NUCLEO HANSEATICO

En numerosas ocasiones de la historia mundial, la existencia de verdaderos “agujeros negros”, espacios terrestres o marítimos ilegales, que escapan al control estatal, permiten la creación de otros vecinos, que buscan defenderse de los daños colaterales de aquéllos.

Por ejemplo, las expediciones comerciales y la piratería eran ya frecuentes en el Mar Báltico desde el advenimiento de los vikingos. El descenso económico de Novgórod en Rusia por tal motivo, permitiría poco después, el auge de otra zona en Europa, al norte, pero en la franja occidental.

En efecto, en la segunda mitad del siglo XII y el comienzo del XIII, se fundaron numerosas ciudades alemanas en la costa báltica: Lübeck (1158), Rostock, Elbing, Danzig (hoy Gdansk), etc. En estas ciudades, los mercaderes se instalaron rápidamente en el poder y en poco tiempo, Lübeck fue el nodo central de todo el comercio marítimo que unía las zonas del Mar del Norte y el Báltico.

Fuentes de madera, cera, resinas, ámbar, pieles, trigo y centeno, comenzaron a comerciarse fuertemente entre los puertos alemanes, donde empezó a destacarse Hamburgo, con Flandes e Inglaterra. Hasta fines del siglo XV, duró el esplendor de esa Liga Hanseática, con una organización flexible, descentralizada, configurada en torno a 70 a 170 ciudades del norte de Europa, incluyendo las capitales de los hoy Estados Bálticos. A la Hansa, la terminaría de socavar el Estado-Nación y el surgimiento de las monarquías absolutistas en casi toda Europa.

Lübeck, Bremen y Hamburgo sobrevivieron en la Liga hacia 1630 y luego, como ciudades-Estado libres, hasta el advenimiento del nazismo en el primer tramo del siglo XX.

Fundada en el 808 d.C., fue Federico I Barbarroja, quien le otorgó a Hamburgo, el status de “Ciudad Imperial Libre”. En 1529, se convirtió al luteranismo y empezó a recibir oleadas de inmigrantes judíos, procedentes de Países Bajos, Francia y hasta Portugal. Napoleón ocuparía Hamburgo y luego, en 1814, los rusos la liberarían. Ya en el siglo XX, fue sede del partido nazi y sería bombardeada y destruida en un 70 %, por la RAF británica, durante la II Guerra Mundial. Formaría parte de Alemania Occidental, luego de la gran conflagración.

Hoy, Hamburgo está organizado en 7 distritos: Altona (el más occidental, sobre la margen derecha del Elba); Bergedorf; Eimsbüttel, que incluye a Rotherbaum, donde se juega el ATP de tenis cada año; Hamburg-Mitte, el centro urbano, que incluye a HafenCity y Sankt Pauli; Hamburg-Nord; Harburgo, en la orilla meridional del Elba y, Wandsbeck. Casi el 15 % de la población es extranjero y el 20 % de ellos, son turcos, con una buena parte de polacos y anglosajones.

Llegando a Hamburgo, desde Berlín. Puede apreciarse el verde de la pradera boscosa alemana, además de las placas de energía solar, tal cual Angela Merkel predica en favor de las “energías limpias”.

Aquí podemos ver parte de la bella ciudad.

Hamburgo también cuenta con bellos parques. El Planten un Blomen es famoso.

El resto de la ciudad.

Un alemán un tanto anárquico: también los hay.

Argentina siempre está.

El alcohol en estos lugares del norte de Europa, por el frío invierno o la depresión, también, aunque no sabía que fuera “espirituoso”, ja ja

Este es un barrio de clase alta, aristocrático, llegando a Rotherbaum. Paradójicamente aquí hubo desaparecidos, secuestrados y asesinados en campos de concentración nazis, seguramente habán sido judíos o por qué no, alemanes arios. Hay recordatorios de sus antiguos inquilinos o propietarios en las veredas o cerca de las puertas.

La despedida no podía ser sin degustar una buena cerveza alemana en el centro hamburgués, aunque el mozo fuera un inmigrante asiático.

HAMBURGO, EL OTRO GRAN PUERTO DE EUROPA

Rotterdam en Holanda, es el primer puerto más relevante del continente europeo pero luego se halla en orden de importancia, Hamburgo, la gran ciudad alemana del norte, sobre el Mar del Norte. El puerto hamburgués, noveno en el ranking mundial, se halla a orillas del Río Elba.

Concretamente, la Ciudad-Estado Libre y Hanseática de Hamburgo, con 1,8 millones de habitantes (más de 5,3 millones en su zona metropolitana), es la segunda más poblada de Alemania, la tercera de Europa Central y la séptima de la Unión Europea, pero posee el primer PBI de Alemania, con 50.000 euros per cápita.

También existe el espacio para los excéntricos, en la cochera al aire libre, reservada para las caravans y traffics que surcan Europa, viniendo del norte, junto a los ferries que traen a suecos, noruegos y finlandeses.

Los monopatines eléctricos están omnipresentes, igual que la cerveza, claro.

Continuemos con el puerto (HafenCity). Vamos hacia donde bajan los turistas escandinavos.

Me fascina el aprovechamiento integral de los medios de transporte a un precio accesible, surcando los ríos como si fueran calles. Los taxis fluviales son funcionales pero también algo atractivos. Los veríamos también por doquier en Rotterdam.

Allá lejos ya se percibe la majestuosa y moderna Filarmónica del Elba popularmente, “Elphi”), inaugurada el 11 de enero de 2017, unos tres años después de lo previsto. Esta construcción, sobre la base de un viejo lmacén portuario reciclado, a la vera del río, fue tremendamente criticada, por su elevado costo presupuestario.

Regresando a nuestro querido y particular “Barrio Rojo”, donde sobresale la calle principal llamada Reeperbahn, en el distrito multicultural de Sankt Pauli.


FRANKFURT, LA ALEMANIA GLOBALIZADA

Alemania cuenta con dos Frankfurt. Una es Frankfurt -o Fráncfort, en español- del Meno, en el Estado de Hesse y la otra es Frankfurt del Oder, en el Estado de Brandenburgo. La primera, a la cual visitamos, esla quinta ciudad más importante de Alemania, con más de 730.000 habitantes, detrás de Berlín, Hamburgo, Münich y Colonia. La segunda, fue prácticamente destruida en un 90 % durante la II Guerra Mundial, cuando tenía 67.000 habitantes, unos 9.000 más de los que cuenta hoy mismo, en un elocuente ejemplo de declinación demográfica.

Desde el siglo VIII d.C., a orillas del Río Meno (o Maln, en alemán), Frankfurt es una ciudad muy relevante, superando a Wiesbaden, que es la capital de Hesse. Primero, fue ciudad imperial libre, luego aquella que elegía y coronaba al Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. El propio Carlomagno habitó allí gran parte de su vida.

También fue capital de la Confederación del Rin (1806) y la Germánica (1815) en el Siglo XIX.

Hoy, es un centro económico y financiero europeo, alojando al Banco Central Europeo (BCE), a la Bolsa de Frankfurt y también a la Frankfurt Messe, centro de convenciones internacionales como el Salón del Automóvil y la Feria del Libro.

La Eurotower, sede del BCE

Dada su gran cantidad de rascacielos, se la compara con Manhattan.

Así llegábamos a Frankfurt, desde Rotterdam (Holanda), en una jornada lluviosa.

Ahora sí, vamos a ver y disfrutar esta fantástica ciudad de Frankfurt del Meno, que también fuera semidestruida por los aliados pero luego levantada por el esfuerzo alemán.


La gente disfruta al borde del Río Meno.


EL BASQUET ARGENTINO Y UN BAÑO DE REALISMO

El excelente resultado que acaba de lograr el seleccionado argentino de básquet, nada más ni nada menos que un subcampeonato, el segundo en 17 años, en el Mundial de China, no sólo ha devuelto relevancia a dicho deporte, uno más en las preferencias colectivas de los argentinos, sino sobre todo, ha inaugurado un nuevo debate acerca de la ejemplaridad de aquel equipo sobre la actual hora de decadencia y grieta, contexto natural de la política en estas tierras. Un artículo del productor televisivo y ex actor Adrián Suar en el Diario Clarín, detonó tal discusión que ya se venía perfilando días antes a medida que el equipo argentino volteaba rivales con una personalidad y eficiencia que asombraba a propios y extraños.

Claro que la comparación inmediata con el fútbol, otro gran deporte, privilegiado por las juventudes argentinas a lo largo de las generaciones, compañero inseparable de la política (dirigentes partidarios, sindicales, empresarios procedentes de allí, subsidios estatales en cuantía a clubes, financiamiento de barrabravas o “hooligans” criollos), posibilita que ahora el básquet emerja con sus virtudes, como la gran contracara para explicar el gran fracaso como país.

Ciertamente, razones sobran. Mientras en el básquet argentino, hay continuidad, hay proyecto de largo plazo, en el fútbol y la política, sobra la improvisación y el cortoplacismo. Los equipos surgen de clubes de barrio o ciudades, pero juegan en un torneo auténticamente federal, como es la Liga Nacional ya desde hace décadas, una obra gestada por el “Ruso” León Najnudel (1941-1998), el visionario dirigente judío de Ferro Carril Oeste, un club que también lo es de fútbol, en el barrio de clase media, llamado Caballito en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En el deporte de los Messi y Maradona, en cambio, los torneos se arman y desarman cada cierto tiempo, según los caprichos de los dirigentes alineados con el gobierno de turno.

Mientras la Liga Nacional permitió el acceso de jugadores extranjeros de buen porte y calidad, como los norteamericanos ya hace largos años, para enseñarles a los nativos, cómo jugar a nivel competitivo y foguearlos para grandes lides, el fútbol argentino, se nutre sólo de vecinos paraguayos, uruguayos, colombianos, algún chileno o peruano exportando a temprana edad a nuestros juveniles a Europa.

La dirigencia basquetbolística es semiamateur pero ha logrado un esponsoreo diverso e importante y lo administra de manera inteligente; los “caciques” del fútbol son impresentables, con raras excepciones y siempre el dilema -falso-, es profesionalismo con clubes privatizados o amateurismo sin fines de lucro.

Hasta el periodismo que rodea a ambos deportes es sustancialmente diferente. Hay muy pocos periodistas formados y que entienden y transmiten el básquet. Abundan los futboleros y así son sus ingresos y poder de influencia, sobre jugadores, técnicos, árbitros y fans. Comparar la actitud de unos y otros a través del Mundial de Rusia del año pasado y éste de China, ya es elocuente. Negativa y sectaria en el caso del fútbol, de bajo perfil y desinteresada, mostrando amor auténtico por el deporte, en el del básquet. José Montesano es un verdadero ejemplo, una “isla” en su empresa TyC, el canal privado de deportes, que acaba de cumplir 25 años.

Pero esas diferencias se trasladan al campo de juego. Técnicos que son exitosos, que juegan roles de maestros potenciadores de talentos, queridos como si fueran padres, como Sergio”Oveja” Hernández, Rubén Magnano o Julio Lamas, jugadores que también demuestran talento, humildad y compromiso, como el cordobés Facundo Campazzo (número 3 de la Liga española) o el bahiense Emanuel Ginóbili (número 1 retirado de la famosa NBA), otros que no se quieren retirar como el porteño Luis Fabián Scola, ya bordeando los 40. En el fútbol, las individualidades brillantes que hemos tenido y seguimos fabricando no alcanzan para construir equipos hiperganadores: en los últimos 26 años, apenas una Copa América lograda, dos subcampeonatos también en tal plano y otro a nivel mundial. El básquet venía muy desde atrás, desde 1950 y en estas dos últimas décadas, ha nivelado al fútbol en éxitos significativos.

Ahora bien, aún reconociendo que el básquet es un deporte reivindicable para las generaciones presentes y futuras, como deporte y allí hay mucho aún por mejorar, por ejemplo, vis a vis con quien hoy nos ganara -España y su promoción pública del deporte, al igual que lo logrado por el fútbol y el tenis de la Península Ibérica-, donde me resisto a ponerlo en un sitial de ejemplaridad que le excede, es en la política.

Claro que el deporte es una actividad que ojalá despierte interés y pasión de los más chicos, les quite espacio a las drogas, el celular o el sedentarismo, pero de allí a afincarlo en un lugar modelo para nuestra castigada clase política, me parece no sólo exagerado sino inapropiado. Por razones de tamaño, jerarquía social, responsabilidad y hasta liderazgo colectivo, la política amerita encontrar nuevos formatos y dirigentes capaces de sacarnos del marasmo y la decadencia, en su propio campo y no afuera. El básquet tiene su propia esfera y está muy bien que haya mejorado y siga haciéndolo en ella. No es bueno, exigirle roles, funciones ni tiempos para los cuales no está preparado. La mochila sería demasiado pesada y lo distraería de su misión primordial y específica. La ficción o el atajo mágico a los que somos tan propensos los argentinos, volverían a imponerse sobre la cruel realidad.

Párrafo final para una inquietud alejada del tema de debate pero que me acechó a medida que pasaban los partidos de una selección compacta, solidaria e invicta, hasta hoy. Cómo explicar que mientras el país vivió muy pocas luces y muchas sombras a nivel macro, estos chicos que nacieron, se socializaron, se educaron y jugaron a su deporte preferido en estas dos décadas y media, excepto el ya nombrado veterano Scola, pudieron mantenerse al margen de dichos avatares -o no- pudiendo construir sus destinos venturosos que hoy muchos disfrutamos, incluso aquellos que los ven triunfar a nivel individual en otras latitudes. Puede tenerse éxito cuando la infraestructura y el progreso macro ayudan como el caso español pero también a pesar de ello o, sin tenerlo tan en cuenta, como quizás explica este triunfo argentino, porque aún recalcando lo que ya dijimos, de cómo la buena organización del básquet local ayudó a él, el aporte decisivo lo brinda la voluntad individual. Fueron ellos, desde Córdoba, Bahía Blanca, Mar del Plata, Concordia, La Banda, Gálvez, Sunchales, Cañada de Gómez, Marcos Juárez, Junín, General Roca y tantas otras ciudades de Argentina, los que llegaron hasta allí, tan lejos como sólo ellos se lo propusieron.




LA PLAYA ITALIANA LLENA DE RUSOS: RIMINI

No son nada tontos los rusos para aprovechar las bondades de este mundo. No lo son para mantener a salvo sus capitales de la propia voracidad del Kremlin y entonces los refugiaban en Chipre, sí, en Chipre: hasta el 2013. Tampoco lo son para buscar negocios y entonces se van a Alemania, donde viven bien pero además emprenden todo lo que no pueden en su propio país. Ni siquiera se les escapa profesar su propia religión aún en un país católico: los vimos en Francia, más precisamente en Niza, donde llegó a morir uno de sus príncipes a fines del siglo XIX y entonces allí levantaron su iglesia ortodoxa en honor a él. Finalmente, no pierden su astucia para elegir playas. Van adonde hay mucho sol, mar y les hablan en su idioma: los egipcios, los turcos, los españoles en menor medida pero sobre todo los italianos -o inmigrantes que viven en Italia- los atienden a las mil maravillas y así, ellos se los retribuyen. Por ende, también los vimos por doquier en Rímini, la playa del Mar Adriático, cercana a Ancona y también a los circuitos de Imola –donde se mató Ayrton Senna– y Misano, donde s corría F2 en los ochenta.

Las fotos les interesan más.

Claro, cómo mencionar a Rímini y no recordar al gran cineasta italiano Federico Fellini, hijo dilecto de la ciudad. Allí filmó “Amarcord” en el Grand Hotel y hoy, hay innumerable cantidad de recordatorios de su figura en la villa turística. Inteligente, al igual que los rusos, para elegir y habitar esta bellísima ciudad marítima.

Puerto y playa.

Claro, Rímini también tiene un casco antiguo, que data del Imperio Romano y período posterior (Medioevo y Renacimiento).

Por la noche, en una Europa ya decadente, mucho alcohol y baile, por lo que ellos también están: brasileños y argentinos. Como no podía ser de otra manera.

Mientras tanto lejos del bullicio nocturno, nosotros elegíamos tranquilos la cena aunque la carne vacuna no tuviera la consistencia ni el sabor de estas pampas.

El pescado con ensalada sí era una delicia.

ni, sol, playa, mar y tranquilidad. Era lo necesario, luego del periplo balcánico.

ITALIA HACE BIEN AL CORAZON: BOLONIA

Luego de vivir días difíciles en la atmósfera siempre compleja de los Balcanes, el regreso a Italia siempre es bienvenido y máxime, si como en 2016, antes de conocer Maranello, el punto de encuentro era la medieval y universitaria ciudad de Bolonia, en el centro de la Península Itálica.

Aquí, las fotos de esa formidable ciudad, con famosa stazione centrale de trenes, tristemente célebre por el terrible atentado del grupo neofacista Ordine Nuovo, el 2 de agosto de 1980.

Es paradójico que tras haber salido de un lugar de guerras de hace dos décadas, llegásemos a un estación donde había un recordatorio de otro hecho de violencia de hace 3 decenios pero lo contrastante es la vitalidad actual de la estación: desde las 4 de la madrugada y como pocas ciudades europeas, se ve a gente levantada trabajando.

El mundo del tren.

En el bar, antes de partir, suena la música de Eros Ramazzotti pero también la de la interminable dupla musical de Al Bano Carrisi y su ex esposa, la norteamericana, nunca aceptada por los italianos, Romina Power, la hija del mítico actor hollywoodense Tyrone Power. Como si en Italia, sí fuera posible, alternar la violencia con el arte o la misma magia.

TENIS DE PROMESAS: ATP DE HAMBURGO 2019

Como en Montecarlo, hacía 3 años o en Monza, 10 meses antes, casi de casualidad -o no-, llegamos al Abierto de tenis de Hamburgoy pudimos presenciarlo en vivo y en directo. Lo que era inimaginable días previos, ni siquiera lo habíamos planificado en la desordenada agenda de viaje, terminó siendo realidad, aquel miércoles 25 de julio, sobre todo, cuando merced a nuestra perseverancia, con apenas 10 euros, algo más de lo que costaría hoy ir a una popular de un mediocre partido de fútbol profesional en Argentina, gozando de la gratuidad para el varón, pudimos acceder a las instalaciones del club germánico donde se jugaba uno de los ATP más importantes del circuito anual del tenis de elite mundial, sobre polvo de ladrillo, lo cual le otorga un significado especial.

Minutos antes de entrar, sin saber lo que nos depararía el destino, yo mismo especulaba con subir al último piso del shopping que está enfrente del club para poder divisar algún partido. Una cabal demostración más de que a la realidad se la construye desde la propia intencionalidad, ayudada por la constancia personal, pero sobre todo, el deseo.

Cabe subrayar que el club se halla en el barrio acomodado de Rotherbaum, donde se destacan las casas tradicionales de dos pisos y balcones, con amplios jardines, donde se lucen autos Mercedes Benz, BMW y Porsche en sus cocheras. Ya en el interior del recinto deportivo, el público también lucía diferente al del puerto: gente de clase alta, blancos, con vestimenta sport o formal, caminando displicentemente, gozando de todo el merchandising y la comida rápida de bares y restaurantes del lugar. Es una de las pocas partes de Europa, que vimos, sin inmigrante alguno. Allí, donde todo es placer, lujo, relax, otra demostración que si uno quiere pasarla bien en este mundo, hay espacio y lugar para ello -y a un muy bajo costo-.

Yendo estrictamente al plano deportivo, pudimos ver dos partidos de dobles donde los hermanos Alexander “Sasha” (5to. del ranking mundial) y Michael “Misha” Zverev que eran favoritos y son originarios de Hamburgo mismo pero son hijos de ex tenistas rusos, perdieron ante otra pareja novata local, que tenía el favor del público. En la cancha aledaña, duelo de latinoamericanos, vi perder a los argentinos Leonardo “Yacaré” Mayer (correntino, ex campeón del torneo en 2014 y 2017, que había perdido en singles, en primera ronda contra el joven teutónico Rudolf Mollecker) y Horacio Zeballos (marplatense), contra el uruguayo Pablo Cuevas y el chileno (en franco ascenso) Nicolás Jarry. A continuación, vimos el comienzo del dobles entre los austríacos Jurgen Melzer (veterano de 38 años pero zurdo supertalentoso, que llegó a 8 del mundo en 2011) y Oliver Marach, a la postre campeones del torneo, contra el galo Benoit Paire -de gran altura- y el italiano Marco Cecchinato.



Por fin y casi de manera inesperada, pudimos entrar al court central, una cancha formidable techable, donde el austríaco Dominic Thiem (cuarto en el ranking y otrora ganador en Buenos Aires), jugaba un reñido partido que luego ganaría, contra el húngaro Martos Fucsovics. También jugaban el torneo el italiano Fabio Fognini (décimo), los argentinos Delbonis y Juan Ignacio Londero, el francés Richard Gasquet y el ruso Andrey Rublev, pero quien sería campeón, precisamente sobre el último nombrado, fue el georgiano Nikoloz Basilashvili (17 rankeado), defensor del título 2018.

Pudimos disfrutar así a pleno, la jornada tenística, viendo a quienes seguramente en los próximos años, reemplazarán a la actual guardia de campeones, Federer, Djokovic y Nadal.

Allí en Hamburgo, donde supieron ganar tantos tenistas argentinos como Guillermo Vilas en 1978, Guillermo Coria en 2003, Juan “Pico” Mónaco en 2012 y el ya citado Mayer, también pude darme cita y gozar en “modo Primer Mundo”.